El arte es para todos. Debería ser para todos y estar en todos, porque todo es arte. Sublime afán que convoca y une a las personas que a través de su propia historia humana han plasmado su porvenir en paredes, lienzos, moldeado arcilla, martillado cobre y en un sinfín de expresiones más reflejando su conciencia, su propio texto. Esa eterna persecución de lugares, momentos y expresiones es constante búsqueda inherente a la propia condición humana. ¿Dónde estar bien?, ¿dónde se ubica la plenitud?, ¿dónde se respiran metáforas de otras historias y vivencias? ¿Dónde podemos encontrar pares y símiles que nos acerquen a la profundidad de la conciencia humana?, a nuestro ADN primordial que nos recuerde que no somos más que almas en tránsito en este devenir. Pues hay espacios que abren para tratar de responder estas preguntas. Que abren para albergar esperanza y difundir ilusiones, en medio del bullicio urbano cotidiano. “The Last Supper” (TLS) es más que un espacio artístico. Es un rincón de encuentros, de placeres oníricos, de profundidad y melancolía, de justamente, esperanza e ilusión. El arte no debe ser para unos cuantos, debe abrirse a la humanidad, así lo hace TLS que evoca y convoca, en una ciudad, Morelia, que siempre ha transitado entre lo tradicional y contemporáneo, y a veces pienso que no se acaba de definir. A veces, Morelia no encuentra su lugar verídico en el tiempo. Como atrapada en los siglos antiguos y modernos. Pues TLS propone evidencia para generar ese espacio que pueda definir esa vocación de ciudad artística. Y necesitamos más espacios así, que incluso nos ayuden a encontrarnos a nosotros mismos y a los nuestros. El arte es para todos. TLS abre sus puertas, pero sobre todo, abre nuestra conciencia para apreciar las propuestas artísticas de autores nacionales e internacionales. Locales y foráneos. Contadores plásticos de historias que muchas veces vemos reflejadas en nuestra alma a través de esos lienzos y de sus propuestas. Juan Carlos Vega Solórzano