PUNTO NEURÁLGICO: La legitimidad, AMLO y Cristóbal

Un gobierno impuesto en contra de la voluntad de las mayorías es ilegítimo y, por lo tanto, no cuenta con el respaldo del pueblo en la toma de sus decisiones.

Luis Sigfrido Gómez Campos

Cuando escuchamos o leemos que “Todo poder dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”, pudiera parecernos sólo una frase hueca establecida en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para justificar los actos de los gobiernos electos en nuestro sistema de democracia representativa que consagra el artículo 39 de la Carta Magna.

Si nos remontamos al año de 1976, cuando se realizaron las elecciones para elegir Presidente de la República, en la época identificada en términos historiográficos como “del partido único de estado”, cuando fue electo por la mayoría absoluta del voto de los mexicanos el licenciado José López Portillo, podemos recordar que contendió en unas elecciones presidenciales en contra nadie, sí, aunque parezca absurdo así fue, él apareció en las boletas electorales solito, como candidato de los Partidos Revolucionario Institucional PRI; Partido Popular Socialista PPS; y Partido Auténtico de la Revolución Mexicana PARM. Ese presidente, aunque no se haya dicho, o difundido suficientemente, careció de un alto grado de legitimidad.

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Lo anterior pudiera parecer a muchos, en términos de gobernabilidad, poco importante, pero, a quienes nos interesa, como debiera interesarnos a todos, la política teórica, es un asunto de suma relevancia porque nos remite al substrato del poder.

Considerar que todo poder proviene del pueblo es colocarnos en una posición ideológica progresista que concibe al Estado como un ente que representa los intereses de todo el conglomerado social; al Estado, como una entidad plural con intereses diversos, política, étnica, ideológica y económicamente.

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Los gobiernos que no son elegidos por la mayoría de su pueblo simplemente carecen de legitimidad porque no cuentan con el consenso, la aceptación ya gustosa o cuando menos aprobación resignada de los gobernados.

Un gobierno impuesto en contra de la voluntad de las mayorías es ilegítimo y, por lo tanto, no cuenta con el respaldo del pueblo en la toma de sus decisiones. En la mayoría de estos casos, simplemente se trata de gobiernos de facto que se imponen porque cuentan con el apoyo de las fuerzas armadas.

Un gobierno que es respaldado por la mayoría de su pueblo en la toma de sus decisiones, es un gobierno fuerte, por eso los políticos buscan no sólo ganar las elecciones, sino ganarlas mayoritariamente.

Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de México con el respaldo de 30 millones de electores; una tercera parte de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral y más del doble de los que acudieron a las urnas. Por eso podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el presidente López Obrador goza del respaldo mayoritario del pueblo, lo que le da un nivel de legitimidad que ya quisieran tener otros líderes políticos.

Lo anterior no quiere decir que no cuente con oposición. De hecho, el presidente López Obrador cuenta con una oposición muy vigorosa debido, entre otras cosas, a que ha pretendido gobernar derribando los viejos esquemas en los que se sustentaba la clase política del llamado neoliberalismo muy a la mexicana.

Declarar abiertamente que en su gobierno tienen prioridad los pobres sobre todos los proyectos, todos, no lo hace muy popular entre las élites acostumbradas a disfrutar de ciertas consideraciones. Pero cuando se agrega a su discurso, “por el bien de todos”, es algo que deberíamos comprender, porque la historia no da segundas oportunidades.

En fin, nuestro presidente, aunque algunos lo pongan en duda, goza de una gran legitimidad que le otorga el apoyo del “populus”. Es más, Joe Biden, el virtual presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, ya quisiera contar con el consenso que tiene AMLO. Esto, no está sujeto a discusión, las estadísticas lo dicen.

En el proceso electoral de 2021 en el que se elegirán, entre otros cargos de elección popular, 15 gubernaturas, por lo menos siete, por asuntos de paridad de género, tendrán que ser mujeres, ya lo dijo el Instituto Nacional Electoral INE.

Michoacán se encuentra dentro de los Estados en los que se elegirá gobernador. El Senador Cristobal Arias Solís lleva varios meses encabezando las encuestas que se realizan a la población michoacana. Hay quien especula que el legislador originario de Churumuco puede ser desplazado por alguna mujer que, aunque no sea prestigiada, ni goce del arraigo popular que tiene el Senador Arias Solís, sea designada por asuntos de género.

Me considero un racional defensor de los derechos de las mujeres, y pienso que históricamente han sido injustamente tratadas, pero me parece absurdo que el Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, pudiera estar pensando en una mujer para contender por la gubernatura de Michoacán.

No se trata de un asunto de misoginia. Es un asunto de racionalidad política en el que se tienen que valorar los espacios políticos y llevar a las contiendas electorales a las mujeres más valiosas y a los hombres más prestigiados y competitivos.

Y más allá del simple triunfo electoral, se trata de que cuenten con el respaldo del pueblo para que gobiernen con el amplio consenso de las mayorías, con legitimidad, pues, como solamente lo podría hacer Cristóbal Arias Solís.

luissigfrido@hotmail.com