EFE / La Voz de Michoacán La esperanza de vida de los perros suele estar estrechamente relacionada con el tamaño de cada raza. Los perros grandes envejecen antes y son más propensos a padecer enfermedades asociadas a la edad, una circunstancia que podría explicarse, al menos en parte, a través de los denominados "genes saltarines". Un estudio dirigido por la Universidad Estatal de Arizona (EE. UU.) y publicado en la revista Science analizó, a nivel molecular, por qué los canes de mayor tamaño viven menos tiempo. La respuesta científica parece hallarse en cómo los rasgos característicos del envejecimiento modifican de forma directa el ADN canino. Según revela la investigación, los perros de gran tamaño experimentan un envejecimiento molecular acelerado en ubicaciones y estructuras genómicas específicas, proceso que se produce con mayor rapidez durante las primeras etapas de la vida. “Al ser animales de compañía se les proporciona alimentación, ejercicio y cuidados sanitarios durante toda su vida, lo que significa que se pueden extrapolar muchos de los hallazgos obtenidos a los seres humanos”, consideró el autor principal de la investigación, Noah Snyder-Mackler. Metilación del ADN y epigenoma canino El estudio empleó datos de 864 perros inscritos en el Proyecto sobre Envejecimiento Canino, con los cuales el equipo de investigadores cartografió los patrones de metilación del ADN en todo el genoma. La metilación del ADN, que forma parte del epigenoma, es un proceso biológico que dirige cuándo y cómo se activan y desactivan los genes que controlan el desarrollo del organismo. Este mecanismo puede verse afectado por factores ambientales, tales como la dieta o el estrés, y se considera un indicador químico fundamental del envejecimiento. Los científicos observaron que el paso del tiempo está asociado a una pérdida generalizada de estas marcas reguladoras, especialmente en regiones del genoma conocidas como elementos transponibles o "genes saltarines". El papel de los elementos LINE1 en el deterioro genético Una clase específica de estos genes, denominada LINE1, posee la capacidad de copiarse e insertarse en cualquier parte del genoma, saltando de un cromosoma a otro y dañando el ADN en el proceso. El estudio señala que estos elementos constituyen un componente clave en las diferencias del envejecimiento biológico. Aunque la actividad de LINE1 se mantiene bajo control gracias a la metilación, cuando se pierden estas marcas reguladoras su presencia se incrementa, un proceso que ha sido vinculado directamente con la inestabilidad genómica, el cáncer y otras patologías relacionadas con la edad. • Pérdida de metilación: Más del 40 % de las regiones asociadas a LINE1 en el genoma pierden metilación durante el envejecimiento. • Diferencia entre razas: Las razas gigantes pierden aproximadamente un 35 % más de metilación de LINE1 al año en comparación con las razas pequeñas. “Esto sugiere que el envejecimiento más rápido de los perros más grandes podría deberse, al menos en parte, a un menor control sobre estos genes saltarines”, destacó Blaise Mariner, coautor del estudio. Implicaciones para la salud humana y animal El equipo de investigación considera necesario continuar con los estudios para determinar si la actividad de los elementos LINE1 actúa como causa o como consecuencia del envejecimiento. Sin embargo, destacan que el estudio aporta pruebas sólidas de que los cambios epigenéticos en estas regiones genómicas son un rasgo característico del envejecimiento biológico y un factor determinante en su variabilidad. A medida que la ciencia desentraña estos mecanismos moleculares, queda en evidencia que los secretos para una vida más longeva y saludable dependen de la manera en que los genes se regulan a lo largo del tiempo.