Martha Bernal En conversación con la invitada a la octava edición del Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes, la poeta Andrea Muriel platicó con Inter(medio) acerda de su trayectoria como escritora, traductora y editora. Siendo autora del poemario “A veces el amor es un cactus”, libro que ha sido publicado en México, España y Argentina; además de fundar la editorial independiente Osa menor, es tallerista de cursos sobre poesía y escritura. Su filosofía acerca de la escritura radica en acercar a los principiantes a un entorno de aprendizaje sano, a los autores a una plataforma para su publicación, y por supuesto, acercar la poesía a los lectores. Andrea nos recuerda que la poesía es un espacio de conexión, para sentirte acompañado, y que cualquiera puede escribir. ¿Cómo definirías tu poemario A veces el amor es un cactus? Este es un libro que publiqué ya hace varios años, en 2019, es un poemario para el cual me puse a juntar los poemas que tenía escritos hasta entonces, tenía ya varios años escribiendo, recupera el trabajo de unos seis, siete años. Como yo escribía poemas sin pensar en un proyecto, me puse a pensar en qué sería lo que le daría forma o unidad, y me di cuenta de que muchos de esos poemas tenían que ver con el desamor, o con esta cuestión de la fragilidad de las relaciones, lo complicado que es establecer vínculos, como a veces creemos que tenemos una relación con alguien, pero no significa lo mismo para las dos partes, ¿no?, esta imposibilidad me llamaba mucho la atención. Me acuerdo que una vez estaba platicando con un amigo, de nuestros desamores, en una beca que tuve en 2015, que fue en la Fundación para las Letras Mexicanas, y hablando de estas relaciones que ya no estaban funcionando, yo le dije: "es que esto es como un cactus, porque me acabo de enterar que los cactus se mueren antes de que nos demos cuenta", uno puede ver un cactus que está perfecto por fuera y por dentro ya está muerto; entonces, cuando uno ya se da cuenta de: "¡ah, creo que las cosas van mal!", ya no hay nada que se pueda hacer. Entonces, pensé: bueno, el amor es así, ¿no?, y nos pareció brutal, nos pareció supertriste también. Decidí que iba a ser esa imagen, esa metáfora, iba a ser la que iba a darle forma al proyecto, me puse a escribir otros poemas de cactus y pues lo redondeé, elegí esos poemas que tenían que ver con esta misma idea de la pérdida, de lo putrefacto, de lo que ya no va. ¿Por qué la poesía? ¿Por qué los poetas deciden comunicarse en este lenguaje? Es una muy buena pregunta. Creo que estamos en un tiempo en el que nos gusta extender los límites de los géneros, quizá ya no existe algo tal cual como la poesía pura, o el ensayo puro, o la novela pura, pero sí creo que hay algo particular en el género poético, sobre todo pensando en la idea de verso y en la idea de la cadencia, la sonoridad y la concisión, que está enfocada a lo emotivo, por un lado, y que en ese sentido también está condensando las emociones. Me parece interesante, porque creo que en la novela uno puede explorar ciertas situaciones de una manera como mucho más extendida, y que muchas veces tiene que ver con, digamos, como situaciones; y que en la poesía hay una exploración muy profunda, pero muy condensada, de la emoción que se sintió en cierto momento, creo que en ese sentido es como... un concentrado. Por eso creo que es tan, tan interesante la poesía. Como tallerista, ¿qué te interesa transmitir a quienes se acercan a la escritura o la poesía? A mí me encanta dar talleres, me encanta dar cursos. Soy muy feliz de estar cercana a textos de personas que están aprendiendo, o que quieren como pulir sus textos, porque yo vengo de una escuela, cuando estaba en la universidad, la realidad es que los talleres se pusieron muy rígidos y eran muy violentos. Recuerdo compañeros a los que les rompieron un poema en la cara, y me acuerdo, incluso en el primer semestre de Literatura, nos dijeron: "si no has escrito poesía, si no has publicado un libro, si no eres un genio ahora, a tus diecinueve años, ya no lo vas a ser, te vas a dedicar a dar clases", y a mí me pareció muy triste, porque personas que yo creía que tenían mucho potencial dejaron de escribir. Me parecía un ejercicio de poder muy feo, de cortarle las alas a la gente. Entonces, cuando había personas que se me acercaban y me preguntaban como "dame un consejo", o algo así, yo decía: creo que estaría bien, más bien lo que a mí me ha costado aprender, acercarlo, como acortar esa brecha y que, al contrario, nos demos cuenta de que todas las personas podemos escribir poesía. No es una cosa de hay un talento y hay una musa, que solamente toca a algunos, claro que no. Se trata más bien como de poner el ojo en cierto lugar, de tener una cierta sensibilidad, que claro, se puede ir trabajando, también puede ser nata en muchos casos, pero creo que siempre se puede trabajar con los textos. Fundaste la editorial independiente Osa Menor, ¿qué te motivó a iniciar con este proyecto y qué buscas publicar desde ahí? ¡Ay, también qué bonita pregunta! Porque como ya ves, me interesa mucho la literatura desde muchos lados, ¿no?, o sea, no solamente mi escritura, sino también, la cuestión de la edición, del tallereo, también traduzco. La editorial se fundó de inicio con tres amigos, que estábamos queriendo publicar nuestros libros y no encontrábamos un lugar para publicación de ellos, ¿no?; parece que hablo como de la prehistoria, pero, en ese momento era muy difícil publicar cierto tipo de escritura, un poco más coloquial, más cotidiana, más juguetona. La literatura que se publicaba era más solemne y se publicaba en instancias más académicas o universitarias, o gubernamentales. Entonces, queríamos hacer una editorial que le diera espacio a esas voces que a nosotros nos gustaría que existieran en el mundo. Actualmente, yo soy la única miembro que queda en Osa Menor, pero sigue siendo un proyecto al que le tengo mucho cariño y que quiero que se sigan explorando nuevas voces, por un lado, pero también voces que me parecen interesantes y que quizá todavía no han encontrado un lugar. La línea editorial es muy particular, es justo de literatura juguetona, coloquial, pop, que resuene y que vibre como con muchos colores. ¿Qué desafíos enfrentas al publicar de manera independiente en México? ¡Uf! Pues todos. La editorial es autogestiva. Nunca he pedido apoyos, en realidad, a ningún lado. Me gusta, por un lado, que sea así porque siento que no tengo que responder a una institución, o hacer las cosas de una manera en la que no me gustaría hacerlas, eso me da mucha libertad. Pero, también tiene por otro lado, complicaciones que tienen que ver con el dinero, sobre todo dónde conseguir el dinero. La realidad es que una editorial independiente casi nunca tiene ganancias. En nuestro caso, hasta ahora, el mismo dinero que se ha ganado es el dinero que se ha invertido, y le pagamos regalías a los autores, e imprimimos y pagamos algunos procesos editoriales que tenemos, porque la mayor parte de la edición, el diseño, la maquetación, la hemos hecho los integrantes de Osa Menor desde el principio, ahí acortamos algunos costos. Pero, siempre pensando en eso, en cómo hacer para que podamos publicar más libros. No nos hemos pagado, y creo que quizá eso sea algo que quiera seguir haciendo, porque no es mi interés hacer un negocio con la editorial, sino más bien apostar por ciertas voces desde mi trinchera y desde donde yo puedo, y hacer que proyectos que pueden ser muy interesantes y que no han encontrado un sitio, pues puedan tener ese lugar. ¿Qué te gustaría que la gente se llevara después de leerte? Ay, pues yo no escribo poesía para poetas o para escritores. Me gusta pensar que lo que escribo puede interesarle a cualquier persona, ojalá sea así. Lo que me interesa es abordar ciertas emociones que sentimos todes. En el sentido de, muchas veces escribo de amor, como en este libro del cactus; también escribo de la pérdida, escribo de las relaciones con la familia, por ejemplo. Creo que cuando escuchamos a personas que escriben sobre cosas que también nos han sucedido a nosotros, podemos sentirnos más acompañados y podemos ampliar nuestra forma de percibir el mundo. Eso es lo que me parecería más bonito, que quizá pueda alguien encontrarse en mi escritura, con suerte, y también que puedan decir: "¡Ah! Ella ha vivido esto, yo he vivido esto, de alguna manera, o sea, podemos caminar juntes”. CITA: Creo que la poesía y la escritura es un lenguaje como cualquier otro; es decir, hay gente que patina, hay gente que dibuja, hay gente que escribe y que no sé en qué momento se ha pensado que solamente cierta escritura es la que vale la pena.