Mujeres, arte y locura: hacer algo con el sufrimiento

Artistas como Virginia Woolf, Camille Claudel o Alejandra Pizarnik han sido llamadas locas. Ellas tienen en común haber sido mujeres talentosas y poderosamente expresivas.

“Porque cuando tú me dices loca, yo me siento poderosa”
Andrea Acevedo García 

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Alma Angélica Rodríguez López

La locura es un concepto que ha transformado su significado a lo largo de las épocas. Desde sus inicios se ha asociado a lo anormal, a lo que no se ajusta a las normas sociales, a la enfermedad mental. Hacia la época del Romanticismo cobra un nuevo giro cuando la locura se une con una nueva idea del artista como sujeto libre y de la imaginación como autodeterminación creativa. Así, deja de nombrar un padecimiento para referir a un ejercicio de escape de la realidad con el cual se identifican a las identidades apasionadas y creadoras.

En relación con las mujeres podemos notar que pese a ese giro de libertad que posee el concepto de locura, la palabra loca sigue sido usada como una forma de silenciar y controlar el comportamiento y la vida de aquellas que han desafiado las expectativas del deber ser mujer. Artistas como Virginia Woolf, Camille Claudel o Alejandra Pizarnik han sido llamadas locas. Ellas tienen en común haber sido mujeres talentosas y poderosamente expresivas que se caracterizaron por tener vidas intensas y poco convencionales, que vivieron mucho tormento, experiencias de internamientos psiquiátricos y terminaron con su propia vida.

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Estos factores en común nos llevan a la idea estereotipada de las artistas malditas quienes vivieron una vida condenada y eso nos impide ver de forma más compleja su vida, pero para mirar diferente es necesario cuestionar el carácter patológico de nuestras visiones sobre la locura y repensarla como una libertad creativa y de expresión que las mujeres artistas ejercen para abordar su dolor y dar su mensaje al mundo, hacer algo con su sufrimiento.

Por ejemplo, podemos comentar el caso de la cantante irlandesa Sinéad O´Connor quién tuvo razón al denunciar los abusos de la iglesia católica ante un mundo que entonces no le creyó y la llamó loca. ‘Combate al verdadero enemigo’ esas fueron sus últimas palabras después cantar War de Bob Marley y romper una foto del Papa Juan Pablo II en el programa en vivo “Saturday Night Live” de NBC en octubre de 1992. Pero si muchos se negaron a aceptar la dura realidad que O’Connor revelaba a la sociedad, en 2023, tras su muerte muchos podemos recordarla como una loca muy valiente.  

Sinéad habló abiertamente su locura y sus diagnósticos de trastorno bipolar, de estrés postraumático y de sus adicciones, pidió también muchas veces ayuda buscando la paz que necesitaba. Es justo mirar en su vida loca algo más que su dolor, valorar la esperanza que ella siempre representó. Ya que habitar la locura, recordemos, también significa la libertad y la rebeldía de la existencia. Sinéad no se conformó con el sistema y tomó el momento para dejar claro su mensaje. Ser loca también es esto, la voz honesta que no se calla, las violencias que hemos vivido, que denuncia los abusos y responde a las injusticias del mundo. La locura puede ser la resistencia, ya no una categoría impuesta por un sistema para descalificar las voces que se le oponen sino la elección de la inconformidad, el clamor por un mundo diferente.

Para las mujeres artistas que reivindican su vida y su locura a través del arte, esta deja de ser algo que solo lastima y oprime, sino algo que libera y da fuerza a su lucha por la vida y por sociedades más justas y libres de violencias incluso para los que se asumen cuerdos. Mujeres que con su valiente insensatez nos inspiran.


Alma Angélica Rodríguez López (Almario) es psicóloga social, artista visual y escritora. Estudió la carrera de Psicología en la Facultad de Psicología de la UNAM y comenzó a pintar desde 2019. Actualmente gestiona su proyecto Almario en el cual reúne sus saberes en torno a la psicología y las artes. Da acompañamiento psicosocial a artistas y personas creativas. Produce obra visual y escrita donde los afectos y la imaginación son el punto de partida para crear y relacionarse. Sus ejes temáticos abordan la locura, la intensidad y la cotidianidad de las emociones, así como la importancia de la libertad y la expresión creativa.