Mara Rahab Bautista / Colaboradora de La Voz de Michoacán A muchas personas nos encanta esta época del año, el otoño, cuando las hojas caen y todo se dispone a renovarse. En México, como en otras geografías se celebra la muerte, aquí, el Día de los muertos. Ese término tan profundo y en plural: los muertos. Hay un libro que con mucha alegría hemos recibido recientemente: “A la salud de los muertos. Relatos de quienes quedan”, de la filósofa belga Vinciane Despret. ¿Qué nos gusta del libro? Hemos pensado en las coincidencias con el altar de muertos. Este libro, en definitiva, no es un texto para superar un duelo, ni es un libro para encontrar respuestas sobre la muerte, sino una invitación a escuchar lo que sucede con quienes se quedan cuando alguien muere. Despret es filósofa de la ciencia, psicóloga y profesora de la Universidad de Lieja, en Bélgica. Su trabajo se ha desarrollado en el cruce de disciplinas como la filosofía, la psicología y la etología, con especial interés en las relaciones entre humanos y animales. En libros como ¿Qué dirían los animales… si les hiciéramos las preguntas correctas?, nos invita a cuestionar la manera en que interpretamos a otros seres vivos. En A la salud de los muertos, publicado originalmente en francés en 2015, dirige esa curiosidad hacia una relación que solemos dar por terminada: la que mantenemos con quienes han muerto. ¿Qué pasa cuando dejamos de pensar que la muerte cancela toda relación? Despret escucha historias de personas que encuentran maneras de mantener cerca a sus muertos: alguien que utiliza los zapatos de su abuela, alguien que escribe cartas a un hijo fallecido o quien realiza acciones que adquieren sentido a partir de la relación con una persona que ya no está. No se trata de demostrar que los muertos regresan, ni de ofrecer una explicación sobrenatural. La autora busca comprender qué hacen estas experiencias en la vida de quienes las cuentan y cómo intervienen en sus decisiones, sus vínculos y sus maneras de seguir viviendo. Aquí, cuando celebramos el Día de los muertos, ponemos su comida favorita, bebida, foto, le abrimos las puertas, el corazón, le cantamos, y si bien a diferencia de Despret sí hay una base de creencias, también son formas de mantener cerca nuestros muertos, y de alguna manera sostener nuestra relación con ellos. Me interesa mucho esta forma de acercarse al duelo porque no parte de una receta universal. Con frecuencia, la sociedad universal nos exige superar la pérdida, cerrar ciclos y continuar como si el dolor tuviera fecha de caducidad o no pudiéramos transformar nuestra relación con esa persona que ya no está. Despret, escucha sin apresurarse a sus interlocutores. No les pide que olviden ni les prescribe cómo deben recordar. Se pregunta qué sostiene esos vínculos y qué posibilidades abren para quienes siguen aquí. Hay algo profundamente literario en su método, una ventaja de sus odios, combinar la psicología con la filosofía y la literatura. La autora reúne relatos, sigue pistas, atiende recomendaciones y permite que las historias de otras personas orienten su investigación. Escuchar se convierte en una manera de pensar. Y en esa disposición encuentro una de las mayores virtudes del libro: no reducir la experiencia humana a una explicación que pretende servir para todo el mundo. Este libro nos recuerda que la memoria no es un museo donde guardamos intacto el pasado, sino algo que hacemos en el presente: una conversación que retomamos, una costumbre que conservamos, una decisión que tomamos pensando en alguien que nos enseñó a vivir. Quizá por eso el título resulta tan sugerente. Brindar por la salud de los muertos no significa negar la muerte, sino reconocer que las relaciones no siempre desaparecen cuando termina una vida. Algunas se transforman y continúan actuando en nosotros. Hay quienes encuentran consuelo en una señal, quienes necesitan hablar con sus ausentes y quienes mantienen vivo el legado de alguien mediante sus propias acciones. Despret no nos obliga a creer en ninguna de estas experiencias; nos invita a tomarlas en serio y a preguntarnos qué significan. Igual que el Día de los muertos, brindamos con ellos y por ellos, hablamos de ellos y con ellos, transformamos la relación, involucramos a las siguientes generaciones, contamos historias sobre ellos que seguramente se van transformando y alejando cada vez más de la realidad, pero eso no importa, porque aquí lo importante es, mantenerlos vivos, una ironía. ¿Por qué lo recomendamos? Porque en tiempos en que hasta el dolor parece tener que resolverse rápidamente, leer este libro es concedernos el derecho a una pregunta más amplia: ¿y si vivir después de una pérdida no consistiera necesariamente en dejar atrás a quienes amamos, sino en descubrir cómo relacionarnos con ellos de otra manera? No hay una única respuesta, y quizá ahí reside la generosidad de esta lectura. Los muertos ya no están como antes, pero las historias, los afectos y las cosas que hicieron posibles no desaparecen sin dejar rastro. A veces, seguir viviendo también significa aprender a escuchar lo que permanece en nuestro imaginario, en el recuerdo, en nuestras relaciones con los muertos tan personales e íntimas, tan abstractas y vivas. Traspatio Librería es un proyecto de promoción de la bibliodiversidad, la edición independiente, la literatura y la escritura de mujeres. Ofrecemos un espacio de diálogo y encuentro. Ig: @traspatiolibreriamorelia Fb: @traspatiomorelia Twitter: @traspatio_el