Jaime Vázquez, colaborador La Voz de Michoacán “Nací en Pátzcuaro, no en Morelia. Pero no porque nazcas en una panadería vas a ser bizcocho, ¿verdad?”, afirmó en cierta ocasión Eduardo Meza de la Peña, el famoso Lalo “El mimo”, actor polifacético, escritor, director y productor. En una entrevista en la televisión recordaba que su padre, en aquel entonces director de un banco agrario, trabajaba en las ciudades de Pátzcuaro, Morelia y Uruapan. En esos horizontes michoacanos nació el pequeño Lalo, el 26 de agosto de 1936. Estudiante, vendedor de dulces y artesanías, ayudante del restorán propiedad de la familia, Eduardo de la Peña, con el tiempo y muchas películas, es conocido como un muy singular y divertido “rey de las ficheras”. Para estudiar Química en la universidad se fue a vivir a la Ciudad de México. Estiraba al máximo los 200 pesos que su mamá le mandaba desde Michoacán para sus gastos. Tomaba el camión de segunda -20 centavos el pasaje- desde Viaducto Piedad, donde vivía, a la escuela de Química, en Tacuba. Por aquellos años y para ayudarse comenzó a escribir argumentos que “robaba” de las películas que veía y adaptaba para libritos populares. De pronto, en los tiempos universitarios, se interesó por el teatro. Un compañero lo invitó a formar parte del grupo estudiantil para la representación que preparaban de Los ladrones somos gente honrada, de Enrique Jardiel Poncela. Don Andrés Soler lo vio en esa puesta en escena y lo invitó a integrarse al reparto de la pieza que entonces dirigía, estelarizada por Germán Robles. La vida en el teatro le dio la fuerza y la certeza del oficio. Más tarde, con su amigo Jorge Alfonso Guzmán formó el dueto “Los mimos”. Era la época de las “parejas excéntricas”, que cantaban y bailaban en tono de comedia, como Viruta y Capulina, Manolín y Shilinsky o Corona y Arau. El dueto de mimos viajó por el país y por Europa con reconocimiento y éxito. En 1965 debuta en el cine con Los Sánchez deben morir, de Miguel M. Delgado, estrenada al año siguiente en el Cine Olimpia. Emilio García Riera recuerda algunas frases publicitarias: “Un par de Hijos de Sánchez… pero de otros Sánchez más graciosos, más alegres, más divertidos y más mujeriegos”, en referencia, desde luego, a la polémica obra de Oscar Lewis. Todavía no es Lalo “El Mimo” en Tirando a gol (1965, Ícaro Cisneros), donde lo vemos unos segundos, bailando rock al compás de la música de Javier Bátiz, pero ya lo es en Tres amigos (1969, Gilberto Gazcón), acompañando a Fernando Luján, Héctor Bonilla y Andrés García. En esos años conoce al productor Guillermo Calderón Stell, quien le ofrece un papel relevante en Bikinis y rock (1971, Alfredo Salazar), collage inclasificable que combina a los grupos de rock emergentes El Ritual, Bandido y Peace and Love con las actuaciones de Manuel “Loco” Valdés, Verónica Castro, Olga Breeskin y muchas chicas en bañador. En 1974, producidas por Guillermo Calderón y dirigidas por Miguel M. Delgado, se filman dos películas que son la punta de lanza de un género: Bellas de noche y Las ficheras. Eduardo de la Peña participa no sólo como personaje central, “El Vaselinas”, sino también en la creación de la historia, personajes y situaciones. El llamado “cine de ficheras” heredaba las cinematográficas noches del cabaret con rumberas de los años cuarenta y le daba la vuelta al cine pícaro y cómico de Mauricio Garcés. Añadió a la mirada de los espectadores los desnudos integrales de actrices del momento y los albures de la picardía mexicana, la cantina, el bar o la pulquería, con los cómicos del teatro de revista o de los atrevidos burlesques del Lírico o el Tívoli. Todo un universo de sicalíptica diversión fácil que, con los años, se fue desgastando hasta perderse en el cliché y la obviedad. Lalo “El Mimo” encabezó la gran pachanga del deschongue junto a los comediantes Rafael Inclán, Alfonso Zayas, Pedro Weber, Luis de Alba, Sergio Ramos, Víctor Manuel Castro, Carmen Salinas, y las bellas Sasha Montenegro, Angélica Chaín, Lyn May, Rosy Mendoza, Maricarmen Reséndez o Isela Vega. Con más de 130 películas, un intenso trabajo en el teatro y la televisión, con varios libros publicados, premios y reconocimientos a su trayectoria, Eduardo de la Peña afirma que, como actor de toda la vida, valora el haber sido disciplinado, humilde y respetuoso con el público. Sigue pensando, sin rubores ni moralejas a sus felices 90 años, que el humor es “cosa seria”. Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime