Jaime Vázquez / Colaborador de La Voz de Michoacán Caminaba “lascivamente y un santo vendería su alma al diablo por verla bailar”, escribió Simone de Beauvoir sobre ella, definiendo la imagen de lo que la escritora llamó el “síndrome Lolita”, los ecos cinematográficos en Francia de la famosa novela de Vladimir Nabokov. Y todo por una película. Cuando se estrenó Y Dios creó a la mujer, a la publicidad de entonces se agregó una frase en el cartel como complemento del título: “…pero el Diablo inventó a BB”. Desde luego, eran las iniciales y el destino de una estrella naciente. La película, dirigida por Roger Vadim en 1956, se convirtió de inmediato en la plataforma de despegue de la explosiva Brigitte Bardot, en aquel entonces casada con Vadim y del que se divorciaría pronto para emprender un sonado, escandaloso y tórrido romance con su coprotagonista en la cinta: Jean-Louis Trintignant. La Bardot, espíritu libre y de larga cabellera castaña clara, según Guillermo Cabrera Infante nos regaló “paisajes opulentos” en la película que dejaban claro que “…con Vadim o sin Vadim, Brigitte Bardot seguiría siendo Brigitte Bardot: ella no necesita sostén”. Brigitte Anne-Marie Bardot, la ultrafamosa BB, nació en París el 28 de septiembre de 1934. Podemos ver fotografías de su muy temprana pasión por la danza. Esa niña de once años tomó clases con madame Bougart y en el Conservatorio Nacional de Danza de Francia, además de algunas clases con Leslie Caron. Su familia tenía dinero y la vida de la pequeña Brigitte era el de la típica “niña burguesa”. En 1952, con boina y fleco, debuta en el cine con la comedia Le trou normand. Es en ese año en el que contrae matrimonio con Roger Vadim, joven parisino de ascendencia rusa que escribía para teatro y hacía labores diversas en el set y en la asistencia de dirección de algunas películas. El debut de Vadim como realizador fue con Y Dios creó a la mujer, una historia escrita por el propio Vadim y Raoul Levy sobre la joven, bella y desinhibida Juliette Hardy (Bardot). El personaje era un insinuante traje a la medida de Brigitte, que comenzó a parecerse cada vez más a la imagen que la juventud rebelde y escandalosa de la generación de los baby boomers necesitaban adorar, para colocar como cartel en la recámara y escandalizar a los padres. El mundo estaba cambiando. Desde Le trou normand hasta La historia muy buena y muy alegre de Colinot Trousse-Chemise (1973), Bardot actuó en una cincuentena de películas, además de videos promocionales, apariciones en televisión, grabación de canciones, documentales y otros trabajos esporádicos. Todos la amaban, todos la deseaban. Marcello Mastroianni contó que una tarde recibió una llamada de Mauro Bolognini. Le pedía sustituir al actor francés que no quiso participar en El bello Antonio. Marcello aceptó de inmediato, era un guion de Pasolini, el drama sobre un marido impotente. Aquel actor, dijo Marcello, era “un tal Carrier o Sarriere, que entonces era el marido de Brigitte. No sé por qué se echó para atrás. Tal vez, como estaba casado con la Bardot, rechazó el papel por temor a pasar por impotente. A veces los actores son un poco necios”. Brigitte tenía 40 años cuando se retiró del espectáculo para dedicar su vida a la protección de los animales, la política, el activismo. Sus opiniones sobre la diversidad sexual, el islam o los inmigrantes causaron el rechazo absoluto de buena parte de la sociedad. Quedan para la historia sus apariciones en Babette se va a la guerra (1959), Masculino femenino (1966), Historias extraordinarias (1968) o Si Don Juan fuera mujer (1972), entre otras. En 1965 estrenó ¡Viva María!, filmada en México. Jeanne Moreau es María, pero Brigitte también es María, una terrorista y otra cirquera que viven aventuras de baile y balas en el marco de la revolución. En Querida Brigitte (1965) se interpreta a sí misma, es el amor absoluto y ensueño cinematográfico del pequeño Erasmus (Billy Mummy, el célebre Will Robinson de la serie de TV Perdidos en el espacio). El 28 de diciembre de 2025, a los 91 años, la estrella francesa, mito y emblema, falleció en Saint-Tropez. Muy joven, con maridos, amantes, portadas en las revistas, polémicas, desplantes, aceptando el paso del tiempo, Brigitte Bardot se retiró de los reflectores, pero jamás del Olimpo cinematográfico al que seguirá iluminando. Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. @vazquezgjaime