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La Voz de la Fe

22 de noviembre, 2015

admin/La Voz de Michoacán

Dr. Juan Spyker Anderson

 

(Vicepresidente del Consejo Interreligioso de Michoacán, AC y Presidente de la Asociación de Ministros Evangélicos de Michoacán, AC)

 

El que vive en la eternidad, nuestro creador, desea enseñarnos, instruirnos y guiarnos a todos.  El que ve el pasado, el presente y el futuro al “mismo” tiempo, desea tomarnos de la mano y llevarnos por el camino difícil de esta vida terrenal. El que conoce las intenciones de los corazones de todos quiere enseñarnos a vivir nuestras vidas con el más alto sentido. El que conoce la hora de nuestra muerte, quiere enseñarnos a cumplir nuestro destino en la vida.

El que conoce todas nuestras heridas, traumas, tristezas, dolores, ambiciones, aspiraciones y debilidades quiere sanarnos y prepararnos para que podamos ayudar a los compañeros de nuestro peregrinaje por este mundo. El precioso Espíritu Santo de Dios estará con nosotros hasta el fin, hasta el último día. Él tiene el poder para sanarnos y usarnos como instrumentos en sus manos.

El Espíritu de Dios tiene un gran amor por todos nosotros y es el que mejor nos conoce y el que mejor nos puede consolar y ayudar. Fuimos creados para vivir en perfecta armonía con Dios a través de su precioso Espíritu. Fuimos creados para consultarlo constantemente. Fuimos diseñados para oír su voz, para hablar con él, para sentir lo que él siente y para ser canales de su divino poder.

Hoy pido por ti, amado lector. Le pido a Dios que te enseñe como relacionarte con él. Le pido que te dé hambre y sed de él.  Le pido que te dé nueva sensibilidad a su realidad. Le pido que te muestre cuáles son sus propósitos eternos para tu vida. Le pido que te dé paz, amor y gozo.

Si sólo conocieras la forma en que él desea respaldarte. Pero hay que entender que él nos da el poder de “decidir” cada día – si hemos de vivir en él y por él o solo en nosotros y por nosotros.  Cada decisión nuestra, que siga su dirección, contará con respaldo divino. Ojo no ha visto, ni oído ha oído, ni ha subido en corazón de hombre, lo que Dios tiene preparado para los que le aman.

Hablando del Espíritu Santo Jesucristo dijo, “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho; … él os guiará a toda la verdad…”. Él tiene tanto que enseñarme. Él tiene tanto que enseñarnos a todos nosotros.

Solamente conectándonos con Dios podremos cumplir sus propósitos para nuestras vidas y llegar ser reconstructores del tejido espiritual de nuestra nación. ¿Porqué digo tejido “espiritual”?  Porque el tejido “social” no tiene esperanza de tener columna vertebral moral sin tener un punto de partida “espiritual”.

Nuestras ciudades se han vuelto más inseguras que nunca. Los robos, los homicidios, las manifestaciones anárquicas y la impotencia de los líderes en todos los ámbitos -todo esto nos grita todos los días de la necesidad de una auténtica reconstrucción del tejido espiritual de nuestra sociedad-.

Urge reconstruir los muros caídos de nuestra sociedad. Y hay que comenzar por lo “espiritual” porque el nivel lógico más alto del ser humano es el de sus creencias o lo que se relaciona con su “fe” y con su “Dios”.

Nuestros jóvenes han aprendido más de la filosofía hedonista y pagana de Hollywood; han aprendido de “maestros” que enseñan con su mal “ejemplo” y han aprendido de una minoría que erróneamente dice representar a la mayoría y lo hacen con una impresionante promoción de valores supuestamente modernos pero impregnados con libertinaje, relativismo y egoísmo.

Los muros de una sociedad y de una cultura se reconstruyen cuando un número suficiente de personas con suficiente influencia sobre otros actúa sabia y persistentemente, pero a la vez se une a una intervención divina y soberana del Espíritu de Dios en la vida humana.

Por eso, con bastante significado Pablo apóstol, escribiendo a sus hijos espirituales en Filipos, dijo un día, “Para que seais irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandeceis como luminares en el mundo”.

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