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    Jueves | 29 Oct, 2026, 13:52

    PERFILES | Palabrejas en verso para el Jefe Mendoza

    El escritor José Mendoza Lara presentó su nuevo libro «Poemas membrillo, poemas / antipoemas 1972- 2022 en el Palacio Clavijero de Morelia

    Sergio J. Monreal / Colaborador de La Voz de Michoacán

    El pasado martes 27 de octubre, fue presentado en el Palacio Clavijero el volumen “Poemas membrillo, poemas / antipoemas 1972-2022”, que reúne la obra lírica del escritor y editor José Mendoza Lara. Vaya el presente texto como sentido homenaje a este central referente de la vida cultural michoacana en las últimas cinco décadas.

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    Hace ahora ya cosa se cuatro años, / el once de noviembre de dos mil veintidós, / al término de la segunda sesión / de un homenaje póstumo a Gaspar Aguilera, / Gustavo Chávez y José Mendoza / concibieron la generosa idea / de compartirle al público asistente, / mediante proyección, / un conjunto de imágenes / correspondientes a su actividad / cultural, literaria, existencial, / allá por los setentas, allá por los ochentas / del vigésimo siglo. / Muchas fotografías, volantes y carteles, / portadas de revistas y programas de mano, / carátulas de libros, perfume de latidos, / porciones de pasión y juventud / llenando a rebosar nuestros ávidos platos / de corazón abierto, memoriosa memoria, / vida vivida, juego bien jugado.

    En un momento dado, con esa exaltación / de tribuno y de niño en seis de enero / (tan suya que podría / bien registrarla bajo copyright, / si no se empecinara en seguir caminando / en sentido contrario / de la proactividad empresarial) / dijo don Pepe que eran —él, Gustavo y Gaspar / junto a su cofradía de presencias y ausencias / reunidas ahí o no— / ya pura sociedad de poetas muertos, / ya pura soledad de poetas vivos, / ya purito percance de la historia.

    Al salir del evento, conversábamos / con varios asistentes, / coincidiendo en que aquello había sido / como pasar las páginas / del álbum familiar de alguno de tus tíos. / Un álbum familiar cuya existencia / conocías de oídas, pero al cual / no habías tenido nunca la ocasión / de echarle algún vistazo. / Un álbum familiar que te entregaba, / en el mismo regalo inesperado, / rasgos preciosos de tu propio rostro, / tramos vitales de tu propia historia.

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    Hay una cierta etapa juvenil, / grosera, inevitable, necesaria / y formativamente saludable, / en la que te encandila imaginar / que no provienes de ninguna parte, / ni debes nada a nadie, pues eres resultado / de tu exclusiva suma claustrofóbica / de mérito y demérito. No obstante, / por obtusa que tengas la cabeza, / por mezquina que sea tu perspectiva / y por muy encumbrada que se halle tu autoestima, / tarde o temprano acabas percatándote / de que si bien tus pies te pertenecen / tus pasos siempre son la huella de otros pasos; / puede quizá que huella en rebeldía, / puede quizá que huella matricida, / mas sin remedio huella, / herencia de senderos transitados y abiertos / antes que tú pudieras / soñar siquiera con tenerte en pie. / A mí en lo personal, las muchas ignorancias, / ingratitudes y desatenciones / que alcancé a acumular en esas mocedades / me llevaron al cabo a elegir que la huella / que mi paso camine sea huella agradecida.

    Con don José Mendoza últimamente / me acongoja en concreto la inquietud / de en una de esas haber incumplido / cierta cita agendada tal vez por el destino / para cruzar caminos hace mucho tiempo. / Egresado recién del nivel secundario, / presenté con quince años examen de admisión / para cursar la prepa / en el bachillerato nicolaita. / La suerte deparó que me tocara / adscripción en la escuela Isaac Arriaga, / donde Pepe impartía cátedra literaria, / multiplicaba impresos, / iniciaba futuros oficiantes / en el mester de la Pajaromaquia / y alimentaba insospechadas chispas / de hogueras por venir. Puntual continuidad / de un fuego previamente alimentado / por Ocaranzas y por Ricos Canos, / Conchas Urquizas y Méndez Plancartes, / Esteres Tapias y Sanchez de Tagles, / Martínez Navarretes, / Diegos Josés Abades y Atonios Huitziméngaris.

    Mas como yo vivía / a sólo un par de cuadras del estadio / Venustiano Carranza, / en la colonia Vasco de Quiroga. / y hacerme moreliano me había vuelto / contumaz quisquilloso en tema de distancias, / la prepa cuatro se me figuraba / situada en los confines más extremos / del mundo conocido. / ¿Cómo iba a trasladarme diariamente hasta allá? / Además, mi ilusión, tal la de casi todos, / era ser nicolaita desde San Nicolás, / desde el mero colegio del Padre de la Patria. / Y merced a gestiones de cuyos pormenores / prefiero no acordarme / entré al Colegio de San Nicolás. / Donde no resoné / en literarias lides / con ningún profesor, con ningún compañero. / Donde perseguí el sueño de volverme escritor / por el sencillo método / de nunca entrar a clases, / encerrarme a leer en un salón vacío / y salir tempranito a andar y desandar / el centro de Morelia / con ojos de novela policiaca. / Al terminar el año, estaba reprobado / y debí trasladarme / a nuevos horizontes escolares.

    Allá, en otra línea temporal, / yo me vuelvo escritor en contubernio / y bajo el magisterio de Pepe Mendoza / sin reprobar la prepa. En esta que aquí soy / tengo que conformarme con reunir / una caja de prendas y recuerdos / bastante más modesta. / Lo cual no significa que menos importante.

    Por ejemplo, atesoro como entrañable joya / el haber conocido a Frida Lara Klahr / una tarde en que ambos hacíamos antesala / para que terminara de imprimirnos / ya no recuerdo qué. / Desentendido de nuestros pendientes, / don Pepe sentenciaba que debíamos leernos, / que íbamos a entendernos, / a pesar de ser Frida / la poeta enormísima / que ya era y sería / y yo exclusivamente un post adolescente / con ínfulas patosas / de futuro escritor y de teatrero. / Voz de profeta tuvo sin embargo. / Nos entendimos y nos entendemos / todavía hasta la fecha, cuando ella ya no está / sino en sus versos.

    Pero ni falta que hace forzar con sacacorchos / los dobles fondos del anecdotario. / Hace casi dos décadas / que la amistad y la complicidad / del escritor Rafael Calderón / me vienen desvelando día a día / cuál es la parentela de que formo parte, / de dónde es que nos viene por vocación y herencia / leer poemas y sacar revistas, / enhebrar proyectos y guajiros sueños, / honrar como se debe la escritura, / la pasión y el trabajo / de quienes nos trazaron y nos trazan aún / horizonte posible / esta heredad de argamasa y de piedra / donde no nos tocó, sino donde elegimos / por propia mano venir a vivir, / venir a leer, venir a escribir, / venir a caminar por el reverso / de todos los silencios decretados.

    De modo que no abuso ni exagero, / si vengo aquí este día a declararme / sobrino de don Pepe. / Sobrino natural si ustedes quieren, / descarriado y atípico, pero sobrino al fin, / bien entendido y bien agradecido / de que no poseeríamos este rostro / bastantes de nosotros, si él no estuviera aquí, / si él y los suyos no hubieran alzado / sus carpas saltimbanquis justo aquí.

    Cuando ya terminaba el año veintidós, / en vísperas de alguno de los muchos / homenajes que suelen consagrársele / y que él inútilmente se afana en evadir / con requiebros y giros de torero chambón / andaba yo leyendo de ida y vuelta / un libro de Ediciones Jitanjáfora / que incluye entre sus páginas / los Poemas Membrillo, la Ciudad de Argamasa / y la Pajaromaquia. / Y mientras más leía y releía, / más rumiaba el peligro que corremos / por el perfil leonárdico y vincístico / de don Pepe Mendoza. / Porque siendo editor y promotor, / siendo figura pública, siendo leyenda urbana, / encomio y vilipendio, / docente legendario, nicolaita, / pasto de chisme de verdulería, / Melchor siempre al ladito del rey Pay, / se eleva el riesgo de no distinguir / al enorme poeta que sustenta y corona / ese currículum desmesurado.

    Tales cosas pensaba, / camino de mi casa / siendo casi las once de la noche, / y justo fui a encontrármelo a don Pepe / a sólo un paso de su propia puerta. / Que tiene su extrañeza y hasta su esotería / el hecho de que hayamos coincidido / mientras andaba yo en pleno membrillaje, / quedará manifiesto al explicar / que viviendo a tres cuadras de distancia / desde hacía siete, ocho, nueve años, / no había pasado nunca / que nos topáramos tal nos topamos. / Apenas se enteró  —tras los saludos— / de esa proximidad vecinal casi, / procedió a reclamarme / con unas cajas no por amistosas / destempladas de menos: / ¿por qué nunca has pasado / para echarte un café, para echarte una meada? / Yo nada contesté, porque no lo sabía.

    Sólo ahora lo sé, sólo ahora contesto. / Me faltaba empezar a escribir esta carta / —remedo paliducho del tono antipoético / en que usted es maestro— / como agradecimiento, como salvoconducto, / como reparación / o como carta de presentación: / vine a Corregidora / porque a mí me dijeron que acá me iba a encontrar / al tío mayor de muchos de nosotros: / un tal Pepe Mendoza.

    José Mendoza Lara

    Poemas membrillo. Poemas / antipoemas 1972-2022.

    Silla Vacía-Cuarta República.

    Morelia, 2026.

    (Una versión previa del presente texto fue leída el 10 de diciembre de 2022, en el marco del Encuentro Nacional de Jóvenes Poetas Morelia)

    Sergio J. Monreal, escritor galardonado con diversos premios nacionales e internacionales, ha publicado quince volúmenes individuales, en los géneros novela, poesía, cuento, dramaturgia y ensayo.

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