La voz
Secciones
  • Tecnología
  • Clima y fenómenos
  • Estilo
  • Especialistas COVID-19
  • Ruta-2021
  • Michoacán
  • Seguridad
  • Economía y Finanzas
  • México
  • Mundo
  • ¿A dónde vamos?
  • Vida
  • Entretenimiento
  • Cultura
  • Ciencia y Tecnología
  • Deportes
  • Edictos
  • Especialistas
  • Opinión
  • Servicios
    • La Voz Pack
    • Aviso Económico
    • Voy Paseando
    • Gente MCH

    SÍGUENOS

    La Voz de Michoacán La voz La Voz de Michoacán

    Buscar Cerrar
    Secciones
  • Michoacán
  • Seguridad
  • Economía y Finanzas
  • México
  • Mundo
  • ¿A dónde vamos?
  • Vida
  • Entretenimiento
  • Cultura
  • Ciencia y Tecnología
  • Deportes
  • Edictos
  • Especialistas
  • Opinión
  • Servicios
    • La Voz Pack
    • Aviso Económico
    • Voy Paseando
    • Gente MCH

    SÍGUENOS

    La voz
    • Inicio
    • Michoacán
    • Morelia
    • Seguridad
    • México
    • Reportajes
    27|08|2026  17:24
    Secciones
  • Michoacán
  • Seguridad
  • Economía y Finanzas
  • México
  • Mundo
  • ¿A dónde vamos?
  • Vida
  • Entretenimiento
  • Cultura
  • Ciencia y Tecnología
  • Deportes
  • Edictos
  • Especialistas
  • Opinión
  • Servicios
    • La Voz Pack
    • Aviso Económico
    • Voy Paseando
    • Gente MCH

    SÍGUENOS

    PUBLICIDAD
    Jueves | 27 Ago, 2026, 15:14

    Juan Carlos Jiménez Abarca: encontrar un lugar en el movimiento

    Nacido en Ciudad de México en 1981, estudió Psicología antes de abandonar la carrera y su casa para emprender una vida independiente

    Víctor E. Rodríguez Méndez

    A los 45 años, Juan Carlos Jiménez Abarca no parece interesado en llegar a una estación definitiva. Historiador del arte, curador, editor, investigador y docente, ha construido su trayectoria hacia las escenas locales de arte, el espacio público y las tensiones entre historiografía y curaduría. Más que especializarse en una sola forma de entender el arte, ha hecho de la conexión una manera de trabajar desde el desplazamiento entre disciplinas, proyectos y territorios: entre historia y psicología, entre crítica y comunicación, entre prácticas artísticas y ciencias ambientales, entre memoria y futuro.

    PUBLICIDAD

    Su experiencia incluye la curaduría local de la XIV Bienal FEMSA, la dirección del Museo de Arte Contemporáneo “Alfredo Zalce”, la tutoría de proyectos de investigación artística en Uberbau House, en São Paulo, y la docencia universitaria, además de su labor como crítico y editor independiente, ampliando su campo de acción hacia la escritura y la producción de discursos en torno al arte.

    Nacido en Ciudad de México en 1981, estudió Psicología antes de abandonar la carrera y su casa para emprender una vida independiente. Vendía libros y plata en Coyoacán cuando aquella transición personal lo llevó a Morelia. Allí encontró en la historia del arte una ruta que prolongaba preguntas que ya estaban presentes en su formación: la sensibilidad social, las ideologías, la interpretación de las imágenes, los dichos y los mensajes y, sobre todo, la relación entre las personas y su entorno.

    Su acercamiento a la psicología nunca desapareció. Le interesaba su dimensión social y colectiva más que la clínica, y aquella mirada terminó encontrando un cauce en la historia del arte. La crítica, la entrevista y la interpretación de las prácticas culturales le permitieron descubrir que el trabajo del historiador también podía ser una forma de comunicación.

    PUBLICIDAD

    “Me di cuenta de que como historiador de arte tenía un mundo por interpretar”, explica en entrevista. “Ese foco me abrió muchas perspectivas”. En esa tarea, la obra dejó de ser únicamente un reflejo de quien la produce. Aprendió a mirar aquello que ocurre alrededor: “Encontré la idea de darle una dimensión comunicativa a las prácticas artísticas, y también diferenciar cuándo el arte se trata de la persona que lo produce y cuándo la obra está más bien operando en las redes de significados, las influencias y los acontecimientos que ocurren fuera de la vida de esa persona. Esa experiencia fue muy ilustradora”.

    De ahí proviene una de sus convicciones centrales: no todo arte debe ser leído desde la biografía del artista ni reducido a la fórmula del “arte por el arte”. Lo que hoy le interesa, según dice, es “encontrar obras y proyectos capaces de salirse de la experiencia individual para establecer diálogos con otras ideas, disciplinas y problemas, aunque sean proyectos pequeños”.

    En ese tránsito descubrió también una inesperada cercanía con la contabilidad, una disciplina presente en la historia familiar a través de su madre y su padre (contables ambos). La relación no está en los contenidos, sino en la importancia del dato, señala el también maestro en Historia del Arte por la Universidad de Morelia. Frente a la tendencia de preguntarse permanentemente qué es el arte, Juan Carlos Jiménez reivindica la importancia del dato y la necesidad de documentar, verificar, comparar y construir argumentos sobre bases concretas.

    “Si vas a crear un argumento, los datos a los cuales te adhieres son fundamentales”, sostiene. En este sentido, para él, escribir, entrevistar, editar o construir una exposición exige “evitar que las interpretaciones se vuelvan etéreas y que tengan una base real de conversación”.

    Esa preocupación por el dato se relaciona directamente con otra de sus inquietudes: la memoria. Buena parte de su trabajo reciente ha consistido en investigar aquello que puede desaparecer si nadie lo registra. En su experiencia, las tecnologías digitales han transformado la manera de conservar la información. Los archivos físicos de los museos pueden contener cajas, carpetas y documentos consultables; hoy, buena parte de la historia de una exposición permanece en correos electrónicos que no necesariamente se conservan como acervos públicos.

    Por eso insiste en que producir cultura también significa construir soportes para el futuro, como es su caso a través de la edición, la investigación de exposiciones y los archivos y tecnologías digitales. Afirma: “Producir cultura tiene que ver con investigar, conectar, producir soportes y que esos soportes duren para las conversaciones del futuro.”

    Intervenir el presente

    Su proyecto Banco de Niebla [bancodeniebla.art/] responde precisamente a esa preocupación. Lo que comenzó como un blog personal se convirtió en un archivo digital destinado a reunir textos, documentos, imágenes, videos y registros de proyectos. No busca competir por audiencia en el ecosistema de las redes sociales. “No apuesto a la popularidad, más bien apuesto a la presencia y la permanencia”, asegura Juan Carlos.

    La frase resume una parte importante de su relación con la cultura: documentar trayectorias, recuperar testimonios y reconstruir episodios de la historia artística de Michoacán son, para él, formas de intervenir en el presente.

    En esa búsqueda aparecen historias que considera todavía insuficientemente contadas: la introducción del arte abstracto en Michoacán, la consolidación de la Escuela de Artes de la Universidad Michoacana, el papel de quienes enseñaron en la Casa de la Cultura de Morelia, la historia del Museo de Arte Contemporáneo de Pátzcuaro y, sobre todo, la trayectoria de Francisco Rodríguez Oñate (“el agente cultural más completo de su generación”), entre otras.

    También reivindica la necesidad de mirar con mayor atención a figuras como Martha Palau. Frente a la narrativa que ha colocado a Alfredo Zalce como una figura central de la transformación artística michoacana, Jiménez Abarca considera que Palau abrió otras posibilidades: el arte abstracto, la mística, la cultura de las mujeres, la conciencia y el vínculo con la naturaleza durante el tiempo que colaboró en la administración de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, aquí en Michoacán.

    Su interés por la memoria no significa, sin embargo, vivir anclado en el pasado. Su trabajo actual se desplaza hacia problemas ambientales y hacia las relaciones entre arte, territorio y ciencias. Ese giro supone también una modificación en su manera de entender el arte. La tradición humanista que coloca al ser humano en el centro ya no le resulta suficiente. Desde una perspectiva cercana al posthumanismo, le interesa pensar cómo las prácticas artísticas pueden ayudarnos a relacionarnos con aquello que durante mucho tiempo consideramos externo: otras especies, los ecosistemas, los microorganismos, los cuerpos de agua y las formas de vida que atraviesan las ciudades.

    “Veo cada vez más proyectos que nos permiten conectarnos con lo que estaba antes de nosotros, que buscan introducir al humano a las muchas categorías que existen del mundo”, dice. El propósito, en última instancia, es encontrar “una forma de vivir una vida más vivible”.

    Ese desplazamiento explica también su interés por el trabajo multidisciplinario. Ya no busca permanecer únicamente en los circuitos de la historia del arte o de la cultura institucionalizada de Morelia y Michoacán. Le resultan más estimulantes los encuentros con personas comunicólogas, antropólogas, abogadas, ingenieras, artistas e investigadoras de distintas áreas, tal como sucede actualmente en el diplomado en curaduría del que forma parte como docente.

    La misma lógica atraviesa su concepción de la crítica. En un contexto donde, según observa, la crítica de arte se ha fragmentado entre redes sociales, medios digitales y distintos ejercicios de opinión, Jiménez Abarca rechaza la figura del crítico como juez o “cadenero” que decide quién entra y quién queda fuera del sistema artístico mediante sus escritos.

    Su apuesta es otra: “Me gusta más perseguir proyectos de conversación y constructivos, en lugar de funcionar como un semáforo que determina qué está bien o mal”. Prefiere que la crítica opere como una señal que indica por dónde continuar.

    La curaduría comparte esa vocación. Para él, seleccionar obras y colocarlas ante el público es apenas una parte —y quizá no la más interesante— del proceso. Lo verdaderamente importante sucede en el diálogo con artistas, investigadores y públicos; en la escritura, el acompañamiento y la capacidad de provocar conversaciones. “La curaduría es un proceso de varias etapas y la selección solamente una”, señala.

    Transformación y movimiento

    Esta perspectiva está presente en proyectos como Los futuros abiertos. Prácticas de la imagen entre ficción, tecnología, territorio y territorio, exposición colectiva vinculada con el Centro de la Imagen, el colectivo Tragaluz y el Festival Foto Septiembre. Allí la intención no es construir una exposición de “arte michoacano”, sino reunir proyectos realizados desde Michoacán capaces de dialogar con preocupaciones más amplias.

    Su mirada sobre Morelia parte de la misma premisa. Jiménez Abarca evita pensar la escena local como un territorio aislado. Para él, mirar únicamente a la capital michoacana implicaría reproducir, paradójicamente, el centralismo que durante años se ha cuestionado. “Para no pensar esta ciudad y sus creadoras y creadores en su unicidad, me gusta aproximarme a las prácticas artísticas con otros estados de la República, cómo están conectadas o, incluso, cómo están haciendo obras semejantes. Trato de encontrar esas consonancias, no escapando de ellas, sino más bien tratando de reunirlas”.

    También observa cambios en las preocupaciones de los artistas. Si durante años la violencia fue un tema recurrente, hoy el agua, los ríos, los cerros y el deterioro ambiental parecen ocupar un lugar cada vez más visible. “Ahora la cura se necesita en otro lado: en los ríos, en el agua, en los cerros y los espacios de la ciudad”.

    En esa transformación se encuentra también él mismo. Después de años de participación constante en la escena cultural michoacana, decidió disminuir su exposición pública para concentrarse en producir: investigar, escribir, editar, diseñar, hacer exposiciones y acompañar procesos de formación. Incluso su relación con la docencia cambió. Tras alejarse de las aulas durante un periodo porque no encontraba satisfacción en enseñar, regresó a un nivel especializado y descubrió otra manera de compartir conocimiento: no transmitir simplemente lo que sabe, sino generar experiencias que puedan servir a quienes están aprendiendo.

    A esa etapa pertenece también su trabajo reciente llamado El Cerro y el Agua, laboratorio multidisciplinario de nuevas imágenes que articula prácticas artísticas, ciencias ambientales y crisis ecológica, presentado en el festival Ramificaciones Edición 2026 de Zacatecas. La caminata y la experiencia sensible forman parte de una metodología que busca modificar la percepción del territorio antes que limitarse a explicarlo.

    Encontrar su lugar

    En el fondo, su trayectoria parece haber llegado a un punto en el que las fronteras profesionales pesan menos. Historia del arte, edición, curaduría, investigación, docencia y crítica son herramientas para una preocupación mayor: comprender, conectar y dejar registro.

    Pero esa búsqueda profesional convive con una pregunta íntima. Jiménez Abarca no habla de plenitud. Habla de un vacío con el que ha aprendido a negociar. La muerte de su padre, el futuro de su madre y la pregunta por los años que le quedan han modificado también su manera de pensar el tiempo y el lugar propio.

    “No me siento en plenitud porque vivo insatisfecho y tengo un vacío aquí”, reconoce, señalando el pecho. Ya no intenta necesariamente llenarlo. Ha aprendido, dice, a aceptar el gris para que los colores aparezcan de una manera más especial.

    También ha dejado de perseguir con la misma intensidad la pertenencia. Durante años buscó formar parte de grupos, academias e instituciones. Su trayectoria, sin embargo, terminó siendo móvil, múltiple, independiente. Hoy parece aceptar esa condición como parte de sí mismo: “He ido buscando mi lugar, ese lugar que nadie me va a dar”.

    La frase funciona como una especie de síntesis de su recorrido. Juan Carlos Jiménez Abarca no parece haber encontrado un lugar definitivo en el arte, sino una forma de habitar sus desplazamientos; investigar, editar, curar, documentar, enseñar y conversar son maneras de construirlo. Quizá por eso su trabajo se mueve constantemente entre territorios: del archivo al presente, de la obra al entorno, de Morelia a otras regiones, de la historia del arte a las ciencias ambientales.

    Y así, en ese movimiento encuentra una forma de compañía. “Estoy encontrando mi lugar y es mi forma de no estar solo, aunque me sienta solo”.

    Víctor Rodríguez, comunicólogo, diseñador gráfico y periodista cultural.

    Especiales

    "Persona analizando sus finanzas personales con un gráfico de gastos y ahorros".
    23 Abr, 2026, 23:00

    Especiales

    ¿Cuál es su personalidad financiera? ¡Le conviene saberlo!

    16 Jul, 2024, 18:33

    Especiales

    ¿Cuál es su perfil laboral: empleado ‘SI’ o ‘Ya veremos’?

    PUBLICIDAD

    Las más leídas

    • Reportan presunto enfrentamiento entre grupos criminales en Pedernales, municipio de Tacámbaro por Huante
    • Confirma SSP un muerto tras enfrentamiento en Pedernales, Tacámbaro por Huante
    • FGE pide ayuda para identificar a mujer localizada sin vida en la plaza de Tarímbaro por Huante
    • Tráiler cruza sin frenos la caseta de Zinapécuaro y choca a una Caddy; hay un herido por Huante
    • Atacan a policías en Tacámbaro y bloquean carretera; hay un herido y un presunto delincuente detenido por Osiris

    PUBLICIDAD

    Destacadas

    • Cine | 5:00 pm

      Historias de mujeres, violencia y resistencia: 16 días, 12 proyecciones y cuatro ciudades; así será Divergentes 2026

    • La morenista Gladyz Butanda en rueda de prensa.
      Morelia | 4:40 pm

      Resolución de la SCJN frena simulación en candidaturas independientes: Gladyz Butanda

    • Rubén Rada, músico uruguayo referente del candombe y la música popular
      Música | 4:35 pm

      Muere a los 83 años Rubén Rada, referente del candombe uruguayo y la música latinoamericana

    • Jueves | 3:20 pm

      “Miiuni” palabra de la lengua purépecha

    PUBLICIDAD
    • Aviso legal
    • Quiénes somos
    • Clean Ranks Partners
    • Contacto