Un abrazo en la Piedra Antigua

Era solo una noche cualquiera en el centro histórico de Morelia, pero una cámara bajó hasta el nivel del asfalto y captó algo que nadie planeó.

Fotografía: Jorge Orozco Flores

Jorge Orozco Flores

Era solo una noche cualquiera en el
centro histórico de Morelia, pero
una cámara bajó hasta el nivel del asfalto
y captó algo que nadie planeó.

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En el Portal Allende, en el viejo
Palacio de Justicia, las vidas se
cruzaron por un segundo.
Una pareja se había detenido junto
al muro de piedra fría.
Apoyada allí, en lo que era un
abrazo, permanecía inmóvil.
A su lado, otra figura pasaba veloz,
convertida en un borrón por el
movimiento.
El resto de la noche seguía su curso.

La foto no busca drama.
Está tomada desde tan abajo que
obliga a mirar el mundo como lo ven
los pies que caminan por la calle.
No hay rostros claros, ni nombres,
ni historias completas.
Solo piedra antigua y carne que respira.
Los sillares grandes y rectos del edificio
forman un fondo sólido, casi eterno.

Sobre él, los cuerpos humanos
dibujan curvas suaves y un aire de
urgencia.
En primer plano, otros transeúntes
se difuminan, recordando que
la ciudad nunca se detiene.

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La luz nocturna, con sus tonos
naranja y azul profundo,
resalta los volúmenes y alarga las sombras.
Así, la imagen separa
lo quieto de lo que huye.
Los que se quedan parecen
vulnerables, pegados a la pared
como si buscaran refugio.

Los pies que pasan, con sus
zapatillas modernas, hablan
del tiempo que no espera a nadie.

El Portal Allende ha visto siglos
de poder y de encuentros.
Hoy, esa misma fachada de piedra
sirve de fondo silencioso a lo que
ocurre cada noche: afectos breves,
esperas, prisas.

La ciudad novohispana no es solo
un decorado bonito; es parte viva
de estas pequeñas escenas humanas.

La fotografía es sencilla.
No fuerza la emoción.
Prefiere observar con calma la tensión
entre lo antiguo y lo actual, entre quien
se detiene y quien sigue adelante.
En pocos elementos —piedra, luz,
movimiento y pausa— cuenta una historia que
cualquiera reconoce: la vida cotidiana buscando
su espacio en medio de la historia.

Al final, esta imagen tomada el 24 de abril de 2026 se queda en la memoria como una pequeña crónica sin palabras. Muestra cómo, en Morelia, el pasado de piedra sigue abrazando el presente fugaz, sin pedir permiso, bajo la luz de la noche.

Fotografía: Jorge Orozco Flores