En tiempos de crisis, el narco ha “jugado” desde siempre al altruismo en México

Algunos cárteles reparten despensas en plena pandemia, poniendo en evidencia los vacíos del Estado en muchas regiones del país

Imagen: Enrique Santiago, La Voz de Michoacán.

Jorge Ávila / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Frente a las consecuencias de la pandemia del COVID-19, como el desabasto de algunos insumos, el encarecimiento de la canasta básica y la imposibilidad para hacer compras con normalidad, distintas organizaciones delictivas y personajes relacionados con el crimen organizado han emprendido campañas de altruismo, desde Los Viagras en Michoacán hasta Alejandrina Guzmán en Guadalajara.

Ni cómo decir que no

Las montañas de cajas con productos de la canasta básica, como aceite, frijol, pastas y arroz, fueron recibidas con sonrisas, ya que a los pobladores beneficiarios del estado de Tamaulipas no les importó que las despensas fueran enviadas por el Cártel del Golfo, que junto con Los Zetas ha sembrado el terror en prácticamente todo el estado.

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Así lo demuestran las imágenes que circulan en las redes sociales y en las que presuntos sicarios entregan despensas en barrios pobres. “Cartel del Golfo, en apoyo a Ciudad Victoria", rezan los letreros que identifican cada caja. Nadie las rechaza, aunque en esta y otras zonas del país la gente sabe que a estas personas no se les debe desairar.

Por su parte, Los Viagras, aprovechando la crisis por coronavirus, repartieron decenas de despensas a los pobladores de la comunidad de Acahuato, municipio de Apatzingán.

Un video revelado por Breitbart News muestra a hombres armados en una camioneta pick up con la batea llena de despensas.

La grabación registra alrededor de 300 pobladores de la región recibir los insumos por parte del Señor de la Virgen. “De la mera gente de la Virgen les vienen a regalar una despensa a cada uno. Son los que mandan aquí”, dice uno de los sujetos.

En Apatzingán y otros municipios de Tierra Caliente todos los días suceden robos de tráileres que transportan abarrotes hasta alimentos del campo. En Buenavista, por ejemplo, los comerciantes y productores del campo son obligados a comprar a la delincuencia el producto de sus robos.


Pero la práctica no es nueva, ya que en 2013, esta organización ya había repartido alimentos no perecederos a los damnificados del huracán Ingrid. También fue en Tamaulipas, ya que el estado forma parte del territorio bajo su control. De hecho, a la par de Los Zetas, ha habido fines de año en que han convocado a los ciudadanos para entregarles regalos navideños en lugares públicos, desde comida hasta aparatos electrodomésticos.

Emulando a Robin Hood, nada nuevo

En México, históricamente, los narcos encontraron en la emulación a Robin Hood, el héroe de ficción que robaba a los ricos para darles a los pobres, una manera de promover la romantización de sus crímenes, de que sus beneficiarios olvidaran los asesinatos, las masacres, las desapariciones, los secuestros, las torturas. Que se olvidaran de las víctimas.

De hecho, entre los narcos es común el culto a Malverde y a Pancho Villa, el primero, como un bandolero que repartía su botín entre los pobres, y Pancho Villa, por haber sido el único mexicano en internarse a Estados Unidos en lo que se ha interpretado en la creencia popular como un intento de invasión.


Esta práctica se remonta a los años 80 en Michoacán, cuando el capo local Tito Chávez tenía a su servicio a un joven sicario de nombre Rogelio Reyes, originario de Numarán, a donde solía ir de vez en cuando, y cuando así era, dejaba en la puerta de las casas de amigos y familiares fajos de billetes o cajas de aguacates o demás frutos.

Pero al paso del tiempo, y mientras su poder e influencia aumentaban (era el responsable del paso de la marihuana del Cártel de Guadalajara por el Bajío michoacano), las dádivas ya eran de costales de semillas o tractores para agricultores de la región. Pero mientras aumentaban los regalos a los pobladores, en la región de La Piedad se incrementaban los secuestros, y esa actividad le permitía seguir otorgando apoyos a quienes lo veían como un benefactor. Al final murió fusilado por una guardia blanca reclutada por empresarios del Bajío hartos de sus tropelías, en 1982.

Según J. Jesús Lemus en su libro “Tierra sin Dios”, los narcotraficantes participaron activamente en obras de impacto social mediante los Comités de Participación Ciudadana implementados por el gobierno estatal de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que daba entrada a recursos privados e injerencia de particulares en la edificación de obras.

Más al norte de México, Ismael “El Mayo” Zambada, señalado como actual líder del Cártel de Sinaloa, solía repartir cartones de cerveza y dinero en efectivo en las navidades en El Álamo, su pueblo natal ubicado en Sinaloa. También son persistentes los testimonios de su ayuda a campesinos para que siembren productos legales con los que puedan mantenerse. Además, patrocinó la fundación de la estancia infantil Niño Feliz, una guardería que usan familias pobres o madres solteras. Para el gobierno de Estados Unidos es una fachada que permite el lavado de dinero. Para las mujeres que dejan ahí a sus hijos es un alivio.

De vuelta en Michoacán, en 2013 Televisa difundió videos en los que se ve a Servando Gómez, La Tuta, exlíder de Los Caballeros Templarios, con fajos de billetes en la mano que reparte a la gente que se le acerca, se ríe con él, lo abraza o le pide favores: 600 pesos a mujeres con niños en los brazos, 200 pesos a campesinos, 100 pesos a niños y adolescentes. Hoy el capo purga una condena de 55 años de prisión.


En los años 90, Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, se convirtió en el narcotraficante más poderoso de América Latina. Al igual que la inmensa mayoría de los capos, pasó de la pobreza a la riqueza extrema gracias a su incursión en el mundo criminal. En su natal Sinaloa todavía hoy muchos lo recuerdan como un benefactor que pagó operaciones médicas de personas que le pedían ayuda, además de que financió reparaciones de calles y fundó escuelas primarias.

En 1997, el sacerdote Raúl Soto desató un escándalo al reconocer el “altruismo” del jefe narco: “Hay gente, pues, no pecadores, pero al menos gente poco recomendable como Rafael Caro Quintero, que ya quisiéramos hacer las limosnas que él hace y la ayuda que da a la gente... gente como Amado Carrillo, que a veces daba para hacer grandes obras por su pueblo, por la gente, lo cual no le quitaba que fuera traficante de drogas”. En julio de ese año, el velorio de Carrillo Fuentes fue multitudinario, colmado de campesinos que le agradecían los apoyos prestados. “Roguemos a Dios que nuestro hermano sea recibido en el cielo, no lo juzguemos”, pidió ese día el cura Benjamín Olivas.

Las “narcolimosnas”, es decir, los millonarios donativos de los capos a los templos católicos, se volvieron públicas y comunes. En un país con un profundo fervor religioso, era una manera más de los criminales de obtener la simpatía y respaldo de determinadas poblaciones. En 2005, el sacerdote Ramón Godínez Flores aseguró que el dinero de los narcos se purificaba cuando eran entregado a la Iglesia con el fin de ayudar a los demás. Según él, no había razón para rechazarlo, así fueran recursos manchados con sangre.

Pasaron varios años más para que la Iglesia cambiara de opinión. En 2010 se confirmó que Heriberto Lazcano, El Lazca, jefe de Los Zetas, había financiado la construcción de un templo en su pueblo natal, Tezontle, a unos kilómetros de Pachuca, Hidalgo, donde además siempre financió la fiesta patronal con la complacencia y gratitud de los habitantes. En respuesta, el semanario católico Desde la Fe, órgano oficial de la Arquidiócesis, reconoció: “Hay sospechas de que benefactores coludidos con el narcotráfico han ayudado con dinero, del más sucio y sanguinario negocio, en la construcción de algunas capillas, lo cual resulta inmoral y doblemente condenable y nada justifica que se pueda aceptar esta situación”.

Iglesia de San Juan de los Lagos en la comunidad de Tezontle, en Pachuca, la tierra que vio crecer a Heriberto Lazcano Lazcano, líder de Los Zetas.

Los narcos han mantenido una estrategia que les ayuda a sostener su popularidad. En 2018, aunque ya estaba detenido en Estados Unidos, el nombre de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa, reapareció en México en una campaña de beneficencia. Sus iniciales sellaban cajas de despensa, colchones y parrillas entregadas a los damnificados de las tormentas registradas en su estado natal. La supuesta generosidad del capo explica en gran parte las marchas que hubo en rechazo a su extradición. Hay personas que descreen de sus crímenes y sólo recuerdan haber recibido la ayuda del jefe narco.

Sus herederos han seguido el ejemplo. Iván Archivaldo López, su hijo mayor, aseguró en redes sociales que había donado un millón de pesos a los damnificados del terremoto que destruyó gran parte de la capital y otros estados, en septiembre de 2017.

En octubre del año pasado, José Luis González Meza, abogado del Chapo, aseguró que su cliente quería construir una universidad indígena en Sinaloa, sin fines de lucro.

El Cártel Jalisco Nueva Generación, por su parte, hizo donativos a damnificados por las lluvias en el poblado José María Morelos en Tomatlán, Jalisco, el año pasado.

Ante esta situación, el presidente Andrés Manuel López Obrador rechazó la estrategia del crimen organizado para congraciarse con la población.

El mandatario federal aseguró que ese tipo de prácticas ya no hacen eco entre la población, pues si bien existen comunidades con problemas de desarrollo, los ciudadanos ya no toman los recursos ofrecidos por los grupos de la delincuencia. Todo lo contrario se vio en los videos que circularon en redes sociales.

“Chapodespensas” en Guadalajara

Recientemente, el 17 de este mes, Alejandrina Gisselle Guzmán Salazar, hija de Joaquín “El Chapo” Guzmán, regaló despensas con el nombre e imagen del narcotraficante a adultos mayores que están aislados en sus casas para evitar contagios de COVID-19, en Guadalajara.

Así, en una semana se repartieron por lo menos 480 cajas con alimentos y artículos de higiene en zonas marginales de la capital jalisciense.

Como consta en videos, las despensas han sido repartidas por trabajadores de la marca de ropa Chapo 701, una empresa propiedad de Alejandrina Guzmán y con la que pretende ensalzar la figura del excapo.

La hija del exlíder del Cártel de Sinaloa se ha distinguido de sus hermanos por su incursión a la medicina y por su papel como empresaria en el mundo de la moda al lanzar una línea de ropa en donde la temática principal era el rostro de su padre.


El altruismo del Patrón

El principal antecesor del Señor de los Cielos y El Chapo fue el colombiano Pablo Escobar, un criminal que también apostó a la falsa generosidad para allegarse simpatías sociales.

Casi tres décadas después de su asesinato, un barrio de Medellín sigue llevando su nombre de manera informal. Ahí su imagen aparece por doquier, así como leyendas de gratitud porque gracias a él en ese lugar se construyeron más de 400 casas destinadas a familias pobres que, de otra manera, jamás hubieran tenido un techo. Mucha gente todavía recuerda que el jefe narco donaba dinero en efectivo, entregaba despensas o medicinas, inauguraba canchas de futbol e incluso plantaba árboles. De ahí que su masivo funeral haya sido acompañado al grito de: “Pablo, amigo, el pueblo está contigo”.

Con información de RT en Español.