Ashley Rodríguez / La Voz de Michoacán Dieciocho años después del atentado del 15 de septiembre de 2008, las heridas de aquella noche permanecen abiertas para quienes sobrevivieron en Morelia. Hay víctimas que todavía cargan esquirlas incrustadas en los huesos, lesiones permanentes, dolor físico y secuelas psicológicas, mientras que otras regresan cada año a la plaza Melchor Ocampo para recordar a quienes murieron y exigir que la tragedia no sea olvidada. “Mi sobrino falleció tres días después”, recuerda José García Guerrero, una de las víctimas directas de aquella noche. Su sobrino tenía apenas 13 años y, a pesar de estar herido, permaneció pendiente de su abuela después de la explosión, hasta que murió tres días más tarde. Para quienes estuvieron ahí, el 15 de septiembre dejó de ser una noche de celebración. Se convirtió en una fecha marcada por el miedo, la pérdida y recuerdos que, aseguran, siguen presentes casi dos décadas después. José García Guerrero acudió aquella noche al Grito de Independencia acompañado de su familia. Mientras comenzaban los fuegos pirotécnicos, las explosiones se mezclaron con el ruido de la celebración y, durante unos segundos, nadie entendía qué estaba ocurriendo. “Mi mamá cayó por un lado, mi sobrino, mi hermana, todos regados”, relató. La onda expansiva lanzó a varias personas al suelo y provocó un caos entre los asistentes. José intentó levantarse, pero no podía comprender por qué sus piernas no respondían. Fue hasta que disminuyó la adrenalina cuando descubrió que tenía una pierna rota. A su alrededor, familiares y desconocidos permanecían heridos. Algunas personas no podían moverse y las ambulancias enfrentaban dificultades para atender a la cantidad de víctimas. José recuerda que entre quienes comenzaron a brindar auxilio había jóvenes que se encontraban en la zona y que tenían conocimientos de enfermería. Pero una de las imágenes que más permanece en su memoria es la de su sobrino de 13 años, herido y preocupado por su abuela, quien falleció tres días después. Esquirlas que siguen dentro del cuerpo Las heridas de aquella noche no terminaron cuando los sobrevivientes salieron de los hospitales. José asegura que todavía vive con esquirlas en el cuerpo y con un dolor que, con los años, ha afectado su movilidad: “El daño es permanente y va a subir”, expresó. La historia se repite entre otros sobrevivientes. Guadalupe Hernández, quien resultó afectada junto con su esposo y su hija, asegura que ambos quedaron incapacitados debido a las lesiones en las piernas. “Son daños que nos quedaron y que nos siguen perjudicando y seguimos teniendo complicaciones, y pues te repito, no se van a quitar”, señaló. Explicó que ella continúa recibiendo atención psicológica y psiquiátrica, pues las imágenes de aquella noche y el hecho de haber visto a su esposo y a su hija lesionados permanecen como una de las experiencias más difíciles de su vida. “Ver a mi hija y a mi esposo fue más duro que el hecho de que yo estuviera lesionada”, relató. Para las víctimas, las consecuencias tampoco son iguales todos los años. Hay temporadas en las que su salud física o emocional les impide acudir a los actos conmemorativos. “Nunca he vuelto a pisar la plaza en la noche” Hugo Michel tenía apenas 14 años cuando acudió al Grito de Independencia junto con un grupo de aproximadamente 10 personas. Se encontraba a unos dos metros del sitio donde ocurrió una de las explosiones. Una esquirla se alojó en su ojo izquierdo. Los médicos llegaron a advertirle que podía perderlo; sin embargo, después de una cirugía logró conservar la vista, aunque asegura que actualmente solo tiene alrededor de un 60 por ciento de visión en ese ojo. También tiene ocho esquirlas incrustadas en el pie derecho, alojadas en el hueso. Los médicos le han explicado que retirarlas implicaría un procedimiento que podría provocar daños graves en nervios y huesos. El dolor se intensifica, especialmente durante las temporadas de frío. Hugo tampoco ha vuelto a la plaza durante la noche del 15 de septiembre desde aquel año. No necesariamente por miedo a que vuelva a ocurrir un atentado, sino por la tristeza y los recuerdos que le provoca regresar. “Me viene la tristeza, me viene la nostalgia de esa noche”, expresó. Una tía murió después, a consecuencia de los daños Las secuelas también han cobrado factura con el paso de los años. Hugo recordó a su tía Rita, quien también resultó gravemente herida durante el atentado y falleció hace tres años a consecuencia de una insuficiencia renal que, de acuerdo con su testimonio, fue provocada por los medicamentos que utilizaba para controlar el dolor. Así, para las víctimas, las consecuencias del 15 de septiembre no terminaron aquella noche. Algunas personas murieron en los días posteriores, otras han fallecido años después, y quienes permanecen con vida aseguran que todavía enfrentan complicaciones derivadas de las lesiones. “No hemos tenido justicia” Además del dolor físico, existe una herida que los sobrevivientes consideran todavía abierta: la falta de claridad sobre los responsables. Hugo lo resume en una palabra: injusticia. “A 18 años no hemos podido conocer las caras, saber qué fue lo que pasó”, afirmó. Explicó que, alrededor de 2018, algunos de los afectados fueron citados para continuar con diligencias fuera de Michoacán, pero decidieron no acudir debido a las condiciones y al tiempo transcurrido desde el atentado. Guadalupe Hernández también decidió no continuar con el proceso. Su argumento fue que, incluso si se conseguía una condena, eso no le devolvería su salud ni la tranquilidad de su familia. Aseguró que, con el paso de los años, muchos afectados terminaron cansados de tener que insistir ante distintas administraciones: “Justicia como tal no la hemos tenido y yo creo que no la vamos a tener”, lamentó. Familias que también quedaron heridas Liliana Díaz Fernández no estuvo aquella noche en la plaza. Se enteró de lo ocurrido a través de la televisión; su familia, sin embargo, quedó directamente marcada por el atentado. Su cuñada murió en el lugar y tres de sus sobrinos resultaron heridos. La explosión los alcanzó cuando se encontraban a muy corta distancia del sitio donde cayó una de las granadas. Los tres quedaron con esquirlas en el cuerpo; algunas, explicó, se encuentran en zonas donde retirarlas representa un riesgo. Después del atentado comenzó otra odisea: encontrar a los familiares heridos. Uno fue trasladado a un hospital, otro al IMSS y otro al Hospital Infantil. La familia pasó prácticamente toda la madrugada tratando de localizar a cada uno. A su cuñada la encontraron hasta cerca de las ocho de la mañana. El caos de aquella noche también quedó grabado en los relatos familiares: ambulancias que no podían avanzar con facilidad, personas que no sabían qué estaba ocurriendo y heridos que fueron trasladados a distintos hospitales: “Se rompieron muchos núcleos familiares”, explicó Liliana. Para ella, las consecuencias del atentado no solamente se miden en las lesiones físicas. También están las familias que perdieron a integrantes, las personas que quedaron con afectaciones psicológicas y quienes todavía requieren operaciones, atención médica o apoyo para continuar con su vida. “Que no se olvide” A pesar del dolor, las víctimas y sus familiares regresan cada año al lugar. Guadalupe asegura que asistir al acto representa, principalmente, una forma de mantener viva la memoria. “Qué bueno que no se olvide”, expresó. José García Guerrero también vuelve para recordar a sus seres queridos: “Es venir y recordar a mis seres queridos, a todas las personas que fallecieron y no olvidarlas”. Para él, estar nuevamente en el sitio donde ocurrieron los hechos es una manera de acompañar a quienes ya no están. “Uno en el corazón no las olvida”, dijo. Una fecha que cambió para siempre Aunque Hugo Michel considera que después del atentado se incrementaron las medidas de seguridad en los eventos masivos y reconoce que las nuevas generaciones tienen derecho a disfrutar de las fiestas patrias, él decidió no volver a la plaza durante la noche del 15 de septiembre. Otros sobrevivientes tampoco han regresado. La plaza, que para miles de morelianos representa música, celebración y orgullo patrio, para ellos también guarda recuerdos de una de las noches más dolorosas de su vida. Liliana Díaz Fernández resume el reclamo de los familiares en dos palabras: seguridad y justicia. Mientras tanto, quienes sobrevivieron continúan enfrentando las consecuencias de aquella noche: algunos con esquirlas que permanecen dentro de sus cuerpos, otros con tratamientos psicológicos y psiquiátricos, y todos con recuerdos que, aseguran, el paso de los años no ha conseguido borrar. Dieciocho años después, las víctimas siguen levantando la voz para que el 15 de septiembre de 2008 no quede en el olvido.