Colección Gelman. Relatos modernos entre la nostalgia y la discordia

El Museo de Arte Moderno alberga la Colección Gelman, con más de 68 emblemáticas piezas de arte mexicano del siglo pasado.

“Relatos modernos. Obras emblemáticas de la colección Gelman Santander”, la exposición más popular actualmente del Museo de Arte Moderno, promovida por el INBAL que envuelve múltiples polémicas e interrogantes.

 

José Roberto Morales Ochoa

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El pasado domingo 17 de mayo tuve el privilegio de visitar el Museo de Arte Moderno, para conocer aquellas emblemáticas piezas que integran la selección de la Colección Gelman y que fue titulada como “Relatos modernos. Obras emblemáticas de la colección Gelman Santander”. Acudí en compañía de mi esposa, nuestro arribo al recinto sucedió a las 10:15 am, en la fachada se mostraba una jugosa cartelera de exposiciones, la principal que teníamos en expectativa, además de “Remedios Varo. Habitantes de lo insólito” y “Gerda Gruber. Entre verde y agua”, todo esto te recibía por un riguroso protocolo de seguridad que te indicaba el ingreso al recinto, que por ser domingo te eximía de pagar los $95.00 pesos por persona. De inmediato fuimos canalizados por los guardias hacia la paquetería, donde amablemente recibieron nuestras mochilas y nos dieron la bienvenida a la esperada colección. A nuestra sorpresa, a nuestras espaldas se conformaba una fila que en breves minutos se extendió hasta la Av. Paseo de la Reforma, al llegar a la sala ya había algunos visitantes ya ingresados y haciendo fila frente a cada uno de los cuadros. Así son las exposiciones, los domingos gratuitos en la CDMX.

Debo reconocer que toda aquella sala, – de recorrido circular, con cálidos colores proyectados por el protagónico domo tragaluz– iba llenándose de personas que impedían y exigían discretamente un lugar frente los retratos, los textos y los paisajes; un señor reclamaba a otro que se le filtraba por enfrente ante la lectura del texto de presentación, hubo tensión y silencio en la sala, después volvió a ser solo arte. Luces, delimitadores y sensores que advierten a los visitantes no acercarse demasiado a los cuadros, muchos de ellos detonándose seguido de las llamadas de atención de los custodios de sala. En breve personas en sillas de rueda, esperándose hacerse notar ante personas enfocadas y distraídas del exterior sin percatar cortesía.

En ese recorrido pudimos presenciar una de las más hermosas y coloridas colecciones de arte mexicano del siglo pasado, más de 68 piezas de artistas como: Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo, María Izquierdo, Ángel Zárraga, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Gunther Gerzso, Carlos Mérida, Jesús Reyes Ferreira, Lola Álvarez Bravo, mismas que como bien se ha señalado, han estado en tinieblas, no se habían expuesto en más de veinte años en nuestro país. Fui testigo de piezas que nunca en mi vida había presenciado, especialmente magníficas, cuantiosas obras de Frida, artista emblemática a veces cuestionada, sobrevalorada, infravalorada, pero siempre importante, y que me llenaron de una entremezclada emoción e impotencia por conocer la historia que tenía en antecedente de ese acervo. Unos magníficos retratos que como sacados de libros de historia se encontraban frente a una numerosa cantidad de visitantes que, desfilaban por vivir la experiencia de estar ante aquello tan polémico y hermoso a la vez. Una gran muestra de aquel espíritu de mexicanidad en la plástica, estaban todos aquellos que anhelas ver en una muestra de esa envergadura.

Diego Rivera, Girasoles, 1943, óleo sobre tela.

Me encontraba en aquella exposición bajo un interés personal en vivir una especie de homenaje a los museos, recorrer algunos recintos de esta generosa ciudad, para conmemorar de manera cursi el día internacional de los museos del día siguiente, 18 de mayo; pero especialmente despedirme de la colección Gelman… por si no volviera más. Y bueno, al encontrarme en la fachada el nombre de los Gelman adherido a Santander, me dio la impresión de que la colección ahora tiene un nuevo dueño, muy a pesar de las declaraciones de lo público y lo privado al respecto. No se puede confiar en los demagogos.

¿Qué es la Colección Gelman?

La colección Gelman es una colección conformada entre 1941 y 1998 por la pareja Jacques Gelman(San Petersburgo,1909 - Houston,1986)  y Natasha Zahalka (República Checa, 1912- 1998). Una familia de refugiados de la segunda guerra mundial que encontraron prosperidad en el cine mexicano, especialmente Jacques quien fuere un importante productor cinematográfico, que trabajó en la realización de las películas protagonizadas por Cantinflas. Dos personajes íntimamente ligados a la cultura mexicana y a las vidas de personajes de trayectorias en ascenso, como: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, pero especialmente de Frida Kahlo, esto por interés de Natasha quién se sintió estrechamente vinculada a esta pintora y que hoy formaría parte nuclear de esta colección con once piezas excelentes de esta artista mexicana, tal vez algunas de las pinturas más coloridas.

Frida Kahlo, La novia que se espanta de ver la vida abierta, 1943, óleo sobre tela.

La colección en su biografía se fue conformando por tres importantes segmentos, la primera parte se especializó en Arte Europeo, integrada por aproximadamente 85 obras, con artistas como:  Salvador Dalí, Henri Matisse, Paul Klee, Joan Miró, Pablo Picasso, Renoir, Vasili Kandinski y Amedeo Modigliani. Una segunda en arte mexicano del siglo XX, que es la que nos ocupa, y la tercera de menor popularidad especializada en arte precolombino de la cual no se sabe mucho.

Historias envueltas en polémica, discordia y tragedia

Una serie de sucesos confusos y trágicos, han dado pie a que la colección artística hoy sea objeto de polémica, y opiniones públicas encontradas. Y tal vez a este ingrediente debemos una gran expectativa de los visitantes de la exposición del MAM, por este morbo que envuelve este legado económico y artístico. En su interior de la sala, se guarda un retrato autoría de Rufino Tamayo de 1948 de Mario Moreno “Cantinflas”, gran talento y pilar esencial de la cultura mexicana, que me hace preguntarme, si esto hubiera sido posible cuánto contribuyó en la conformación de la fortuna de los Gelman y especialmente de esa colección.

En julio de 1986 falleció Jacques Gelman, dejando a su esposa al frente de todo el patrimonio y con los destinos muy claros de las colecciones. Ella asumió entonces la responsabilidad total y, en 1993, redactó un testamento donde estableció el futuro de cada una de las obras para cuando ella también faltara, se ha cuestionado también que para este periodo, Natasha tenía avanzadas muestras de alzheimer. Natasha murió en mayo de 1998. Tras la muerte Natasha, en ese mismo año, todas las obras de arte europeo fueron legadas al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, una donación que incluyó también fondos para la difusión y protección de la colección misma. Esto deja entrever que nunca tuvieron un interés de una puesta en venta de la obra, sino de una legación, aprovechamiento y difusión de su patrimonio artístico. Por ese entonces la parte mexicana estaba valorada en 300 millones de dólares. Hoy día, se estima pudiera rondar los seiscientos millones de dólares.

Portada principal de exposición.

El matrimonio Gelman no tuvo descendencia, y es por ello que definen con mucha claridad los destinos de las colecciones, con un albacea: Robert R. Littman, curador estadounidense y amigo muy cercano de la pareja. Y aquí es donde llega una primera parte de la polémica en la integridad de la colección mexicana, principalmente porque hubo impugnaciones ante este testamento por esta designación por parte de Mario Moreno Ivanova, hijo de Cantinflas y un sobrino lejano de los Gelman. El testamento estipulaba que dicha colección debía conservarse siempre unida, permanecer dentro de México y alojarse en un museo privado. Esta designación testamentaria también ha estado plagada de interrogantes, se ha dicho; además, para hacer más intrigante y novelesca la historia del repentino asesinato del notario que emitió el acta testamentaria, hace ya más de una década.

La colección, en sus idas y vueltas tuvo dos permanencias importantes en México, la primera en el ahora extinto Centro Cultural de Arte Contemporáneo (CCAC), y en el Centro Cultural Muros de Cuernavaca; pero en 2008, “Bob” como Littman era llamado por sus amigos, retiró la colección, después de permanecer cinco años en ese espacio, tras ser demandado para ser inhabilitado como albacea.

Retrato de Diego Rivera, 1937, y Autorretrato con collar, Frida Kahlo, 1933, óleo sobre tela.

En su columna “Colección Gelman, una “marca registrada” en El Universal, Adriana Malvido, ha detectado y señalado múltiples inconsistencias testamentarias. La primera en la que se cita el testamento de 1993 dice a la letra “La colección deberá conservarse en su conjunto, es decir, las noventa y cinco obras de los artistas mexicanosantes mencionados no podrán dividirse”.  Esta cuestión no fue atendida, ya que el albacea vendió a Marcelo Zambrano Alanís 41 pinturas de las 95 que formaban parte de la colección original. Importante mencionar que 14 cuadros fueron subastados en Sotheby’s en noviembre del 2014 y, otros más puestos en venta en 2025. Además de incumplimientos como en el cambio de nombre de la colección que a voluntad testamentaria correspondería: Colección de Pintura mexicana “Jacques y Natasha Gelman”. (2026)

Judith Amador en su columna, “La colección Gelman: el tesoro que México simplemente dejó ir”, narra que después de los truculentos intentos por desestimar a Littman como albacea de la colección, fue ratificado y a través de la fundación Vergel; la columnista de Gatopardo, nos  hace un recuento de las itinerancias recientes que hizo en el extranjero la colección: Sídney, Australia en 2016; Tennessee, Carolina del Norte y Florida, Estados Unidos en 2019; Países Bajos en 2021; Padua, Italia en 2023; Adelaida, Australia en 2023, con esta última sumando 70 ciudades en recibir la colección. (2025)

La legislación mexicana ignorada

El marco jurídico para la protección de los bienes culturales en México tiene un antecedente clave en la Ley sobre Protección y Conservación de Monumentos Arqueológicos e Históricos, Poblaciones Típicas y Lugares de Belleza Natural de 1934. No obstante, fue hasta la promulgación de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972 cuando se consolidó la categoría jurídica de Monumento Artístico. Bajo este régimen de máxima protección, el Estado mexicano ha declarado como patrimonio de la nación la producción plástica de nueve creadores fundamentales: José María Velasco (1943), José Clemente Orozco (1959), Diego Rivera (1959), Dr. Atl (1964), David Alfaro Siqueiros (1980), Frida Kahlo (1984), Saturnino Herrán (1988), María Izquierdo (2002) y Rufino Tamayo (cuyo corpus se encuentra blindado bajo un esquema de protección mixta desde 1972).

Facha del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

Esta declaratoria implica que, aun si las piezas pertenecen a colecciones privadas o particulares, poseen un valor histórico y estético preponderante para el legado cultural del país. Por consiguiente, sus poseedores están sujetos a estrictas regulaciones, entre las que destaca la prohibición absoluta de exportación definitiva, además de informar sobre los movimientos en préstamos temporales, así como del estado de conservación que estos bienes culturales guardan. Al respecto, el artículo 53 de la ley federal vigente tipifica esta infracción como un delito grave, estipulando que: «Al que por cualquier medio pretenda sacar o saque del país un monumento arqueológico, artístico o histórico, sin permiso del Instituto competente, se le impondrá prisión de cinco a doce años y de tres mil a cinco mil días de multa». Hoy se sienta un nuevo precedente con un convenio signado con amplias concesiones para la fundación Santander y el depósito de la colección en su nuevo espacio “Faro Santander”; además de todas las posibilidades de cumplir un programa de exposiciones itinerantes por varios países, mismos de los que ya se tiene planificación.

Colección Gelman Santander y el activismo en defensa del patrimonio nacional.

La historia de esta colección se ha escrito de manera azarosa, y todo indica que continuará bajo esa misma inercia. A pesar de los recientes intentos institucionales por "blanquear" las narrativas oficiales en torno a su gestión, la opacidad persiste.

La administración actual se sostiene sobre una serie de declaraciones contradictorias que intentan justificar una transferencia tergiversada, pero con excepcionales consideraciones para el favorecimiento económico de las partes propietarias y depositarias, dejando de lado la parte del patrimonio y la esencia de buscar y lograr que el patrimonio nacional no sea alejado del territorio nacional.

El pasado 25 de febrero se consolidó este polémico esquema legal a través de un convenio tripartito firmado por la familia Zambrano de Monterrey (propietarios de la colección desde 2023), el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) y la propia Fundación Santander. Este acuerdo autoriza una itinerancia permanente pero dinámica por periodos de cinco años con amplias posibilidades de ser renovables, otorgando a la fundación facultades de gestión sobre el acervo. Si bien este hecho inédito abre la posibilidad de exhibir las piezas a nivel internacional, en el fondo subvierte el espíritu original de conservación patrimonial dictado por la Ley Federal de 1972. Al amparo de esta laxitud normativa, la agenda de exhibición quedará supeditada a los intereses de Fundación Santander, eximiéndola de retornar las obras a corto plazo y postergando su regreso programado hasta el año 2030-2031, con la latente posibilidad de prorrogar el convenio de forma cíclica indefinida.

Natasha y Jacques Gelman.

Hace unos de meses, ante todas las dudas y preocupaciones sobre la colección, una comunidad de más de 400 creadores y figuras prominentes del circuito artístico y de protección del patrimonio (creadores, críticos, curadores, historiadores) publicaron un manifiesto en el que denunciaron la falta de transparencia del INBAL. En el documento, acusaron la pasividad y complicidad de las autoridades federales ante el riesgo de que la colección sea trasladada al extranjero, especialmente tras haber permanecido oculta al público nacional durante casi dos décadas.

Hoy son muchas las interrogantes que están detonando el manejo y gestión de esta colección. Hoy es importante el interés de la ciudadanía y la focalización para que exista un compromiso de las partes interesadas en que el patrimonio no se pueda dilapidar y que las autoridades puedan cumplir cada vez mejor su función de resguardar el patrimonio nacional. Hoy la exposición con algunas de las joyas de la colección Gelman se podrá visitar hasta el 19 de julio en el Museo de Arte Moderno, según prórroga concedida después de que inicialmente se anunciara para este mes; por lo que la invitación para nuestros lectores es que no dejen pasar la oportunidad de conocer y estar pendiente de esta colección que contiene muchos atributos, entre uno de los principales, contiene casi el diez por ciento de la producción artística de la artista mujer más famosa en el mundo. Coméntelo usted.


José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales.

Instagram: @jrobertomorales

Email: imrobertomorales@gmail.com