Inicia el año ocho de la revolución…

El país se ha convulsionado en el sentido positivo con la llegada de una mujer a la presidencia, pero sobre todo porque no se trata de que una mujer sea presidenta.

Rafael Alfaro Izarraraz

Contra todos los pronósticos de fuerzas adversas a la revolución pacífica obradorista inicia en 2026 el año ocho de la revolución. Las expectativas pintan bien para la revolución de las conciencias, aunque por tratarse de un acontecimiento de carácter revolucionario siempre se debe estar atento a las amenazas que tratarán de descarrilar su dinámica. Esta es una revolución que se llevó a cabo en las urnas y en 2018 el pueblo eligió el camino de la transformación pacífica. Es difícil para el pensamiento revolucionario formado en los esquemas del siglo XX comprender que una revolución y aún más en los tiempos que vivimos, del fin del modelo cultural occidental, tiene tantos caminos como tanta sea la imaginación misma de los pueblos para crearlas a su modo.

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El país se ha convulsionado en el sentido positivo con la llegada de una mujer a la presidencia, pero sobre todo porque no se trata de que una mujer sea presidenta. En otros países ha ocurrido lo mismo, incluido Latinoamérica y Centroamérica y no ha pasado nada, salvo en Honduras creo que habrá una huella femenina en la cultura de esa nación. En México, la presidencia de Sheinbaum ha cimbrado al país de manera positiva y se han diseñado estrategias para que el ascenso de una mujer al poder no se banalice. Se han abierto las puertas a las nuevas generaciones de mujeres que ahora tendrán la experiencia no únicamente en términos religiosos de la bondad de las figuras religiosas como la Virgen de Guadalupe, sino también en la vida diaria con efectos directos en sus vidas.

México es una potencia media industrial porque ha sabido aprovechar su ubicación geoestratégica. Las industrias que dejan algún país de Asia y no quieren ir a EU por los elevados salarios se instalan en México. No son un alud, pero es importante el flujo industrial. La industria China y de otras naciones de Asia ven con buenos ojos el ubicarse en México que es un buen mercado, así como Latinoamérica y el Caribe y el mismo mercado estadounidense. México está renovando su estructura de movilidad: trenes, aeropuertos, puertos, conexión del Pacífico con el Atlátnico, tecnología satelital, Inteligencia Artificial, inversión en automóviles eléctricos, redes propias, etcétera. México juega sus cartas y la puesta en práctica de impuestos a productos con los que no se tiene tratado, como China, pues es un mensaje: no exporten mejor inviertan.

El gobierno de Claudia Sheinbaum que ha logrado culminar la reforma judicial que era una de los tantos pendientes que había dejado López Obrador. Por fin, el Poder Judicial ha dejado de ser el arma de las oligarquías que a través de encontrarle dobleces a la constitución de 1910-1920 logró inclinar la aplicación de las leyes a su favor por un poco más de cien años. Este cambio logrará que el gobierno deje de encontrar obstáculos a su paso en la aplicación de las políticas populares cuya práctica era obstaculizada por jueces venales. Esa reforma consolidará el poder del Estado popular que se ha venido creando en los últimos siete años de revolución y décadas de lucha.

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El poder Legislativo trabaja ahora con la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados y Senadores a favor de los derechos del pueblo. Ya no es un cuerpo de legisladores que esperan la próxima reforma para cobrar el voto en sesiones organizadas para responder a los intereses de la oligarquía política y económica que gobernaba el país. Se ha recuperado el legítimo interés de los pobres que hicieron una revolución con el fin de que se gobernara en función de sus intereses y para ello llevaron a cabo una revolución: la Revolución de las Conciencias. Se le ha colocado un dique al sufrimiento creando nuevas leyes que favorecen el bienestar del pueblo mexicano.

La revolución ha despertado simpatías en el mundo y ha sido bien vista por pueblos y gobiernos latinoamericanos y de otros continentes. Tiene la característica de no ser una revolución exportable como ocurría con las revoluciones de corte socialista pero igualmente preserva los rasgos de una revolución comprometida con el pueblo mexicano, solidaria con el mundo de los pobres y las naciones a las que se les intenta someter por la fuerza al dominio de países que operan fuera de sus fronteras y las toma como si se tratara de las propias, como ocurre con EU.

El no ser una revolución exportable le ha dado estabilidad interna y la posibilidad de concentrarse en sus propias tareas que no son únicamente locales, por supuesto.

Le fortalece también el hecho de que no es una revolución marcada por dirigirse de manera clasista como en las revoluciones socialistas del pasado sino como una revolución que coloca al pueblo en el centro. El Estado se ha consolidado como un Estado del pueblo. Esto importante porque existen en la actualidad otras experiencias en Asia como el Estado Chino y Ruso cuyas características también han dejado de ser exportables como ocurría con ambas naciones en el pasado.

Las fuerzas pro-socialistas y comunistas que se creaban como réplicas de aquellos Estados han dejado de proyectarse sobre suelo mexicano como en el pasado. Ahora, las presiones vienen de EU que quiere gobiernos tipo Milei y lo que ocurre en México es, con respecto al gobierno argentino, como el agua y el aceite.

Es una revolución que ha modificado la distribución de la riqueza mediante reformas a la constitución que ha incorporado a su texto los derechos sociales de los mexicanos que se le habían arrebatado en 36 años de gobiernos neoliberales. Los derechos sociales de los mexicanos han regresado por la vía constitucional y han dejado de ser bienes sociales que se utilizaban para manipular la conciencia de los mexicanos.

La pobreza no deja de ser todavía un enorme problema de México, todavía es lacerante para algunos segmentos de la población y todavía son la mayoría. Lo importante es que el gobierno sigue en su estrategia de mejorar la distribución de la riqueza sin necesidad de tomar medidas como el gravar a las grandes fortunas, que son medidas que se han tomado naciones ricas.

Como una revolución sensible al principal problema que vive el país que es la violencia asociada con el narcotráfico se ha diseñado una estrategia orientada a poner fin por la vía centrada en atacar las causas como es la pobreza y combatir a los grupos generadores de violencia.

El punto es que la política estadounidense que coloca a la narcoviolencia como parte del aparato y la estructura industrial militar de EU también debe contemplarse como parte de un poder colonial. Esto último es lo que está en el fondo de la guerra del narcotráfico: la venta de armas de parte de EU que son los responsables de armar a grupos criminales. Si este aspecto no se profundiza estamos condenados a sufrir el ejercicio del narcoimperio.

Internamente, el tema del narcotráfico y los jóvenes habrá que visualizarse. Me dejaron helado las palabras de Harfuch, secretario de Seguridad expresadas en un programa de Los Periodistas. Según una opinión expresada por él y su percepción, los jóvenes si bien es cierto que existe de parte del narcotráfico estrategias para cooptarlos al crimen, una pare de los que han ingresado a las filas de los grupos criminales son jóvenes que se incorporan a esos grupos por su voluntad.

Es verdad que existe toda una narcocultura promovida desde Hollywood, Netflix y reproducida por los medios tradicionales locales. Hará falta una microrevolución de las conciencias dirigida a los jóvenes desde que nacen hasta su adultez.