Saúl Juárez Para Mariana Juárez Que mi hija mire el océano mientras escribo con este bolígrafo mordisqueado. Que tenga deseos diferentes a los de este viejo que quiso ser escritor. Ojalá descubra las regiones que prosperan en el cuadrante de la imaginación. Caminar por ciudades ignoradas suele provocar efectos sedantes. De algo pueden servir estas letras, hormigas que trajinan en la hoja, amontonadas y negras. Con ellas le quiero decir a mi hija que ahora puedo brindarle entereza si se sienta caída. La puedo ayudar a sembrar un árbol de durazno tan pródigo como la utopía. Aunque mi intención es señalar el camino y nada más. Que Mariana se acuerde de cuando miraba asombrada el eclipse en la playa. Que sepa que en en estas hojas las letras forman una rama de laurel, una piña de pino y un trébol cuando levanto la vista para mirar la cordillera. La palabra perdón se subraya sola, ella sabrá pedirlo y otorgarlo. Que sea la mujer más contenta cuando una catarina baje por su brazo. Ella hará lo necesario para que los deseos se cumplan. Bien comprende que lo primero es emocionarse con la vida y que la libertad se conquista, casi siempre consiste en poder elegir. Ya vuelan las palabras de mi escrito, las llevan esas gaviotas pintas que mi hija veía con ojos infantiles, también van las garzas, las entregarán a las aves migrantes No es mucho pedir que mi hija lea el mensaje, aunque se terminó la tinta del bolígrafo, por tanto se acabaron los deseos, siempre pasajeros. Con los que escribí es suficiente. Bastará con que le entusiasme la lluvia, el aire que sopla del sur y las casas con balcones. Lo que quiero es que Mariana sepa que nunca estaré lejos de ella.