Leo Zuckermann El gobierno de Estados Unidos decidió no renovar el Tratado México, Estados Unidos y Canadá de Libre Comercio (T-MEC). Continuará el diálogo con sus vecinos “para abordar las deficiencias del Acuerdo y nuestros déficits comerciales con estos países”. Mientras tanto, el Tratado “permanece vigente hasta que se resuelvan estos asuntos o hasta su terminación”. El secretario de Economía de México informó que T-MEC continuará por diez años, hasta 2036, en los que habrá revisiones anuales. El 20 de julio se dará la primera reunión con Estados Unidos para comenzar este proceso anual. Ebrard precisó que estas evaluaciones no implicarán reabrir todo el tratado, sino solo los asuntos que preocupan a una o varias de las partes. La decisión de Trump abrió un debate si esto generará incertidumbre o no para los inversionistas que quieran venir a arriesgar su dinero a México con el fin de exportar a Estados Unidos. En mi opinión, sí la generará. Los tratados comerciales precisamente sirven para dar certidumbre de las reglas bajo las cuales operan las empresas durante muchos años. Cuando una corporación decide construir una planta, desarrollar una cadena de suministro o abrir un centro de distribución, normalmente realiza inversiones que tardan entre diez y 30 años en recuperarse. Si las reglas comerciales pueden cambiar de manera unilateral, el riesgo de esa inversión aumenta considerablemente. Desde que llegó Trump por segunda vez a la Presidencia, impuso unilateralmente aranceles violatorios del T-MEC. Por fortuna para México, lo hizo también con todos los países con los que comercia dejando a nuestro país con una de las tasas arancelarias promedio más bajas, lo cual ha hecho atractivo exportar desde México. Eso explica por qué crecen las exportaciones mexicanas hacia el vecino del norte. Sin embargo, todo esto depende de la discrecionalidad de Trump. En cualquier momento puede cambiar las reglas si eso le conviene políticamente. Esa es la nueva y triste realidad. Con la decisión de no extender el T-MEC y sujetarlo a revisiones anuales se amplía dicha discrecionalidad. A ver qué se le ocurre a Trump este año y el siguiente y el siguiente… De esta forma, se reducen los incentivos para invertir en México en el largo plazo. Las industrias más afectadas son las que hacen grandes inversiones como la automotriz, aeroespacial, electrónica o farmacéutica. Para México, el primer tratado (TLCAN) y el T-MEC han sido factores determinantes para atraer inversión por el acceso preferencial al mercado estadounidense. Muchas empresas instalaron plantas en México con la confianza que les daba reglas comerciales definidas en un tratado, no en los caprichos del gobierno en turno. Eso creo yo. Sin embargo, yo no soy empresario ni de mí dependen decisiones de invertir en nuestro país. Veamos, entonces, qué dicen las principales organizaciones empresariales de Estados Unidos. El denominador común de sus posturas ha sido la preocupación por la incertidumbre que genera para la inversión y las cadenas de suministro norteamericanas. La reacción más fuerte ha sido de la industria automotriz. Los fabricantes agrupados en organizaciones como la Alliance for Automotive Innovation sostuvieron que el T-MEC ha sido un éxito e instaron a los líderes de los tres países “a alcanzar rápidamente un consenso sobre una extensión del T-MEC que preserve la alianza trilateral vigente”. La National Association of Manufacturers cree que Norteamérica debe competir como bloque frente a China. Romper la certidumbre regional reduce la competitividad industrial estadounidense ya que muchas fábricas de ese país dependen de insumos provenientes de México y Canadá. La organización ha pedido evitar una negociación que prolongue la incertidumbre. La Business Roundtable, que agrupa a los directores ejecutivos de las mayores empresas estadounidenses, se pronunció por no abandonar el tratado, sino perfeccionarlo. La U.S. Chamber of Commerce reconoce que existen aspectos susceptibles de mejora del T-MEC como energía, solución de controversias o cumplimiento de reglas. Se muestra preocupada, sin embargo, porque las revisiones deriven en un proceso largo e incierto. Eso dicen los grandes. Pero también hay empresas más chicas que han invertido en México. Los empresarios fronterizos de Laredo, Texas, han declarado que no les preocupa “las negociaciones en sí, sino la incertidumbre que generan. Planificamos nuestros negocios para los próximos cinco o diez años no para el próximo año”. La vigencia del T-MEC por diez años con revisiones anuales es una mala noticia para México. Entiendo que el gobierno de Sheinbaum quiera darle un spin positivo, pero la realidad es que Trump ha impuesto su visión proteccionista condenado a la economía mexicana a sus caprichos, por lo menos hasta que termine su mandato. X: @leozuckermann