René Fleming conquista en Palacio de Bellas Artes

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Ciudad de México.- Con un programa que abordó una amplia gama de estilos y lenguajes musicales, y confirmó su alcance universal, la soprano estadounidense Renée Fleming (1959) cautivó al público que anoche se deleitó con su excepcional voz, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.

 

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La cantante, a quien en 2013 el presidente Barack Obama le entregó la Medalla Nacional de las Artes, el más grande honor que Estados Unidos otorga a un artista, regresó al máximo recinto cultural del país donde fue ovacionada.

 

La notable intérprete del repertorio francés como “Thais” y “Manon”, de Jules Massenet; y de idiomas eslavos como “Rusalka”, en checo y “Tatiana”, de Eugene Onegin, en ruso, convocó a funcionarios culturales como el secretario de Cultura federal, Rafael Tovar y de Teresa, y la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, además de invitados especiales que llenaron el recinto.

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La ganadora de cuatro premios Grammy estuvo acompañada por Gerald Martin Moore al piano, y por espacio de poco más de hora y media, ofreció arias de “Las bodas de Fígaro” (Mozart), “Agrippina”, “Giulio Cesare” y “Rodelinda” (Handel), “Thais” y “Manon” (Massenet), “Los tres valses” (O. Strauss) y “Mefistófeles” (Boito).

 

También, canciones de Camille Saint-Saens, Sergei Rajmaninov, Stefano Donaudy, Francesco Tosti, Regero Leoncavallo, Manuel M. Ponce y Castellano/Villegas.

 

Apenas apareció sobre el escenario, ataviada con un espectacular y hermoso vestido en color azul metálico, Fleming fue arropada por los aplausos.

 

La primera cantante clásica en interpretar el himno de los Estados Unidos de América, “The Star-Spangled Banner”, en el Super Bowl, en 2014, arrancó la velada con “Porgi, amor”, de Le Nozze di Figaro, de Wolfgang Amedeus Mozart; para continuar con ”Bel Piacere”, de Agripinna, y “V' adoro pupille”, de “Giulio Cesar in Egipto”, ambas de Georg Friedrich Handel.

 

Entre pieza y pieza, los presentes no sólo reconocieron su interpretación sino su glamour, la sencillez con la que se desenvolvió en el escenario, así como el constante diálogo que entabló con el público.

 

Madurez, experiencia, técnica, elegancia y un absoluto dominio del repertorio presentado fue el sello que imprimió la cantante en una velada que dejó un buen sabor de boca, y es que para la segunda mitad, la rubia dejó boquiabiertos a los caballeros y atrapó las miradas de las damas al lucir un segundo vestido largo en color vino con destellos plateados.

 

Obras de Sergei Rajmaninov, Stefano Donaudy, Francesco Paolo Tosti, Arrigo Boito, Ruggero Leoncavallo, Manuel María Ponce, Carlos Castellano y Alfonso J. de Villegas, sonaron no solo dentro del teatro, sino también en el exterior del mismo, en el corredor Angela Peralta, donde fue instalada una carpa con sillas y una megapantalla para el disfrute de quienes no obtuvieron un boleto.

 

Al final, los presentes se pusieron de pie para despedir a Fleming, soprano que se ganó el cariño y los aplausos del público mexicano, en una velada en la que incluso recibió dos ramos de rosas.