Intento de un elogio a Josefina Gil Arroyo

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ El encomio que se pretende hacer a la persona cuyo nombre forma parte del título de este breve artículo periodístico tiene diversas motivaciones y facetas. En primer término, se exaltan sus virtudes como mujer admirable que supo cumplir las responsabilidades a su cargo. Fue una de las protagonistas del cambio indispensable …

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ

El encomio que se pretende hacer a la persona cuyo nombre forma parte del título de este breve artículo periodístico tiene diversas motivaciones y facetas. En primer término, se exaltan sus virtudes como mujer admirable que supo cumplir las responsabilidades a su cargo. Fue una de las protagonistas del cambio indispensable que abrió otros horizontes para las representantes del sexo femenino, pues durante las primeras seis décadas del siglo pasado no era bien visto por la sociedad el que una mujer asumiera funciones diferentes a las actividades propias del hogar, todas estaban llamadas para ser madres y dedicarse a las labores domésticas.

Josefina rompió ese estrecho círculo, accedió al trabajo como empresaria en la Papelería Madero, propiedad de sus padres, don Antonio Gil Cardona y doña María del Pilar Arroyo Ortiz, quienes fundaron el mencionado establecimiento comercial el año de 1962. Esto que se ha expresado en dos o tres frases requirió mucho esfuerzo, acciones diversas a partir de las ideas, continuar con los objetos y tener el personal adecuado, imprimiéndole al conjunto de la administración un sello propio que se tendría que traducir en atención esmerada a la clientela, pues de no hacerlo así el fracaso hubiese sido inevitable, es decir, la bancarrota.

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Pero su presencia logró mantener y acrecentar el negocio. Aun cuando Josefina no fue solamente eso, sino que también vivió intensamente su realidad. Fue madre amorosa de dos niñas (María del Pilar y Gabriela), a las que convirtió en personas muy positivas y útiles a la sociedad. Habiendo nacido en Morelia, sintió por esta ciudad una pasión infinita, que propició su gran interés en el pasado de la urbe y conoció directamente a las principales familias morelianas, con las cuales mantuvo relaciones de amistad durante mucho tiempo. Su profunda fe religiosa dentro de la Iglesia Católica la llevó a conocer a los más altos prelados de esta institución. Casi no hubo templo que no conociera, pero no solamente la excepcional arquitectura, sino las imágenes y reliquias sagradas existentes en cada una de ellas.  En una conversación dio a conocer algunos aspectos poco conocidos, a los cuales los morelianos no prestamos la atención necesaria. Por ejemplo, que en el Sagrario de  la catedral de Morelia existen numerosas reliquias de gran valor  universal… que el único templo donde existía una gran pintura del siglo XVII dedicada a San Judas Tadeo fue el templo de San Juan, pero que hubo un incendio y allí desapareció para siempre la imagen de ese personaje tan milagroso, al decir de la gente… que la torre del templo de Las Monjas remata con la imagen de un santo, (al parecer se trata de San Agustín de Hipona, por la mitra que lleva en la cabeza).

Según sus propias palabras, en los múltiples viajes que realizó a muchísimas ciudades del mundo nunca vio nada semejante. A propósito de esto último, Josefina tuvo ocasión de estar en los cinco continentes. En Europa estuvo por lo menos diez o quince veces, recorrió las calles de las ciudades a pié, porque solo así se conoce a los habitantes  de cada ciudad o país; también recorrió gran parte del Continente Americano, desde Alaska hasta La Patagonia. Visitó muchos museos, iglesias, teatros, plazas; disfrutó de las delicias gastronómicas de diferentes regiones y aprendió muchos de los secretos de la cocina internacional. Amaba lo extranjero, pero nunca se olvidó de su adorada Morelia, que ponderaba como una de las urbes más hermosas del mundo. Fue una mujer audaz, que supo vivir, tenía tal carácter que se atrevía a conducir su camioneta hasta los Estados Unidos y se desplazaba en su vehículo por San Antonio, Houston, Las Vegas, Los Ángeles, etc.

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Como auténtica moreliana, apreciaba las bellezas arquitectónicas de Morelia, la recorrió de día y de noche en el buen sentido de la palabra, pues frecuentemente iba a disfrutar del encendido de la Catedral, más aún cuando tenía lugar algún concierto, porque también le gustó mucho la música, no solo  la clásica, sino toda la música, aun cuando tuvo especial predilección por la música popular mexicana, y admiraba a los grandes compositores como Agustín Lara, Tata Nacho, Jesús “Chucho” Monge, Consuelito Velázquez, María Grever, etc.

Su alegría de vivir era tan grande que contagiaba a quienes la rodeaban, era muy franca, de espíritu abierto y una visión amplia de la existencia. Abría las puertas de su casa a sus amistades, a quienes atendía con especial esmero, proporcionándoles bebidas selectas y platillos muy exquisitos.

Al decir de algunos pensadores, la vida humana tiene tres dimensiones: espacial, temporal y espiritual. La primera, como resulta obvio, se refiere al lugar o lugares en los cuales transcurre la existencia; la segunda alude a la hora, el día, mes y año del nacimiento, además del tiempo entre la llegada a este mundo y la partida del mismo, es decir, el día del fallecimiento; el tercer aspecto, tal vez el más importante, guarda una intima relación con la conciencia, los estudios, el trabajo, la participación en la vida social, etc.  En el plano espacial, la vida de Josefina tuvo diversos escenarios, siendo Morelia su lugar de residencia, pero todo el mundo fue siempre su infatigable objetivo en cuanto a viajes; la temporalidad suya fue más o menos amplia, pues vivió alrededor de setenta y siete años; y en el aspecto espiritual, tuvo oportunidad de cultivarse desde el jardín de niños en las principales instituciones educativas que, bajo el patrocinio de algunas órdenes religiosas, funcionan en esta ciudad. Tuvo también ocasión de vivir durante tres años en la ciudad de México, y pudo asistir a teatros, cines, plazas de toros, ir de paseo a Chapultepec, Xochimilco, entre otros, etc.

Desde muy joven se interesó por la educación física y todavía hace algunos meses acudía al Club Britania a nadar, actividad que le agradaba sobremanera. Tenía muy buena condición física.

Como mujer se realizó plenamente, pues hubo diferentes áreas en las que incursionó con emoción y gran interés.

Tenía una sorprendente facilidad para las relaciones humanas, le agradaba conversar sobre temas diversos. Conocía la historia de Morelia, era una verdadera cronista de la ciudad, ya que le atraían  las casas, pero principalmente se adentró en el trato con las principales familias morelianas, con las cuales cultivó relaciones muy positivas.

Su actuación nos recuerda la obra del escritor y poeta Manuel López Pérez, intitulada “La mujer en el drama del mundo” (1943), la cual contiene frases muy sugestivas como las siguientes: “El testimonio de Walter Scott es en el sentido de que la mujer protege, enseña y guía al hombre y no éste quien protege, instruye o guía a su amada. Dante, en el canto de amor que dirige a su amada muerta, prueba que “ella”, es su maestra, y en su ascensión al paraíso lo va conduciendo de estrella en estrella.” “El hombre es cerebro ambicioso, la mujer es corazón piadoso y mano consoladora.” “No hay hombre que no deba su formación espiritual, su dinámica de acción, a una mujer.”

También dice: “Si todo corazón femenino, según los poetas, lleva en su fondo a un niño dormido, sólo las madres saben despertarlo a la vida del deber, de la virtud, del heroísmo, de la santidad. Solamente la madre es modeladora, solo ella es ejemplo, solo ella es dulce mandato, suave molde para  la conducta del buen ciudadano.”

López Pérez cita a Severo Catalina, quien da algunos conceptos relacionados con la mujer. Se reproducen algunos de ellos. “La Constancia. En la mujer se constata por la ausencia; si ésta es larga, no la resiste. El Amor. La mujer que más blasona de ser invulnerable al amor, es como el niño que canta de miedo. Que la mujer ame mucho y escriba poco, de tarde en tarde. Matrimonio. El matrimonio es de todas las cosas serias la más divertida. Los extravíos.- La Moda. La Virtud es la única moda que no ha de envejecer.  La Curiosidad. La Historia de la curiosidad es la Historia de la Mujer. La Frivolidad. Los hombres meditan muchas veces frívolamente y hablan con la mayor gravedad; las mujeres meditan gravemente y hablan con la frivolidad más insigne. Pobreza. Nuestros abuelos: ¿es honrada? –Nuestros padres: ¿es hermosa? –Nuestros jóvenes: ¿es rica? (Filosofía del siglo). Profesión de Fe y Hermana de la Caridad. (Las mujeres). Penetran en el alcázar de la castidad, de la pobreza y de la oración. Viven en todos los países donde hay lágrimas que enjugar y males que compartir. No hay en la tierra premio para sus beneficios, ni corona para su heroísmo. La Maternidad. El ser que vilipendiáis ha dado vida a vuestros héroes y a vuestros sabios. Recordad que habéis tenido madre o la tenéis todavía. Los que al nombre de madre o a su memoria no sintáis latir de entusiasmo el corazón, alejad, apartaos. Educación. Da orgullo o modestia. El orgullo, por la belleza, es tiranía de poca duración (Sócrates); engaño mudo (Teofrasto); un mal hermosísimo (Teócrito). Orgullo, por la nobleza, es vanidad, porque la nobleza debe ser virtud. Amor (definiciones).No sé cómo nace, no sé dónde. En el hombre, un episodio, en la mujer una vida. Los amantes separados tienen, a la vez, amor y esperanza.  Libertad. La mujer adquiere, cuando se casa, la libertad que el hombre pierde. Llanto. La Mujer, contra lo que se cree, siempre llora, porque nadie llora sin llorar. Alegría.  Triunfo de los sentidos sobre el corazón. Arte. El sentido del Arte es distinto para la Mujer y para el Hombre. Este canta para dormirla y poder engañarla. Ella para hacerle dulce el sueño. Hay una gran diferencia entre el Arte ordinario y el arte escénico para la Mujer, porque su conducta tradicional sufre al adaptarse a la técnica. Amistad. Si la amistad es un matrimonio de las almas, el amor es el alma del matrimonio. Modestia. Debe entenderse como Humanidad, Claridad, Justicia.”

Al margen de estas ideas, doña Josefina fue una mujer de muchas virtudes intelectuales y humanas. No se debe pensar que se es intelectual solamente porque se obtienen grados académicos, sino esa condición se trae o se adquiere al resolver los problemas de la vida, porque no existe ningún concepto de inteligencia que no tenga en cuenta la capacidad para enfrentarse con éxito a la problemática propia del ser humano. Y sobre las virtudes, ella poseyó la más importante: la prudencia, la discreción, que, según el gran filósofo Baltasar Gracián, es la más excelsa de todas las virtudes.

Desgraciadamente, doña Josefina Gil Arroyo dejó de existir el martes 29 de enero del año en curso, pero al partir ha dejado la herencia de su buen nombre, la fuerza de su ejemplo de trabajo honesto y la intrepidez para resolver las situaciones difíciles propias de nuestra vida.

Vaya nuestra solidaridad para sus hermanos Alicia, Aurora, Antonio, Susana, José Luis, Tere y Juan Carlos.

Ojalá sirvan estas anotaciones como un modesto homenaje a la mujer que supo ser madre, empresaria, buena amiga, hermana, hija, al ser humano inolvidable que nos convoca cada momento a ser mejores, por encima de los estrechos círculos en los cuales se debaten aquellos que tienen espíritus débiles.

A lo lejos… silencio… inmensa soledad… tu ausencia. ¡Cuán cerca está la vida de la muerte! Pero, ¿qué estoy pensando, si tú no has partido? Sigues aquí entre nosotros, no solo en el recuerdo… eres presencia: tus hijas son la luz  por ti encendida, que habrá de perdurar como impulso de amor, la vida misma que se refleja en la mirada limpia de tus nietos, donde ha quedado grabada para siempre la imagen de tu rostro que seguirá en tus bisnietos y  permanecerá para siempre.