Erandi Avalos, colaboradora La Voz de Michoacán Para celebrar el día Internacional de la Fotografía, el 19 de agosto, visité la exposición Robert Capa. Fotógrafo de guerra, en el Museo de la Liberación, en París. Quería saber si en la exposición se mencionaba algo sobre un hecho conocido como "La valija mexicana", que vincula a Robert Capa con nuestro país. La muestra reúne copias de prensa de la época, revistas, libros, documentos y objetos personales que reconstruyen la historia y el legado de Robert Capa en una excelente curaduría comisariada por Sylvie Zaidman, directora del museo, y por el periodista y coleccionista Michel Lefebvre. Endre Ernő Friedmann nació en 1913, en Budapest —casi al inicio de la primera guerra mundial—, y murió con el nombre de Robert Capa en 1954, mientras reemplazaba a un colega cubriendo la guerra de Indochina para la revista Life. Su nacimiento, su vida y su muerte estuvieron ligadas a las principales guerras de la primera mitad del siglo XX. Una de las frases más famosas de este fotógrafo fue: "Si tus fotos no son lo suficientemente buenas, es porque no estás lo suficientemente cerca". Y eso para un fotógrafo de guerra, no es cualquier cosa. La búsqueda de la perfección en cada una de sus tomas le arrebató la vida: al separarse del convoy militar francés con el que viajaba para lograr un mejor ángulo, pisó una mina terrestre de presión. Después de cientos, tal vez miles de soldados malheridos, mutilados, muertos, era él quien perdía la vida en la batalla, sin soltar —hasta el último aliento— su cámara. Hijo de un sastre y una modista judíos, desde joven mostró su naturaleza carismática y rebelde. Tuvo que huir de Hungría ante la represión durante la dictadura de Miklós Horthy debido a su inclinación comunista. Pasó por Berlín, pero el ascenso de Hitler lo obligó a abandonar Alemania en 1933. Llegó a París como refugiado, sin estabilidad económica ni contactos profesionales. No dominaba el francés y apenas conseguía vender sus fotografías. Sin embargo, fue en París donde encontró su lugar y se convirtió en leyenda. oplus_8192 Gerda Taro, la mujer que ayudó a “crear” a Robert Capa La exposición documenta la importancia de una mujer que fue clave en la vida de Endre y en la "creación" de Robert Capa. En París, Endre Friedmann conoció a Gerta Pohorylle, una joven judía de origen polaco nacida en 1910. A pesar de venir de una familia acomodada, al igual que Capa tenía una naturaleza inquieta y rebelde. Fue detenida por sus actividades antifascistas y obligada a huir de Alemania. Al encontrarse su compenetración fue total. No solo fueron amantes. Gerda se convirtió en su agente, colaboradora, editora informal y cómplice intelectual. En una Europa que los perseguía por su origen, y buscando salir de la precariedad, decidieron inventar a "Robert Capa", un supuesto fotógrafo estadounidense, célebre y casi inaccesible. Ellos eran sus "agentes autorizados" y vendían sus fotos a un precio mucho mayor que el que habrían obtenido si las vendían como propias. No imaginaron que ese nombre pasaría a la historia de la manera en que lo hizo, y menos aún que la anécdota de que ellos inventaron al personaje sería tan famosa. Endre terminó encarnando al personaje y Gerta adoptó el nombre de Gerda Taro. Durante un tiempo, sus fotografías circularon juntas bajo las firmas "Capa" y "Capa-Taro", lo que provocó que parte de la obra de Gerda quedara absorbida por la fama de él. Sin embargo, Taro también tuvo su propia carrera: publicó con su nombre, eligió sus encargos y desarrolló una mirada propia. España: la fotografía que se volvió emblema y una tragedia insuperable oplus_8192 Una parte de la exposición se centra en la etapa en la que, en 1936, Endre y Gerta — junto a otro protagonista de esta historia, el fotógrafo David “Chim” Seymour, también exiliado en París— cubrieron la Guerra Civil española. En julio de 1937, mientras Gerta cubría la batalla de Brunete, en la Comunidad de Madrid, fue accidentalmente arrollada por un tanque republicano durante la retirada. Murió el 26 de julio, y se convirtió en la primera mujer fotoperiodista que perdió la vida cubriendo un frente. Su funeral se celebró el 1 de agosto, el mismo día en que cumplía 27 años. Ya había logrado reconocimiento y sus fotografías habían sido publicadas en revistas de prestigio. El cortejo fue una multitudinaria manifestación antifascista. Fue enterrada en París, en el cementerio Père Lachaise. Capa quedó devastado y nunca se casó, sin embargo, tuvo múltiples romances y destacó su breve relación con la actriz Ingrid Bergman. Las imágenes que los tres tomaron en España, circularon en revistas europeas y estadounidenses como VU, Regards, Ce Soir, Picture Post y Life, entre otras. Mostraron una guerra vista desde la perspectiva de quienes la padecían. Fotografiaron soldados agotados, campesinos, refugiados, niños, edificios destruidos y despedidas. En el caso de Endre, su agilidad, arrojo y el tamaño pequeño de sus cámaras —Leica II o Contax II principalmente— le permitían moverse con libertad, siempre cazando el mejor tiro. En septiembre de 1936 tomó (¿o montó?) la fotografía conocida como Muerte de un miliciano: un miliciano aparece en el instante en que cae hacia atrás, con el fusil todavía en la mano. Publicada primero en la revista francesa Vu y después en Life, se convirtió en una de las imágenes más famosas del siglo XX. La autenticidad y las circunstancias de la imagen se han puesto en duda: la identificación del soldado, el lugar exacto, la secuencia temporal y la posibilidad de que la escena haya sido montada. No existe consenso al respecto, pero lo indudable es que la imagen impactó al mundo porque, sea verídica o no, logra transmitir lo que Capa quería mostrar. Algunos estudiosos incluso adjudican la autoría a Gerda Taro, ya que en esa etapa compartían cámaras y carretes. Esta es una de las fotos más destacadas de la exposición, acompañada de ejemplares originales de las revistas en las que fue publicada. Normandía: el movimiento, el miedo y once imágenes “magníficas” La peor pesadilla de un fotógrafo es perder su material. Una fotografía, incluso de estudio, no puede ser nunca replicada con exactitud; mucho menos una foto urbana. ¡Qué decir de las fotos de guerra! El 6 de junio de 1944 —principio del fin de la Segunda Guerra Mundial— desembarcaron en Normandía los ejércitos aliados, Y como siempre, mientras otros fotógrafos de la revista Life permanecían en posiciones más alejadas, Capa avanzó con los soldados estadounidenses bajo el fuego alemán y tomó sus fotografías desde el agua, entre explosiones, obstáculos y hombres que intentaban alcanzar la orilla en Omaha Beach. La versión más conocida sobre ese material es que, de los más de cien negativos que envió al laboratorio de Life en Londres, el error técnico de un laboratorista los dañó y solo once fotografías sobrevivieron: borrosas, contrastadas y llenas de movimiento, conocidas como "Las once magníficas". Sí; magníficas. No únicamente por la hazaña histórica, sino porque Capa no era solo un fotógrafo: era un esteta. Sus obras, en ocasiones perfectas y nítidas —precisas como un tiro al corazón— y otras veces desgarradoras y viscerales. La velocidad de la acción, los barridos, no hacen más que magnificar el dramatismo y la violencia de la imagen. El desenfoque, el grano y la dificultad para distinguir los cuerpos. Aquello que parecía un defecto técnico terminó por definir una estética moderna de la guerra. París, 25 y 26 de agosto de 1944 Otro gran momento histórico que retoma la exposición con gran acierto: Capa entró en París el 25 de agosto de 1944, acompañando a la Segunda División Blindada del general Leclerc. Su cámara registró los últimos combates, la participación de los resistentes y las reacciones de una población que oscilaba entre el júbilo, el temor y la ira. La exposición presenta un vídeo que recupera escenas del evento en las que aparece Capa y señala los momentos exactos en los que tomó varias de las fotografías expuestas. Un gran acierto curatorial, sin duda. Las fotografías de Capa sobre la Liberación de París adquieren una dimensión especial al exhibirse en este museo: el refugio subterráneo que se conserva bajo el edificio fue, en agosto de 1944, el puesto de mando desde el que se coordinó la liberación de la ciudad de las fuerzas de ocupación alemanas. Así, las imágenes regresan al lugar donde transcurrieron los acontecimientos y adquieren una nueva dimensión: nos permiten mirar aquellos días desde la perspectiva de Robert Capa, quien estuvo allí para registrarlos. Al día siguiente fotografió el desfile de Charles de Gaulle y la multitud que ocupó los Campos Elíseos. La valija mexicana En México todo lo que pueda pasar —y todo lo que sea casi imposible que pase—, pasa. Así ocurrió con la historia que se conoce como "La valija mexicana" o "La maleta mexicana", que sí se menciona en el discurso curatorial de la exposición. Ni Robert Capa, ni Gerda Taro ni David Seymour estuvieron nunca en nuestro país, pero esa famosa "Valija mexicana" eran tres cajas de cartón con alrededor de 4,500 negativos de la Guerra Civil española realizados por Capa, Gerda Taro y David "Chim" Seymour. Se creían perdidos desde 1939. El material quedó bajo la protección del fotógrafo y laboratorista amigo de Capa, Imre "Csiki" Weiss y, después de pasar por distintas manos, llegó a México. En 2007 fue entregado al International Center of Photography: las cajas contenían 126 rollos tomados principalmente entre 1936 y 1939. El hallazgo quedó documentado en la película La Maleta Mexicana, (2011), dirigido por Trisha Ziff, desde un enfoque que aborda el exilio republicano en México y las heridas de la Guerra Civil española. Magnum y el derecho de los fotógrafos Esta exposición ha sido posible gracias a una alianza con Magnum Photos, lo cual es significativo debido a que en 1947, Capa fundó Magnum Photos junto con Henri Cartier-Bresson, David "Chim" Seymour, George Rodger y William Vandivert. Pretendían transformar la relación entre los fotógrafos y los medios: sus integrantes conservarían los negativos, controlarían el uso de sus imágenes y desarrollarían proyectos con mayor autonomía, pues las revistas solían apropiarse del material y modificar su sentido mediante la selección y los pies de foto. Esto significó un gran avance para el gremio. Disparos para la posteridad Para Robert Capa, la fotografía y la guerra estuvieron presentes en su vida personal, amorosa y profesional hasta el último día. Siempre me pareció curioso cómo en varios idiomas se utiliza la palabra "tiro", "disparo", "shoot" para referirse al momento en el que se aprieta el botón “disparador”. También como al igual que un prisionero de guerra es capturado, se “captura”, una imagen. Para Robert Capa, esa semejanza iba más allá de las palabras: la cámara era su arma. Pero sus disparos no mataron: capturaron imágenes que hasta el día de hoy nos impactan y conmueven. Erandi Avalos, historiadora del arte y curadora independiente con un enfoque glocal e inclusivo. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Sección México y curadora de la iniciativa holandesa-mexicana “La Pureza del Arte”. erandiavalos.curadora@gmail.com