El relativismo moral y el fin trágico

Todas las promesas de campaña: acabar con la corrupción, el déficit presupuestario… no se cumplieron.

MATEO CALVILLO PAZ

Todo es líquido, diría Sigmund Bautman, los seres humanos, con mucha frecuencia no tienen palabra, son volubles y engañosos.

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No tienen conciencia moral ni respetan ningún derecho: el divino, el natural, el positivo con los grandes legislaciones y tratados éticos de la historia. Su palabra está hueca. Cuando dicen “honestida valiente”, usa frase bonita sin contenido.

Los conductores del país vociferaron contra el ejército en las calles cuando eran oposición e hicieron garras a Calderóny ahora los ponen en los puestos claves de la interacción social, les dan privilegios y los condecoran. Consagran la militarización, como la condecoración ridícula del Gral. Cienfuegos y la amenaza de la dictadura, el autoritarismo. Fínate con quiénes se juntan, los dictadores de Cuba, Venezuela, Nicaragua.

Sólo falta que pongan en nuestras avenidas los espectaculares de Hitler, Stalin, de los más grandes dictadores de la historia y que se impongan nuevas leyes y se deforme la Constitución para que no impere la justicia y el derecho sino la conveniencia de los que tienen el poder y los valores volátiles del poderoso de Palacio y de sus fanáticos e incondicionales.

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Todas las promesas de campaña: acabar con la corrupción, el déficit presupuestario… no se cumplieron. Aquella TRANSFORMACIÓN, un México sin corrupción fueron un engaño y ahora generan honda frustración y le quitan a mucha gente la ilusión y muchos no volverán a creer en los candidatos, es relatisvismo. En la política mexicana todo es relativismo.

En las campañas políticas, interminables en México todo es relativismo, relativo a AM, hasta el nombre del “presidente espurio” en la gran boca de Claudia y el olvido del “presidente legítimo”, que es anticonstitucional porque en México es sufragio efectivo, se contó “voto por voto, casilla por casilla”, como el que llevó a la presidencia a Calderón y no reelección como la AM que tomó posesión como “presidente legítimo”-

Todo es relativismo, menos las mañas de los políticos que, año tras año caen en lo mismo como lo estamos viendo en el presupuesto de este último año del sexenio, pero todavía va a proclamar en la mañera: “ya no es como antes” y “no somos iguales”. Ya sabemos lo que quiere decir porque todo es relativo.

¿Cómo podemos reaccionar y tomar nuestra distancia? Ser personas que no se cree de la clase política y se deja arrastrar por tantos meloricos y charlatanes que andan en nuestras plazas y calles.

No podemos soltar la verdad. Hay una fórmula simple para lograrlo: apoyarse en el Maestro, que vino para dar testimonio de la verdad. El afirmó: “Yo soy el camino, la verdad… Y fue de frente hasta ser sacrificado y derramar su sangre en manos de la clase política, corrupta que gobernaba al pueblo.

La Luz de lo alto

La civilización se desintegra, acaban con los valores que son fundamento de la vida del individuo y de la sociedad. El relativismo moral es lo mismo que arenas movedizas, donde nada se sostiene y todo se hunde en el fango.

Se abandona la lógica de la civilización occidental de los grandes sabios y filósofos como Aristóteles. A la lógica se las reemplaza por el capricho y los deseos e imaginaciones de quienes detentan el poder.

Sin los valores trascendentes y universales, sin los principios en que se convierte la convivencia social y la marcha de los pueblos en su búsqueda de la patria ideal de la perfección, de la plenitud y del imperio de los valores universales.

Todo es relativo, es decir inestable, fluido, sin rumbo. El desenlace lógico es el caos y la lucha de contrarios, la confusión, muerte.

Los noticieros dan cuenta de los magnates y poderosos prepotentes y autoritarios y con poca capacidad lógica que han desnaturalizado el concepto de Dios, de patria con sus conquistas e instituciones democráticas.

“Y no me vengan con eso de que la ley es la ley”. En lenguaje directo quiere decir: para mí la ley no vale nada, para mí lo que cuenta es mi capricho. “ Y mi palabra es la ley”, pobre universo y pobre sociedad mexicana gobernada por una palabra sin sabiduría ni consistencia, que es el vacío, oportunismo, el desorden y el caos.

El criterio no es la verdad sino la conveniencia y el oportunismo. No estamos en un cosmos, en un universo ordenado y armonioso como lo puso el Creador confiado a los hombres, estamos en un mundo sin dirección, como un auto sin volante, con un conductor que no piensa ni tiene bases ni señalamientos seguros e inconmovibles para llegar a la meta definitva.

Que no nos vengan con el garlito de que de la mente y la palabra del gobernante, que se convierte en un demiurgo, en un ser sobrenatural, en un Lucifer viene el avance seguro en el progreso, hacia la paz donde todos los mexicanos realizan su sueño de orden y estado de derecho, de perfección y plenitud, de felicidad en la patria ideal.

El ser humano, del más humilde mexicano hasta el primer mandatario es un ser con inteligencia y libertad, capaz de todo, realizar sus sueños, pero es un ser que se equivoca y que peca y que crea el caos y el infierno.