Así fue la llegada de los perros europeos a Michoacán, en el siglo XVI

En 1579 se registró en Chilchota, que entre los alimentos prehispánicos que acostumbraban los indígenas de la región, incluían una raza de perros

La gran mayoría de las razas de perro nativas que habitaron Mesoamérica, como el “xoloitzcuintli”, “tlatchichi” o “techichi”, e “itzcuitepozotli” (Imagen A), fueron extinguiéndose gradualmente después de la conquista, para ser sustituidos por los perros de origen europeo. La fauna introducida por los europeos logró que estos colonizaran las tierras conquistadas, trasplantando su forma de subsistencia del Viejo Mundo; aunque esto se tradujo a la pérdida de miles de hectáreas de hábitats de diversas especies, que se han extinto o reducido el número de sus individuos desde entonces.

Para el caso michoacano (Imagen B), los documentos que mencionan la presencia de perros europeos y la extinción de razas prehispánicas, son conocidos como “Relaciones Geográficas”, mandadas a elaborar por el rey Felipe II en 1577, con el propósito de conocer mejor sus territorios ultramarinos, para poder explotarlos y administrarlos más eficientemente.

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En 1579 se registró en Chilchota, que entre los alimentos prehispánicos que acostumbraban los indígenas de la región, incluían una raza de perros: “y [comían] otras sabandijas, como son tejones, nutrias de las que andan en el agua, y perros que ellos tenían, que los engordaban como puercos cebones.”(Acuña, 1987, p. 109).

En la Provincia de Motines en la costa de Michoacán, donde existieron diversos señoríos independientes de los tarascos, se menciona al perro como alimento prehispánico, pero también que dicha raza de perros ya se había extinto: “Y criaban una casta de perros para comer, que tenían el pelo muy corto y, con poco mantenimiento, engordaban y criaban enjundias, y, estando así gordos, los mataban y hacían banquetes; y esta casta de perros ha perecido, que no hay ninguno.”(Acuña, 1987, p. 167).

La “Relación Geográfica” de Tiripetío de 1580, menciona varios datos interesantes sobre la historia de los perros en Michoacán: destaca la referencia a la existencia en ese momento, de ejemplares de una raza prehispánica descrita como un “gozque corcovado” y sin cuello; la proliferación de animales domésticos europeos; así como la afición de los indígenas hacía los perros españoles y el número que solían mantener:

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“Hay, de España, perros de todo género y gatos, porque, aunque un indio no tenga qué comer ni qué le guarde el perro, ha de tener en su casa tres o cuatro perros. En esta provincia de Mechoacan, hay unos gozques corcovadillos, y sin pescuezo, porque la cabeza les sale entre las espaldillas; en lo demás, son como esotros gozques.” [Al margen (fol. 13v), de otra letra: “los yndios quieren mucho a los perros de Castilla”] (Acuña, 1987, pp. 357-358).

Esta raza de perros prehispánicos descritos como “gozque corcovado”, fue mencionado por Francisco Javier Clavijero, quien lo nombró como “iztcuintepozotli” (“perro corcovado”), y agregó que “el país propio de este animal era el reino de Michuacán, en donde le llamaban abora” (Clavijero, 1976 [1780], Lib. I, Cap. 12, p. 25). No hemos podido identificar la voz “abora”, pero Clavijero agregó una ilustración de este tipo de perros, que se extinguieron por la voracidad de los conquistadores españoles, quienes los aprovecharon como comida durante la conquista (Imagen C).

En la Tierra Caliente, en Tepalcatepec, se mencionó que los perros europeos eran presas de la fauna silvestre de la región, ya que en el río Arimao había mucho pescado grande, y“tiene caimanes, muy gran cantidad dellos, que, pasando los naturales por el río, hacen daño, en especial a caballos y a perros, que los cogen yendo nadando; y, ansí, los naturales han sido muchas veces heridos dellos.” (Acuña, 1987, p. 297).

A 60 km al noreste de ahí, se encuentra la región del Pico de Tancítaro (3840 msnm), donde se menciona la habilidad cazadora de los perros europeos; cerca de Apatzingán, se mencionó que los jaguares y pumas se alimentaban de las crías del ganado mayor, y por lo accidentado del terreno no se les podía dar caza, “si no es que haya buenos perros, que los suelen encaramar en los árboles y, ansí, los matan con arcabuces o ballestas.” (Acuña, 1987, p. 295).

En la actualidad el perro (“Canis familiaris”), sigue siendo el mejor amigo de los seres humanos, pero su historia en el continente americano no deja de estar exenta de los episodios propios de la conquista y colonización europea, un proceso que fue similar en otras latitudes alrededor del mundo, donde han existido diversas relaciones entre el “homo sapiens” y el resto de las especies animales.

Fuentes:

-Acuña, René (1987), “Relaciones geográficas del siglo XVI: Michoacán”, México, Universidad Nacional Autónoma de México.

-Clavijero, Francisco Javier (1976 [1780]), “Historia antigua de México”, México, Editorial Porrúa.

PARA SABER MÁS: CARVAJAL MEDINA, RICARDO (2021), “Los perros en la conquista y colonización del Reino de Michoacán, México (1521-1580)”, en: Muñoz Muñoz, Alejandro; García Cobeña, Ana Rita; Rodríguez Jorquera, Sandra; Galindo Herráiz, Esther (Editores), “Actas II y III Congreso de Jóvenes Historiadores y Humanistas de la Universidad de Cádiz”, Cádiz, Ediciones El Boletín/Universidad de Cádiz, pp. 195-202.

Ricardo Carvajal Medina, es historiador y filósofo por la UMSNH. Se ha dedicado a la investigación y divulgación del pasado michoacano, de la cultura tarasca y la guerra amerindia. Ha presentado trabajos en diversos foros y publicado varios ensayos, artículos y capítulos de libro. Es miembro cofundador de Mechoacan Tarascorum.