PUNTO NEURÁLGICO | El horror

Las imágenes de la desolación de la segunda guerra mundial ya se observan a sólo seis días de inicio de la conflagración.

Luis Sigfrido Gómez Campos

No existe ninguna justificación para iniciar una guerra, toda explicación parece absurda ante los ojos de la humanidad que solo busca vivir en paz. Cualquier reacomodo geopolítico que intente realizar una redistribución de territorio es visto con sospecha de rapiña por las actuales generaciones que no alcanzan a dimensionar el significado terrorífico de una conflagración internacional en este atribulado siglo XXI.

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La madrugada del pasado jueves el presidente Vladimir Putin tomó la decisión de invadir y bombardear Ucrania, responsabiliza al régimen ucranio del derramamiento de sangre, y “advierte que van a juzgar al régimen de Kiev y desmilitarizar y desnazificar a ese país”; argumenta “que los enclaves de Donietsk y Lugansk pidieron ayuda ante agresiones” y amenazó: “Habrá respuesta demoledora contra toda nación que tenga la tentación de meterse”.

Y mientras Putin invade Ucrania lanza un mensaje al pueblo y ejército de ese país llamándolos a que depongan las armas y se vayan a su casa y les ofrece que contarán con las garantías del ejército ruso de que respetarán sus vidas si acatan este llamado, pero lanza la amenaza: “Quien intente obstruirnos o, más aún, poner en peligro a nuestro país y a nuestro pueblo, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y le llevará a tales consecuencias a las que nunca se ha enfrentado en su historia. Estamos preparados para cualquier escenario. Se han tomado todas las decisiones necesarias al respecto. Espero que se me escuche”.

Todas las respuestas a la acción bélica de Putin y a sus amenazas parecen tibias ante el embate militar y verborreico del presidente ruso, y más nos vale porque cualquier respuesta agresiva por parte de algún miembro de la comunidad internacional podría desencadenar una conflagración de dimensiones catastróficas.

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Por eso es que las respuestas de embargos y bloqueos económicos, así como el apoyo armamentístico o económico de diversas naciones al gobierno ucraniano parecen extremadamente débiles en comparación a la ofensiva militar del gobierno ruso.

“Nos dejaron solos”, dice el presidente de Ucrania, mientras el presidente norteamericano declara: “Putin eligió la guerra y pagará”, pero matiza: EU no realizará ofensiva militar, pero defenderá a sus aliados.

Por su parte el Presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó este domingo poner en alerta máxima a las fuerzas de disuasión nuclear de su ejército. La escalada agresiva de mandatario belicista parece no tener límites. Resulta inevitable que nos venga a la memoria el recuerdo de Adolfo Hitler que inició la segunda guerra mundial con una escalada gradual de agresiones que culminó en la segunda guerra mundial.

La guerra iniciada por Putin conlleva innumerables consecuencias para la estabilidad económica internacional, de manera inmediata los mercados internacionales se cimbraron y las monedas de los países emergentes resintieron sus efectos frente al dólar que se fortalece en la crisis global. Los precios del petróleo y el acero subieron de precio. Las consecuencias económicas de una recesión de guerra se harán sentir en los países más necesitados de continuar esta grave crisis.

Pero las consecuencias más graves de una guerra sin duda se darán en el lado humano. Las imágenes de la desolación de la segunda guerra mundial ya se observan a sólo seis días de inicio de la conflagración. Tal parece que la humanidad poco ha aprendido de las últimas guerras que solamente han dejado tristeza y desamparo en los pueblos del mundo.

Todas las guerras son insensatas y se anuncian con justificaciones estúpidas por parte de los líderes que las inician. Ucrania es un país relativamente joven y si bien fue parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hace poco más de treinta años, se trata de una nación independiente y soberana que merece crecer y desarrollarse sin interferencia de las grandes potencias que, a la hora que se les ocurre, se sienten con derecho a intervenir en la vida interna de los países sin importar el cúmulo de muerte que siembren a su paso.

 Y si reparamos en la pusilánime defensa verbal de bloqueo y apoyo al gobierno de Ucrania por parte del gobierno de los Estados Unidos y las grandes potencias europeas, se hace más que evidente que los países grandes se tienen repartido el mundo en bloques de interés, en los cuales las naciones pequeñas poco importan.

La guerra, por cualquiera de los ángulos que se le quiera ver, no deja más que miseria y desolación. Solamente las grandes compañías armamentistas instauradas en los territorios de las grandes potencias, son las que ganan en una situación de conflicto.

La guerra es el peor invento de la estupidez humana, por eso no se justifica que la observemos con indolencia, o peor, con trivialidad y humor simplón. A la guerra se le debe temer. Ante esto, cobra una especial dimensión esa vieja canción de Mercedes Sosa que intituló “Sólo le pido a Dios” que dice: “Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. A la guerra hay que temerle.

luissigfrido@hotmail.com