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Foto: Agencias. A nivel mundial, 30 por ciento de la superficie terrestre presenta alta frecuencia de estos siniestros.

México ha perdido 219 mil hectáreas de bosques por incendios

20 de mayo, 2016

El Universal/La Voz de Michoacán

Ciudad de México.- Entre 2013 y 2015, el país registró seis mil 513 incendios forestales que dañaron, en promedio, 31 hectáreas cada uno, y derivaron en una pérdida anual de 219 mil 96 hectáreas de bosques, pastizales y matorrales, expuso María de Lourdes Villers Ruiz, del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

A nivel mundial, 30 por ciento de la superficie terrestre presenta alta frecuencia de estos siniestros, en los que median tres elementos: fuentes de calor (Sol, rayos y actividad humana), oxígeno (dirección y velocidad del viento) y combustibles (troncos, árboles y pastos), dijo.

Los meses secos elevan las posibilidades de conflagraciones en el país, explicó la académica a partir de un reporte de 1993 a 2002 elaborado por ella misma, en el que consignó 204 percances durante los eneros de esos años; 750 en los febreros; mil 774 en los marzos; mil 644 en los abriles; 810 en los mayos, y 96 en los junios.

Al impartir la conferencia Incendios forestales en México y su relación con parámetros meteorológicos, detalló que de 1993 a 2004, el entonces Distrito Federal, el Estado de México y Tlaxcala ocuparon los primeros sitios en cuanto a igniciones, afectaciones y promedio anual.

Laboratorio en La Malinche
Para ahondar en el tema, Villers Ruiz transformó el parque nacional La Malinche en un “laboratorio” de 46 mil 95 hectáreas, donde realizó investigaciones y lo equipó con cinco estaciones meteorológicas, lo que la hizo registrar 35 variables, efectuar mediciones de combustibles (troncos y pastizales), analizar mínimos y máximos de humedad con los que el material podría encenderse, y evaluar la estructura y composición vegetal.

También creó mapas de la región respecto a los comburentes y tomó en cuenta el tiempo atmosférico y umbrales para la presencia de incendios (ponderó humedad relativa, precipitación y temperatura).

Mediante trabajos de laboratorio y de campo, detectó la disponibilidad de materiales susceptibles de arder y en cuáles el fuego queda latente; además, consignó la humedad relativa y la de los combustibles en los meses más secos (febrero, marzo y abril).

En estos estudios, Villers Ruiz se valió de un modelo canadiense de prevención de incendios que, entre otras cosas, mide temperatura, precipitación pluvial y velocidad eólica. A partir de ello, estableció categorías con los valores de los componentes de este paradigma según la frecuencia de percances y áreas siniestradas, para calcular la probabilidad de una conflagración según parámetros meteorológicos.

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