IMPRESO | RADIO | TELEVISIÓN

Morelia, Michoacán a 20 de enero de 2017
Morelia
Compra
Venta
USD

21.00

21.80

La Voz de la Fe

24 de abril, 2016

admin/La Voz de Michoacán

JAVIER ÁVILA HERNÁNDEZ

Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días

 

Basado en un discurso del Presidente Tomas S. Monson, de La Iglesia de Jesucristo de Los Santos de Los Últimos Días.

Últimamente he estado pensando en las decisiones y sus consecuencias. Ni siquiera pasa una hora del día en la que no tengamos que tomar decisiones de una u otra índole. Algunas son triviales, pero otras son de mayor alcance; algunas no marcarán ninguna diferencia en el orden eterno de las cosas, mientras que otras marcarán toda la diferencia.

Cada uno de nosotros ha venido a esta tierra con todos los medios necesarios para tomar decisiones correctas. El profeta Mormón nos dice: “…a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal”.3.

Estamos rodeados —y a veces nos acosan— los mensajes del adversario. Escuchen algunos de ellos; seguro les resultarán conocidos: “Sólo esta vez no importará”. “No te preocupes; nadie lo sabrá”. “Puedes dejar de fumar, o de beber, o de tomar drogas en el momento que lo quieras”. “Todos lo hacen, así que no puede ser tan malo”. Las mentiras son interminables.

Al enfrentarnos a decisiones importantes, ¿cómo decidimos? ¿Cedemos a la promesa de placer momentáneo? ¿A nuestros impulsos y pasiones? ¿A la presión de nuestros compañeros?

. Todas nuestras decisiones tienen consecuencias, algunas de las cuales tienen poco o nada que ver con nuestra salvación eterna, y otras tienen todo que ver con ella.

Si se ponen una camiseta verde o una azul, a la larga eso no tiene importancia. Sin embargo, si deciden presionar una tecla de la computadora que los lleve a la pornografía, eso marcará toda la diferencia en su vida. Habrán tomado un paso que los quitará del sendero estrecho y seguro. Si un amigo los presiona a beber alcohol o a probar drogas y ustedes ceden a la presión, estarán tomando un desvío del que tal vez no regresen. Que mantengamos nuestros ojos, nuestro corazón y nuestra determinación centrados en esa meta que vale cualquier precio que tengamos que pagar, pese al sacrificio que tengamos que hacer para lograrla, la cuál es que podamos regresar a vivir con nuestro Padre Celestial  en un estado de paz y felicidad eterna

El apóstol Pablo nos ha asegurado: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”9.

Nuestro Padre Celestial no nos lanzó en nuestra jornada eterna sin proporcionar los medios por los cuales pudiésemos recibir de Él guía divina para ayudarnos en nuestro regreso a salvo al final de la vida mortal. Me refiero a la oración. Me refiero, también, a los susurros de esa voz suave y apacible que llevamos en nuestro interior, y no paso por alto las Santas Escrituras, escritas por marineros que navegaron con éxito los mares que nosotros también debemos cruzar.

Que escojamos edificar en nuestro interior una fe firme y poderosa que sea nuestra defensa más eficaz contra los designios del adversario; una fe real, el tipo de fe que nos sostendrá y reafirmará nuestro deseo de escoger lo correcto. Sin una fe así, no llegaremos a ninguna parte; con ella, podremos lograr nuestras metas.

Aunque es fundamental que escojamos sabiamente, habrá momentos en los que tomaremos decisiones insensatas. El don del arrepentimiento, que proporcionó nuestro Salvador Jesucristo, nos permite corregir nuestro rumbo para regresar al camino que nos llevará a esa gloria celestial que buscamos.

Que mantengamos el valor de desafiar la opinión general; que escojamos el difícil bien en lugar del fácil mal.

Al contemplar las decisiones que tomamos en nuestra vida cada día —elegir entre una cosa o la otra—, si escogemos a Cristo, habremos tomado la decisión correcta.

Comparte la nota

Publica un comentario