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Habas

10 de septiembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Así como existen alegrías, plácidos momentos y buenas obras; hay problemas, tristezas, abusos e indignaciones en cualquier lugar y circunstancias.

Dicho de otro modo: “en todas partes se cuecen habas”. Una variante, citada por Cervantes: “en todas casas cuecen habas; y en la mía, a calderadas” (El Quijote II, 13).

Las habas, desde antaño, constituyen un producto asequiblepor su bajo precio para personas de escasos recursos; también utilizadas comoalimento de animales.Estas legumbresse degustan frescas de enero a junio, y el resto del año, secas. Son ricas en proteínas, vitaminas y fibra, con un contenido de grasas casi nulo.

Un sinónimo de esta frase, de acuerdo al Refranero Multilingüe del Centro Virtual Cervantes: “en todas partes tiene cada semana su martes”.

La equivalencia en otros idiomas de esta conocida paremia, la publicó hace días el periódico español El País, a través de su sitio “Verne”. Haré alusión a tres de ellas, en su traducción a nuestra lengua. En inglés “en todos los países los perros muerden”; en alemán “en todas las cocinas hay ollas rotas”; en portugués “aquí y allá, malas hadas hay”.

En todas partes se cuecen habas, hay ollas rotas, los perros muerden y existen martes en cada semana; es cierto.

No obstante, cuando se abusa del poder concedido por el pueblo, para prácticas que favorecen intereses personales, amistosos o de grupo, igual de reprochable es el acto, aunque existan infinidad de casos similares alrededor del mundo.

Al leer lo que sucede en los últimos días del actual gobierno de Michoacán(concesión de plazas a familiares de diputados, el probable otorgamiento de notarías públicas, la celebración de contratos de adquisición de productos y prestación de servicios con poca transparencia, o gastos exorbitantes que están saliendo a la luz, por parte de funcionarios en algunos de sus viajes de trabajo)me viene a la mente la Operación Púnica, estrategia policial de la Guardia Civil de España, en la que se arrestó a políticos, ediles, funcionarios y empresarios, por estar presumiblemente implicados en una inmensa trama de corrupción.

El nombre no está relacionado con las Guerras Púnicas, tampoco con las características del fruto del árbol [punicagranatum] aunque pareciese, por esas innumerables células carnosas y angulosas que dan idea de una colmena. La referencia es al apellido del principal implicado en la trama.

Salvador Jara Guerrero, físico, filósofo y académico mexicano, al ser nombrado gobernador del estado de Michoacán, nos llenó de esperanza a más de dos. Una persona amante de las ciencias, y por ende, de la verdad; además, crítico y objetivo en sus columnas periodísticas que publicó durante años.

Qué lujo para Michoacán un universitario bien preparado, que nos hiciera olvidar las pesadillas que vivimos con Fausto Vallejo Figueroa, su hijo, y Jesús Reyna García, involucrados -directa o veladamente- con la delincuencia organizada, que tanto daño han hecho a la seguridad y desarrollo del Estado.

La expectativa de un cambio sucumbió a las pocas semanas, porque se dejó entrever que el recién estrenado gobernador, elegido el 20 de junio de 2014, fue relegado por Alfredo Castillo Cervantes, quien de mediados de enero de ese año a inicios del presente, fungió como titular de la Comisión para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, cuyos exiguos resultados son de sobra conocidos.

En los meses que siguieron, el gobernador no logró convencer, a través de su trabajo y equipo, a la sociedad; de ahí quelo anunciado en su reciente informe, carezca de verosimilitud, como que Michoacán es ahora más seguro y con mayor fortaleza.

Gustavo Ogarrio publicó hace días, en un medio de comunicación estatal, un interesante contraste entre el contenido del Informe de Gobierno de Jara Guerrero y lo que escribió tiempo antes de ostentar tal cargo.

Un estado endeudado, inseguro, pobre y con un deficiente nivel educativo, es la herencia que nos dejan en seis años, tres gobernadores más un comisionado.

No obstante el panorama, siempre existen personajes que aplauden , como en este caso, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) quien consideró, tras el informepresentadopor Salvador Jara hace un par de semanas, que en materia de seguridad ha habido un avance pues desde hace dos meses no se ha permitido que los estudiantes tomen autobuses. ¿La razón no sería porque se estaba en periodo vacacional?

En lo relativo a la transparencia del gasto, la situación tampoco es para presumir; como muestra un botón: en la información pública relativa a emolumentos, viáticos o gastos de viaje del despacho del gobernador, correspondiente a mayo y junio de 2015, se enuncia en todos los casos, como motivo del viático -exista o no cantidad registrada- “gira de trabajo”, el rubro “destino” está en blanco en toda la lista.

De este modo, es imposible que la ciudadanía pueda conocer el tipo de comisión que se verificó con recursos públicos, a dónde se viajó y qué se obtuvo.

Otro aspecto que llama la atención, es observar que de enero a junio, el despacho del gobernador presenta en ceros sus gastos de alimentación, hospedaje, combustible, peajes y pasajes, no obstante que fueron ampliamente conocidos sus continuos viajes tanto nacionales como al extranjero. La dirección de ayudantía, en cambio, reporta por el concepto de “resguardo del gobernador” la suma de $1, 112,603 pesos.Qué raro.

En todas casas cuecen habas; y en Michoacán, a calderadas.

Por ello estamos obligados, como ciudadanos, a expresar nuestra opinión siempre que sea necesario; revisar la información oficial que se publica y exigir que sea completa, así como oponernos a cualquier abuso.

Si la constitución mexicana exige a todo funcionario público, antes de tomar posesión de su encargo, la protesta de respetar la constitución y las leyes que de ella emanen, queda claro que podemos exigirles a los que se van, y más a los que están por llegar, que cumplan con los principios de la función pública: legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficiencia.

Y si no, como expresa la protesta del presidente consignada en el artículo 87 constitucional, que la nación (es decir, nosotros) se los demande.

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