José Roberto Morales Ochoa En este espacio nos enfocamos en conocer, analizar y descubrir todo aquello que se relaciona a la conservación y difusión del patrimonio cultural, especialmente desde los museos. Indagamos en acervos, colecciones, exposiciones y sus actores. Para esta edición, centramos nuestra atención en uno de los tesoros más abundantes de Morelia: el arte sacro de la época novohispana. Una herencia monumental que se expresa, ante todo, en su majestuosa arquitectura, pero que encuentra igualmente manifestación en la pintura, la orfebrería y la escultura de aquel periodo histórico. Morelia, originalmente fundada como Valladolid en 1541, ocupó un lugar destacado en la dinámica político-social, y hoy le reconocemos en producción artística del virreinato de Nueva España. La ciudad fue sede episcopal desde 1580, lo que la convirtió en un importante centro de poder eclesiástico en el occidente novohispano. La presencia de órdenes religiosas como agustinos, franciscanos, jesuitas y dominicos generó una demanda y producción constante de arte sacro: retablos, pinturas, esculturas y objetos litúrgicos. Por esto, es que esta ciudad –en cada uno de sus templos, capillas y Catedral– son en nuestros días museos vivos, donde al levantar la vista en los interiores de los templos, podrás dar cuenta de la majestuosidad de un arte que perdura y que nos vincula a la historia de nuestra identidad. El arte virreinal en México puede delimitarse como aquel producido desde principios del siglo XVI hasta el siglo XIX. Se caracteriza fundamentalmente por la fusión de las culturas mesoamericana y europea tras la llegada de los españoles y los procesos de fusión de estas dos grandes civilizaciones. El arte durante este encuentro de dos mundos jugó un papel importante, dentro del periodo bizantino, tuvo como función esencial difundir y establecer la religión cristiana. Frente a la imposición de una nueva ideología, se desarrolló un lenguaje artístico singular, marcado por un complejo proceso de sincretismo europeo versus indígena, un proceso social de negociación y la formación de una identidad visual novedosa: lo novohispano. Hoy existen grandes esfuerzos en materia institucional por reconocer, conservar y preservar este patrimonio. Por la parte del marco legal, en 1972 se promulgó la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas, que reglamenta los monumentos artísticos producidos a partir de la segunda mitad del siglo XVI; por ello, su exportación y comercio están estrictamente regulados. Por otro, existen grandes instituciones públicas en México como el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el Laboratorio de Análisis y Diagnóstico del Patrimonio (LADIPA) de El Colegio de Michoacán, La Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO) o el Centro Nacional de Conservación y Registro de Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM); todos estos organismos destinados a la catalogación, preservación, valoración, dictaminación, análisis, estudio, mantenimiento y restauración de bienes artísticos. CASA-GRANDE & SENZALA, un espacio privado para el coleccionismo de arte virreinal Fotografía: Interior de Galería (Crédito: José Roberto Morales Ochoa) Para este reportaje acudimos a una de las tenencias más hermosas de Morelia: Santa María de Guido; en el corazón de esta población se ubica la antigua fábrica Señal S.A. (lugar de producción de Don S. Shoemaker) y que actualmente es un espacio que alberga talleres y galerías en Morelia. Al interior de esta antigua fábrica está ubicada la galería “CASA-GRANDE & SENZALA”, del coleccionista y prestigioso Dr. José Carlos Pineda Márquez, también conocido por el mote de “Pichi”, quien nos recibió amablemente y mostró todo lo que existe en su colección mayormente integrada por arte virreinal y religioso. En entrevista con Pichi, nos compartió que el nombre de su galería proviene de un libro fundamental de sociología brasileña. "Casa Grande Senzala es el título de un libro de sociología sobre la esclavitud en Brasil de Gilberto Freire, de mediados del siglo XX", explica. El libro analiza la estructura de las haciendas coloniales: la Casa Grande era la hacienda del patrón y la Senzala el lugar donde vivían los esclavos con sus familias. "Lo que mucha gente desconoce es que la Senzala es el sitio donde vivían los esclavos. O sea, los esclavos salían a trabajar, pero ocupaban un lugar donde estuvieran sus mujeres, sus niños y donde comieran y durmieran", detalla nuestro entrevistado, apropiándose del concepto para su espacio que abrió en enero de 2025. Orígenes: entre Zirándaro, Brasil y Morelia "Yo me llamo Carlos Pineda Márquez, mi papá era de Zirándaro, Michoacán, mi mamá era de Goiânia, Brasil. Nací en Morelia", se presenta el doctor con la precisión de quien ha aprendido a documentar cada detalle. Su madre brasileña le heredó la nacionalidad, estableciendo desde temprano una conexión con dos mundos que más tarde confluirían en su pasión coleccionista. Fue durante la preparatoria cuando nació su interés genuino por el arte virreinal, pero sería un viaje al Perú a los 18 años el que cambiaría definitivamente su vida. – "Un viaje en condiciones económicas deplorables, pero muy valioso para mí. Ahí encontré que había una enorme cantidad de iglesias con obras monumentales. Ahí intuí que la Nueva España estaba igual y acerté". Nos compartió el entrevistado, aludiendo al génesis de su pasión por el coleccionismo y el arte. De regreso en México, el joven Pichi inició sus estudios de medicina, pero su recién descubierta pasión por el arte colonial lo distrajo significativamente. – "Los primeros años de medicina me distraje en mis estudios por andar recorriendo las iglesias del país. Las recorrí todas. A todas", confiesa. En aquella época, nos expresa que, cuando la inseguridad no era un problema, viajaba en camión y llegaba a pueblos remotos en vehículos de cervecería o refresqueras por terracerías impensables. "No tenía coche, y así me chuté todo el país. Podías ir a cualquier pueblo sin ningún problema, inclusive dormirte en el portal de la plaza del pueblo sin ningún problema. Muchas veces a los lugares remotos de Puebla, de Oaxaca, de la chingada, llegaba en el camión de la Coca-Cola o el camión de la cervecería, en terracería”, recuerda con nostalgia. Durante estos viajes desde muy joven comenzó a adquirir piezas deterioradas directamente de quienes las poseían, incluso párrocos y sacristanes. "Entonces yo recuperaba, traía, restauraba y fui moviendo y fui moviendo y fui haciendo cosas. Y ahí siempre había el cuarto de los desechos, los retablos, las piezas rotas, y siempre me ofrecían, el cura, o el sacristán y te vendían algo. Nunca me robé nada, siempre compré y afortunadamente esas piezas no estaban inventariadas", enfatiza con firmeza ética que mantiene hasta hoy. Y justo en este periodo es que surge también su interés por el cuidado y restauración de obras de arte. "Dentro de este interés, pues obviamente empecé a leer los libros de aquella época sobre arte colonial, que no eran muchos, y estudié restauración. Hice un curso técnico de restauración en Churubusco. Eso me ocasionó problemas porque yo ya tenía el privilegio de ser residente de medicina interna del Instituto Nacional de Nutrición”. A pesar de esta doble vida de su formación, logró un logro académico notable: "Tuve el privilegio de ser residente de medicina interna del Instituto Nacional de Nutrición. Era un examen muy riguroso y pasábamos solo 17 de 3 mil aspirantes". Compitiendo con egresados de universidades privadas y siendo él de la Universidad Michoacana, pasó siete años en la institución, completando medicina interna, anestesia y terapia intensiva. Dentro del acervo del Dr. Pineda, al ser cuestionado por la cantidad de piezas que contiene su colección y los demás países que integran, nos compartió: – "No lo sé. Van y vienen. Ahora, paré de comprar porque estaba comprando más de lo que vendía. Y mi situación económica no me permite andar gastando dinero". Y respecto de la procedencia: “Bueno, yo tengo principalmente piezas mexicanas, pero también he comprado piezas guatemaltecas, bolivianas, peruanas, brasileñas, portuguesas y españolas”. Con el cambio de los tiempos, el Dr. Pineda tuvo que modificar su estrategia de adquisición. "Como se acabó la posibilidad de seguir comprando directo porque ya los tiempos cambiaron afortunadamente y el patrimonio nacional no se puede dilapidar, empecé a comprar en subastas". Sus fuentes actuales son subastas en Portugal, España y Brasil, donde busca piezas mal catalogadas. "Compro lo que está mal catalogado porque tengo que comprar barato. No puedo comprar caro. Es muy difícil competir contra los residentes de esos países, porque ellos compran y ahí se queda. A mí me toca comprar, pagarle al comprador, pagar el flete y pagar la importación". Una faceta menos conocida de la colección del Dr. Pineda es su interés por el arte indo-portugués. Ha viajado a Goa, India, donde adquirió piezas únicas como un San Luis Gonzaga con fisonomía distintiva y una Virgen Inmaculada de madera. También colecciona arte hindú, incluyendo representaciones de Shiva y Garuda (el murciélago que transportaba a Shiva, equivalente a los arcángeles cristianos). Su colección personal, un museo vivo En su casa, construida hace 30 años por el arquitecto Jorge Solórzano con piezas inspiradas en conventos y edificios históricos, el Dr. Pineda resguarda sus tesoros más preciados. La joya de su colección es una Virgen de Guadalupe con manto de petatillo, una rareza extrema en la iconografía guadalupana. "Cuando veas una guadalupana cuyo manto es así, de petatillo, cómprala. Son rarísimas", aconseja. A diferencia del manto tradicional azul con estrellas, el petatillo representa el petate original del ayate de Juan Diego. "Esta me la han querido comprar todo el mundo. Los que saben del valor del petatillo", dice, pero se niega rotundamente a venderla. Dentro de sus piezas más preciadas y que engalanan su casa tienen incalculable valor emocional. – Usted mencionó que su padre fue clave en su interés por el arte sacro. ¿Qué heredó específicamente de él, más allá del gusto?: “Dos cosas fundamentales: el Viacrucis completo –que aún conservo– y la mirada curiosa. Mi papá ya coleccionaba piezas religiosas cuando en Morelia casi nadie lo hacía. Él me enseñó a ver más allá de la superficie, a preguntarme por la procedencia, la técnica, la historia de cada obra. Ese Viacrucis, firmado por Francisco E. Tresguerras en 1803 a devoción del Conde de Jaral del Berrio – Que el Conde de Jaral del Berrio fue el hombre más rico de la Nueva España en el siglo XVIII”. Retos actuales en su nicho de coleccionismo El Dr. Pineda se muestra preocupado por el futuro del arte virreinal: "Cada vez hay menos gente que sabe de esto. Y cada vez los jóvenes de ahora tienen poco interés. Primero, porque se ocupa estudiar. Mucho tiempo. Segundo, porque ya las casas de ahora no tienen paredes para estas cosas. Y tercero, ya todos son nómadas". A pesar de ello, mantiene su compromiso con la investigación y documentación. Su biblioteca personal rebosa de libros sobre historia de la Iglesia e historia de México. "Así como estudié y me leí todos los libros de medicina, así tengo un montón de libros de esto, de historia", compara su doble formación. A sus años, el Dr. Pineda continúa activo en su doble vocación. Aunque ya no compra con la frecuencia de antes, sigue investigando, documentando y compartiendo su conocimiento. En su galería Casa Grande & Senzala y en sus redes sociales, publica reels fundamentados sobre cada pieza, contando sus historias de adquisición, sus características técnicas y su significado histórico. Es un hombre hospitalario y comparte su conocimiento de forma generosa, en presencia y en sus redes sociales constantemente. "Yo vengo y hago el aseo y cito gente", dice sobre su galería donde trabaja sin empleados, atendiendo personalmente a cada visitante interesado. Casa Grande & Senzala Domicilio: Salvador Díaz Mirón 276-6, San María de Guido, Morelia, Michoacán. Atención: cita previa únicamente. Instagram: @casagrandesenzala José Roberto Morales Ochoa, agente cultural, con especialidad en museografía, museos y centros culturales. Instagram: @jrobertomoralesEmail: imrobertomorales@gmail.com