Erandi Avalos, colaboradora La Voz de Michoacán La fotografía tiene apenas unos cuantos años entre nosotros, pero la guerra ha acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales. Para Robert Capa, la fotografía y la guerra estuvieron presentes en su vida personal, amorosa y profesional hasta el último día. Para difundir su vida y obra, el Musée de la Libération de Paris–Musée du Général Leclerc–Musée Jean Moulin, presenta la exposición Robert Capa. Photographe de guerre, organizada en colaboración con Magnum Photos. La muestra reúne más de sesenta copias de prensa de época, revistas, libros, documentos y objetos personales: alrededor de ciento sesenta piezas que reconstruyen la historia y el legado de Robert Capa. Comisariada por Sylvie Zaidman, directora del museo, y por el periodista y coleccionista Michel Lefebvre, el discurso curatorial avanza desde Budapest hasta Berlín y París; pasa por España, China, el norte de África, Italia, Normandía, la capital francesa, Alemania, Israel e Indochina. Pero su verdadero trayecto no es solamente geográfico ni cronológico. Cuenta cómo se construyó una mirada que compartió con todo el mundo aquello que vio. Nos ayuda a comprender cómo nació una leyenda llamada Robert Capa. oplus_8192 La curaduría es impecable, profunda, sobria. Perfecta para visitarse en el marco del Día Internacional de la Fotografía, celebrado cada 19 de agosto en conmemoración de la presentación pública del daguerrotipo en 1839, que tan solo unos meses después llegó a México, cuando el grabador francés Jean-François Prelier Dudoille desembarcó en Veracruz con dos aparatos. Así comenzó la historia de la fotografía en nuestro país. Desde entonces, la cámara ha transformado nuestra manera de mirar y de registrar. En la obra de Robert Capa, esta capacidad de registro adquirió una dimensión extrema: la guerra. Pero no el antes y el después sino el campo de batalla hombro a hombro con los soldados, con la víctimas. Endre Ernő Friedmann nació en Budapest en 1913, judío húngaro que se convirtió en una de las figuras decisivas del fotoperiodismo moderno. Su infancia transcurrió en una Hungría marcada por la crisis posterior a la Primera Guerra Mundial y el régimen autoritario de Miklós Horthy. Joven, judío y simpatizante de la izquierda, fue detenido en 1931 por sus actividades políticas y huyó a Berlín. Allí estudió ciencias políticas, pero las dificultades económicas lo llevaron a trabajar en la agencia fotográfica Dephot, donde conoció el lenguaje emergente del fotoperiodismo moderno: cámaras ligeras, revistas ilustradas y relatos construidos mediante secuencias de imágenes. En 1932 fotografió clandestinamente a León Trotski durante una conferencia en Copenhague; su cercanía al personaje anticipaba el principio que definiría su obra. El ascenso de Hitler lo obligó a abandonar Alemania en 1933. Después de pasar por Viena y Budapest, llegó a París como un refugiado sin estabilidad económica ni contactos profesionales. No dominaba el francés y apenas conseguía vender sus fotografías. Gerda Taro, la mujer que también fue “Robert Capa” En París, Endre Friedmann conoció a Gerta Pohorylle, una joven judía de origen polaco nacida en Stuttgart en 1910, detenida por sus actividades antifascistas y obligada a huir de Alemania. No sólo fueron amantes: Gerda se convirtió en su agente, colaboradora, editora informal y cómplice intelectual. Juntos, cuenta la leyenda, transformaron la precariedad en estrategia al inventar a “Robert Capa”, un supuesto fotógrafo estadounidense, célebre e inaccesible, cuyas imágenes podían venderse por un precio mayor. Endre terminó encarnando al personaje y Gerta adoptó el nombre de Gerda Taro. En una Europa que los perseguía por su origen y religión, elegir sus propios nombres fue una forma de resistencia. Durante un tiempo, sus fotografías circularon bajo las firmas “Capa” y “Capa-Taro”, lo que provocó que parte de la obra de Gerda quedara absorbida por la fama de él. Sin embargo, Taro conquistó pronto su independencia: publicó con su nombre, eligió sus encargos y desarrolló una mirada propia. En 1936 ambos viajaron a España para cubrir la Guerra Civil desde una posición abiertamente antifascista. Gerda fotografió milicianas, combatientes, civiles, funerales y ruinas, con particular atención a la movilización colectiva y a la presencia de las mujeres. En julio de 1937, mientras cubría la batalla de Brunete, en la Comunidad de Madrid, fue arrollada por un tanque republicano durante la retirada. Murió el 26 de julio, y se convirtió en la primera mujer fotoperiodista reconocida que perdió la vida cubriendo un frente. Su funeral se celebró 1 de agosto, el mismo día que cumplía 27 años. Su cortejo fue una multitudinaria manifestación antifascista y fue enterrada en París, en el cementerio Père Lachaise, en donde Alberto Giacometti diseñó una escultura para su tumba. Capa quedó devastado y nunca se casó. Imaginar un amor tan poderoso tanto en lo emocional como en lo creativo, es conmovedor. Otro protagonista de esta historia es el fotógrafo David Seymour, conocido como “Chim”, nacido en Varsovia en 1911 y también exiliado en París. España y la fotografía que se volvió emblema oplus_8192 Los tres cubrieron la Guerra Civil española desde una perspectiva especialmente atenta a los civiles, los niños y las consecuencias humanas del conflicto. Pero en el arte, como en la vida, hay personas que se convierten en emblemas, y en el caso de este trío, fue Endre Ernő Friedmann, quien destacó y pasó a la historia de una manera más fuerte. Sus imágenes circularon en revistas europeas y estadounidenses y mostraron una guerra vista desde el nivel de quienes la padecían. Fotografió soldados agotados, campesinos, refugiados, niños, edificios destruidos y despedidas. La cámara Leica II o la Contax II, ambas pequeñas, le permitían moverse con libertad, siempre buscando el mejor ángulo. Una de las frases más emblemáticas de este fotógrafo era: “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es porque no estás lo suficientemente cerca”. Y eso en un fotógrafo de guerra, es mucho decir. En septiembre de 1936 tomó (¿o montó?) la fotografía conocida como Muerte de un miliciano: un miliciano aparece en el instante de caer hacia atrás, con el fusil todavía en la mano. Publicada primero en la revista francesa Vu y después en Life, se convirtió en una de las imágenes más famosas del siglo XX. La autenticidad y las circunstancias de la imagen se han cuestionado: la identificación del soldado, el lugar exacto, la secuencia y la posibilidad de que la escena hubiera sido montada. No existe consenso al respecto, pero lo que es indudable es que la imagen funcionó para impactar al mundo porque, sea verídica o no, logra transmitir lo que Capa quería mostrar. Las guerras de Robert Capa Aunque la expresión “fotógrafo de guerra” suele reducir su trayectoria a los campos de batalla, Robert Capa también retrató escenas cotidianas, viajes, carreras de caballos, rodajes y figuras como Picasso, Matisse, Ingrid Bergman, Hemingway y Steinbeck. Sin embargo, cinco conflictos definieron su biografía: la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Sino-Japonesa, que documentó en China en 1938; y la Segunda Guerra Mundial, durante la cual acompañó al ejército estadounidense por el norte de África, Sicilia, Italia, Normandía, París, las Ardenas y Alemania. Normandía: el movimiento, el miedo y once imágenes El 6 de junio de 1944 Capa desembarcó con soldados estadounidenses en Omaha Beach y fotografió desde el agua, entre explosiones, obstáculos y hombres que intentaban alcanzar la playa. Solo se conocen once fotografías, conocidas como "Las once magníficas". Porque Robert Capa no era solamente un fotógrafo. Era un esteta. Sus obras, en ocasiones perfectas y nítidas —precisas como un tiro al corazón— y otras veces desgarradoras y viscerales como una tortura caótica. La velocidad de la acción, los barridos, no hacen más que magnificar el dramatismo y la violencia de la imagen. El desenfoque, el grano y la dificultad para distinguir los cuerpos. Aquello que parecía un defecto técnico terminó definiendo una estética moderna de la guerra y son dignas herederas de testimonios de “Las miserias de la guerra”, de Jaques Callot y de “Los desastres de la guerra”, de Francisco de Goya: conflictos armados llevados a un nivel artístico que sublima el horror y lo convierte en un pretexto para que el hombre vea su propia oscuridad. París, 25 y 26 de agosto de 1944 Capa entró en París el 25 de agosto de 1944 acompañando a la Segunda División Blindada del general Leclerc. Su cámara registró los últimos combates, la participación de los resistentes y las reacciones de una población que oscilaba entre el júbilo, el temor y la ira. Al día siguiente fotografió el desfile de Charles de Gaulle y la multitud que ocupó los Campos Elíseos. La exposición muestra un vídeo que retoma películas del evento y muestra a Capa en los momentos exactos en los que tomó varias de las fotografías expuestas de la Liberación de París. Un gran acierto curatorial, sin duda. El Musée de la Libération de París se encuentra cerca del recorrido seguido por las tropas de Leclerc, por lo que estas fotografías vuelven al territorio donde fueron tomadas exactamente 82 años atrás y permiten contemplar la historia desde los pasos del propio Capa. En 1948 fotografió la guerra ligada a la creación del Estado de Israel, imágenes que deben situarse también dentro de la historia de la Nakba y del desplazamiento palestino. Su último conflicto fue la guerra de Indochina, adonde viajó en 1954 y donde encontró la muerte al pisar una mina. Magnum y el derecho de los fotógrafos En 1947 Capa fundó Magnum Photos junto con Henri Cartier-Bresson, David “Chim” Seymour, George Rodger y William Vandivert. Pretendían transformar la relación entre los fotógrafos y los medios: sus integrantes conservarían los negativos, controlarían el uso de sus imágenes y desarrollarían proyectos con mayor autonomía, pues las revistas solían apropiarse del material y modificar su sentido mediante la selección y los pies de foto. La Maleta Mexicana Ni Robert Capa, ni Gerda Taro ni David Seymour estuvieron nunca en nuestro país. Pero en México todo puede pasar…y pasó. Lo que se conoce en la historia de la fotografía como “Maleta Mexicana” eran tres cajas de cartón con alrededor de 4,500 negativos de la Guerra Civil española realizados por Capa, Gerda Taro y David “Chim” Seymour. Se creían perdidos desde 1939. El material quedó bajo la protección del fotógrafo y laboratorista, pero sobre todo: amigo de Capa, Imre “Csiki” Weiss y, después de pasar por distintas manos, llegó a México vinculado al diplomático Francisco Javier Aguilar González. En 2007 fue entregado al International Center of Photography: las cajas contenían 126 rollos tomados principalmente entre 1936 y 1939. El hallazgo quedó documentado en la película La Maleta Mexicana, (2011), dirigida por Trisha Ziff, pero también aborda el exilio republicano en México y las heridas de la Guerra Civil española. Erandi Avalos, historiadora del arte y curadora independiente con un enfoque glocal e inclusivo. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Sección México y curadora de la iniciativa holandesa-mexicana “La Pureza del Arte”. erandiavalos.curadora@gmail.com