Nektli Rojas, colaboradora La Voz de Michoacán Dieciséis hojas tamaño carta dobladas a la mitad. Sesenta y cuatro páginas. Nada más eso. Pero han sido tocadas por una magia que las ha convertido en símbolo, en milagro, en vida. La industria editorial la llama con el nombre coquetísimo de plaquette. Un pequeño patchwork de papel cosido por manos de poetas, un corazón de estrella, un dream team de hadas, todas han trabajado a la luz de la luna, en la calidez del alba, puntada tras palabra, nudo a nudo. ¿Pueden verlas? Allí una y acá otra se encienden. Parecen incansables, absortas en su propia creación. Y, sin embargo Aquí están reunidos los ánimos libertarios y visibilizadores de la Dra. Adriana Sáenz, con el trabajo escritural de veinte poetas. Ellas, las poetas, se han dado a la tarea de nombrar el mundo para nosotras, las que las leemos, han desencajado el mundo, lo han puesto de cabeza y lo han vuelto a armar en un acto de completo hallazgo poético. Ella, Adriana, desde hace muchos años ha trazado su camino que parte de la academia (ese mundo por momentos tan tenebroso) y se ha entretejido con las palabras de la calle. La unión de estos dos ámbitos, la academia y la calle, no es una labor menospreciable. Tampoco es una labor solitaria: con Adriana trabaja un equipo de verdaderxs creyentes. Así es como ha logrado creer y mantener el proyecto[1] Creándonos en las palabras, sustentado por las escritoras que trabajan desde Michoacán, este lugar de agua, pescados y redes. Adriana allá, en la academia y el ciberespacio; Tamara y Albha acá, en las instituciones estatales; los cómplices creyentes de la Editorial Cuarta República (Carlos Márquez, Jaime Martínez, Ogarrio); las creadoras que viven siempre a la espera de una estrella fugaz para poder pedirle el deseo, por favor, por favorcito, de publicar, todxs ellxs se han reunido en esta plaquette. En sus páginas de tinta morada, caben desde los datos legales, la presentación de Tamara Sosa, la presentación, las manos, hilos y hojas transformadas en páginas de cortesía, la ilustración de Yara Legorreta, la longitud y latitud que le dan coherencia a la impresión y los poemas. Esos son nuestros retazos. Cada una, cada uno, es un tejido, una parte de la red que nos contiene a todas. Aquí, en este espacio de dobleces y tinta nos encontramos todas: Atzimba Mora, Carmen Mireille, Diana Ferreyra, Elizabeth Robles, Emelia Piñón, Evelia Flores, Farah Wesley, Guillermina Murillo, Ismene Mercado, Karina Chávez, Lorena Valdivia, Mar Paredes, Concepción Ramírez, La Mariposa Descalza, Mineli Glezto, Niurbis Soler, Isabel Ojeda, Yunuén Herrejón, Yuri Bautista, Yusrisán Bolaños, poetAs. Feranda Tena, Edith Chávez, Diana Suazo, Cristina Durán, Minelli González, Paola Molina, Yunuén Gómez, Jerson Durán, equipo de la Cartografía. Tamara Sosa dice “reducción de las brechas”; Yuri: Bautista, “nada me detiene soy infatigable”; Yunuen Herrejón teje “un futuro femenino”; Elizabeth Robles llama como testigo a la luna; Karina Chávez baila, mírenla rempalaguear; Isabel Ojeda llora néctar. Éste es nuestro poema. No un cadáver exquisito porque nada muerto hay en él; hecho, sí, de la materia de los sueños. Pero las mujeres soñamos vida cuando tejemos, cuando entrelazamos palabras, cuando nos damos las manos, cuando nos creamos juntas. Nosotras, al contrario de lo que aconsejaba Virginia Wolf (querida bisexual en un siglo intolerante), no matamos al ángel del hogar. Lo convencimos de hacerse trans y volverse hada. El feminismo y el trabajo horizontal han resemantizado el concepto redes, para transformarlo de una prisión, una trampa, algo que te atrapa y en ello puede matarte, a una forma de organización, de apoyo, un constructo teórico-práctico que ofrece posibilidades de salvación, que hace posible la vida. Si extendemos esas redes sobre un mapa (digamos, el de Michoacán), lograremos el trazado de las coordenadas que hoy nos reúnen, los puntos que señalan que aquí estamos, que continuamos resistiendo, que seguimos creando poesía, la más poderosa de las artes. Nektli Rojas. Escritora y docente mexicana. Es profesora en la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Escribe poesía, cuento y artículos periodísticos. Ha colaborado en diversos suplementos culturales y revistas como Tierra Adentro, Revista de Literatura Mexicana Contemporánea y Fragmentario. Ha trabajado en llevar la poesía a escena con el proyecto Hablar en Jazz (que se concretó en un CD), así como a unirla con el dibujo, en un poemario gráfico interactivo para plataforma Mac, del developer José María Campaña. Ha sido jurado del Premio de Cuento "Xavier Vargas Pardo" del Instituto Michoacano de Cultura (2013) y en los Primeros Juegos Florales de Uruapan, Michoacán (2002). [1] Hace tiempo, un escritor moreliano expresó que, una vez que los proyectos se concretan, dejan de ser proyecto para transformarse en vaya una a saber qué. Lo hizo con la intención de enseñar el buen uso de las palabras a una escritora. Para las mujeres creadoras las cosas no funcionan igual. Los proyectos, felizmente, son proyecto siempre porque nunca terminan, porque las estafetas se pasan de mano en mano y de generación en generación, porque la lucha es siempre continua, porque la rigidez nunca nos alcanza.