José Roberto Morales Ochoa, colaborador La Voz de Michoacán «Australia es el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa. Es la única isla que también es continente y el único continente que a su vez es un país. Es el más seco, árido, yermo y climáticamente agresivo de todos los continentes habitados y no obstante, lleno de vida...» — Bill Bryson, En las antípodas José Roberto Morales Ochoa Este reportaje se hace como una bitácora de viaje, que parte como un homenaje al magnífico libro “En las antípodas” de Bill Bryson (Estados Unidos, 1951), mismo que fue mi primera referencia durante la planeación de este viaje familiar que realizamos mi esposa y yo para este 2026. Es un libro que inicia con una introducción violenta, y que resulta también un resumen claro de aquel gran universo que descubrirás frente a ti, en un continente remoto donde la sensación que te anticipa el autor es fiel a la realidad. Un texto que advierte un país salvaje, peligroso, aislado, adverso, pero extrañamente bello. Mi ingenuidad me llevó a suponer que este reportaje sería sobre investigar periodísticamente la mexicanidad que encontraría en este país, y sin duda hay algunos rasgos identitarios que tienen permeados a este lugar situado a trece mil kilómetros de casa. Pero la realidad y las circunstancias me llevaron a aceptar que el tema se agotaría brevemente o que me tomaría más tiempo, lo confieso. A través de un grupo de Facebook de “mexicanos en Australia”, pude reunir alguna información de cineastas en formación, un grupo de danza folclórica mexicana, un proyecto de lucha libre mexicana, así como de algunos restaurantes de comida mexicana en algunas ciudades de aquí. Pero la primera dificultad es la distancia entre los lugares y la brevedad que significan unas vacaciones para descubrir todo lo que este país tiene para mostrar. Un poco de contexto histórico En algo que se parece Australia a nuestro continente americano, es en lo reciente de su incorporación o “descubrimiento” a la civilización occidental; a pesar de tener una historia ancestral, de tener indicios de sus antiguos habitantes aborígenes de más de sesenta y cinco mil años, por ser poseedora de las tradiciones culturales continuas y vivas más antiguas del planeta. Todo cambió de golpe a finales del siglo XVIII, cuando navegantes del imperio británico arribaron a esta gran isla, para descubrir un territorio inhóspito y fundar un penal de ultramar. Lo que siguió fue una de las más violentas conquistas y sometimiento de los pobladores originarios, en pro del florecimiento de las haciendas ganaderas y la posterior explotación de minerales, especialmente de oro en el siglo XIX. Fue hasta la oficialización del país en 1901 y tras todo del vertiginoso siglo XX, que Australia dejó atrás una infame doctrina de exclusión racial para convertirse en la próspera democracia que hoy intenta reconciliar su modernidad con las heridas de su pasado. Sin lugar a duda aquí todo tiene esa sensación de nuevo, se percibe un orden social que funciona a la perfección con leyes de desarme total de la población civil, urbanización bien planificada, medidas legales estrictas y una gran apertura sistemática y ordenada para la migración. Los museos, una ventana a la historia de un lugar Art Gallery of NSW A una breve caminata por el real jardín botánico, del puerto de Sídney, está la Galería de Arte de Nueva Gales del Sur, un testimonio claro de la transformación cultural del país. El contraste es drástico: una fachada neoclásica entremezclada con silueta vanguardista del edificio Naala Badu —diseñado por el prestigioso estudio japonés SANAA—, una estructura de vidrio y acero que parece flotar hacia el mar. En el interior, la institución museal despliega una gran colección que parece priorizar los diálogos visuales de las narrativas ancestrales de las primeras naciones, con el impresionismo australiano, las vanguardias asiáticas y europeas, así como algunas de las manifestaciones globales más recientes. En este museo todo funciona, gran ludoteca, gran centro de documentación y biblioteca. Llama la atención las salas de exclusividad para benefactores del museo. Durante el recorrido presencié una obra de Philip Guston, una escultura de Ron Mueck, unos imponentes cuadros de Picasso y otros de Bacon. Mi primera fascinación en este recinto, vino cuando en el trayecto del recorrido descubrí una videoinstalación “Second-hand Reading” (2013), una pieza de animación en formato de flip-book del artista sudafricano William Kentridge que fue exhibida bajo el auspicio de Fundación Cinépolis, en el Centro Cultural Clavijero, de Morelia, Michoacán, en 2019. Un momento coincidente único, que me recuerda lo valioso e interconectada que es la labor en el museo. Otro encuentro feliz, fue encontrar una pieza escultórica “The act of perseverance” (Instalación de técnica mixta con materiales encontrados), de José Dávila (Guadalajara, Méx.,1974), obra comisionada en la XXII Bienal de Sídney (2020). El primer reto que obtuvimos en este otro polo del mundo, fue el de descubrir y encontrar autores totalmente extraños a nuestra cultura, formas y colores que, aunque familiares, llevaban otros contextos consigo. Una historia del arte, ampliamente ajena a la nuestra, que, aunque esto parezca mucho a Londres, es un lugar con pequeñas grandes diferencias históricas, estéticas y simbólicas. Una lección verdadera, sobre la importancia de los museos y cómo nos permiten tener una pequeña ventana hacia el lugar donde nos situamos. “Loving” y el museo Qtopia, Sídney En nuestro segundo día de arribo por la ciudad, pudimos dar un gran paseo a pie en busca de desayuno, seguimos recomendaciones y por suerte llegamos a un colorido lugar, que trazaba en el arcoíris de la comunidad, el estandarte que anunciaba un importante lugar con una memoria viva. En un barrio bohemio de Sydney, en Darlinghurst, el epicentro histórico de las luchas por los derechos LGBTIQ+ en Australia, Qtopia, es un museo, dedicado a preservar y visibilizar la memoria histórica queer de la región y el mundo. Ubicado a media cuadra de la antigua prisión, hoy la National Art School, en un emblemático complejo que albergó la antigua comisaría de Forbes Street; este espacio hoy funge como una plataforma de educación, arte y justicia histórica para la comunidad. En ese simbólico recinto se presenta la exposición Loving, una poderosísima muestra curada por Holly Riding y Jeremy Smith que rescata de la invisibilidad una parte esencial de la afectividad humana. La exhibición se nutre del célebre acervo privado de Hugh Nini y Neal Treadwell —quienes durante décadas reunieron más de 4,000 fotografías de intimidad entre personas del mismo sexo tomadas entre la década de 1850 y mediados del siglo XX en los cinco continentes—. Iniciada tras el hallazgo fortuito de una pequeña fotografía decimonónica en una tienda de antigüedades en Texas, la colección expone hoy cientos de retratos originales —incluida una valiosa pieza tomada en Sídney en el siglo XIX— que documentan en video e imágenes miradas, gestos y abrazos entre varones. Acompañada por un documental que rastrea el origen del proyecto, Loving celebra actos de discreta valentía en épocas donde manifestar el afecto implicaba un riesgo real, afirmando la permanencia, el afecto y la resiliencia queer a lo largo de la historia moderna. Este espacio nos estremeció y emocionó por la potencia de su mensaje, permanecimos largo rato cautivados por lo adecuado y atractivo de su museografía, además de lo breve y sustancioso que resultaron todos los contenidos. Una colección para la reivindicación del arte nativo: QAGOMA en Brisbane Brisbane y Sydney a pesar de no ser las capitales políticas de Australia (honra reservada a Canberra); ambas se erigen como dos de las metrópolis más prósperas, pobladas, con mayor calidad de vida e índices de felicidad del planeta. Son ciudades que destacan por su pulcritud, su impecable infraestructura y la calidez de sus habitantes, pero sobre todo por un marcado carácter cosmopolita. Entre una arquitectura vanguardista, centros culturales de primer nivel y una sólida red de bienestar social, estas ciudades encarnan el dinamismo de una nación que avanza a pasos agigantados. Y bajo este contexto, y en una de las ciudades más hermosas del planeta es que se encuentra al emblemática: Queensland Art Gallery. En una de las piezas al interior de la galería, se puede leer a través de un collage una provocadora frase: “Australian Art Does Not Exist”, la obra se titula “Judgement Day o Bell's Theorem”, 2008, acrylic on canvas, 240 x 360 cm, del artista aborigen australiano Richard Bell, quien a través de su concepto artístico, visibiliza el racismo sistémico, la injusticia territorial y la política de los pueblos indígenas, todo ello con una mirada humorística. Mediante su icónica obra, Bell reivindica la soberanía indígena, al tiempo que recuerda a la Australia anglosajona que vive y prospera en tierras robadas – dicho por el artista a lo largo de su obra. Esta pieza es una gran introducción para el tema de discusión que se respira al interior de la curaduría de este recinto histórico que data desde 1895, el Queensland Art Gallery y la Gallery of Modern Art del 2006, mismo que pone en entredicho la paradoja de un arte occidental, con un gran acervo de arte nativo que se impone y cuestiona la colonización. Es también depósito de una de las más importantescolecciones de arte contemporáneo de gran importancia mundial procedente de Australia, Asia y el Pacífico.Sede de la célebre Trienal de Arte de Asia-Pacífico, su acervo integra contrastes entre textiles ancestrales, piezas escultóricas contemporáneas, así como importantes piezas artísticas de creadores de las Primeras Naciones australianas y de las islas del Pacífico. Reflexión personal Esta bitácora de viaje es un muy ínfimo intento por reseñar algunos de los espacios museísticos que tiene para ofrecer este maravilloso país. Me llevo más preguntas y curiosidades sobre lo que ocurre y cómo operan los museos de este lado del globo: un viaje que abrió mi panorama hacia las similitudes y discrepancias entre lo que culturalmente comprendo y lo que aquí he podido palpar. Hoy entiendo mejor el aislamiento histórico en el que se ha desarrollado esta nación, pero también las complejas influencias y el palpitar de una sociedad étnicamente diversa en busca de su propia esencia, donde persiste una urgente necesidad por recuperar lo primigenio; algo que resulta evidente al menos en los discursos de sus artistas. Australia me ha sorprendido y me ha invitado a replantearme la función misma del museo, a cuestionar mi propia visión y mis sesgos culturales, pero, sobre todo, a redescubrir otras maneras de crear, hacer y compartir. Hoy me quedo con las ganas de escribir sobre la mexicanidad en Australia, a pesar de estar atento a todos aquellos rasgos de mi identidad, aquí he sentido una voz aún muy tenue, pero que espero pronto contribuir en hacer resonar. Pero me llevo un gran aprendizaje gracias esta nación y a mi familia aquí, sobre la importancia de la migración armoniosa y amable, del compartir y agradecer la tierra nuestra, en ser aliados, y también ser cuidadosos los unos con los otros. Agradezco a todos los que permitieron que mi estadía aquí fuera tan provechosa como lo ha sido. *Fotografías: Marisa Barbosa Serrato José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales. Instagram: @jrobertomorales Email: imrobertomorales@gmail.com