Rita Gironès, colaboradora La Voz de Michoacán Viajar para dar testimonio del dolor, de la soledad o de la injusticia. Viajar para dejar un registro de lo que, de otra manera, no podríamos creer. Viajar para que no quede duda de los paisajes desolados. De la furia sin razón. Viajar para hacer documentales, salvar lo que nos queda, la voluntad de no desconocer el mundo y a sus habitantes. Así son los viajes de Rafael Rangel, presto a contarnos lo indecible. Su propósito profesional, ético y de producción cinematográfica, lo lleva a tener una postura acerca de viajar lógicamente inusual. Lejos del turismo que sigue el rastro de ocio, el cineasta mexicano viaja para contar historias humanas. Fuera de eso, y de acuerdo a su experiencia, no disfruta viajar. Quizás porque busca una experiencia radical y diferente a la suya y se da cuenta que “el planeta entero ya está homologado.” Tú viaja al lugar que quieras, me dice, y lo primero que encontrarás es una franquicia -una cualquiera de tantas- que contaminan el mundo. La misma franquicia que ya tienes a la vuelta de la esquina. Le resulta decepcionante que cada vez sean menos los lugares auténticos. “Estoy hablando del sistema capitalista, la bestia que se ha tragado a la humanidad. A donde vayas te das cuenta que ganó el capitalismo y eso es muy frustrante.” Cuando lo ves de ese modo, asegura, viajas desde otra forma. “No viajo por turismo, me parece una frivolidad.” Cada viaje que emprende, cada proyecto cinematográfico al que se adentra, promete que será el último. Se lo recuerda Antonia, su compañera de vida, pero sentirse exhausto no le impide volver al siguiente trabajo: queda mucho mundo por entender. Va por su tercer año sumido en la atrocidad al pueblo palestino. En realidad, viajó a El Cairo sin saber si podría realizar ese trabajo. Viajó con el único propósito de hacer un documental y se logró gracias a Mahmoud M. Zagout, fotógrafo de Rafah. Rafael llega a un país, busca dónde dormir, sale a caminar y ubica el café más cercano. El verdadero viaje es conocer a la gente, habituarse al lugar, salvar la incertidumbre. A partir de ahí sólo queda practicar la escucha y dar paso a las historias que claman ser contadas. El viaje son nombres y apellidos. Así conoció a Peter, ambos coincidían en el mismo Pub ubicado en una zona de canales de Londres y resultó el protagonista de su historia, Mr. London Night. Pensó que sería suficiente 3 meses de trabajo, pero se atravesó la pandemia y el proyecto finalizó 5 años después. ¿Cuál ha sido el viaje de tu vida? Es difícil, cada uno tiene su característica, pero si tuviera que elegir uno, sería quizás el primero que hice, un total rompimiento de mi vida. Viajé a Italia tras un sueño. Tenía 20 años, abandoné todo: mi familia, la universidad de arquitectura que es mi pasión junto al cine, .... Aquello no era un viaje turístico, era un viaje de vida, yo era un joven que seguía un sueño. Sucede que en México trabajé en una producción italiana, mi primer trabajo en cine, la película Dune, de David Lynch y la mayoría del equipo era gente italiana. Y coincidió que una amiga mía se casó con un italiano y me invitó allá… ¡Llegué a Roma con 3 pesos, sin conocer el idioma y dejando todo atrás! Aquel viaje no resultó para nada como esperaba, pero fue el viaje que marcaría mi vida. ¿Qué país o cultura que no conoces te gustaría conocer? Qué buena pregunta. Lo tenía contemplado, seguramente será algún lugar de África, no sé cuál, pero sí será allá. Mis intereses, las problemáticas sociales, son mi verdadera motivación. Ya tenía planeado viajar al Congo para hacer un documental sobre la esclavitud infantil… Y se atravesó la situación de Palestina. ¿Cómo preparas un viaje? ¿Estudias el lugar que visitarás o te dejas sorprender sin más? Prefiero llegar y que me sorprenda todo. El filósofo Kant mató la mitad de la humanidad, nuestro modo de ser y vivir con su frase “pienso, entonces existo”. Está muy criminalizado ser instintivo. El conocimiento no creo que sea la base de todo, nos borra esa parte instintiva. No me importa tanto el conocimiento por el simple hecho de conocer. En realidad, leo por muchas otras razones y prefiero viajar de un modo intuitivo. Por supuesto que me encanta leer y lo hago gozosamente, pero lo que me atrae es la experiencia de conocer las mentes de otras épocas. Un lugar al que te encantaría regresar. ¿Regresar? Ninguno. Prefiero seguir descubriendo lugares… ¿Eres valiente y pruebas la gastronomía local de allí donde viajas? Sí, por supuesto. Yo estuve muchos años en Londres, allí nació la película Mr. London Night. Conocí bien lo que es vivir en Inglaterra y te puedo asegurar que la peor comida del mundo es la inglesa. La solución que yo encontré en Londres y en Plymouth, por ejemplo, fue comer en los mercados. Allí encontraba comida asiática, italiana, etc. No iba a restaurantes, eran puestitos en el mercado donde llegaban migrantes a comer, incluso los dueños contrataban gente de su propio país que ni siquiera hablaban inglés. ¿Qué tipo de cámara te llevas cuando vas de viaje? Tocas un tema sensible para mí porque es una asignatura pendiente que tengo. No tomo fotos. Tengo lista una súper cámara Leica en blanco y negro esperando el momento de aventurarme. Así como quería hacer cine y terminé haciéndolo, pienso que cuando deje de hacer cine, me voy a dedicar exclusivamente a hacer fotografía. ¿Qué extrañas cuando sales de viaje? Absolutamente nada. ¿Eres un buen compañero de viaje? ¡No! La verdad es que soy muy neurótico, muy holgazán, no me soportaría yo mismo. ¿Qué esperas de un viaje? Verás, no espero nada, voy abierto a todo. Soy como estos gatitos que caminan y de pronto encuentran algo en el camino y se entretienen con eso hasta que voltean y ya hay otra cosa que les llama la atención y se van tras ese objeto... Me dejo llevar a lo que se va sucediendo. ¿Cuál es tu próximo viaje, Rafael? Ahora mi viaje es desde aquí. El proyecto inmediato es esta tercera película sobre Palestina. Ambas, la que está por estrenarse y esta que estamos haciendo, un viaje dantesco con el mismo equipo palestino. Han sido 3 años de inmersión a lo que está sucediendo allí. Pero terminando regresaré a Morelia por un gazpacho y un cafecito.