Y el cumbia guardó silencio: se cumple un año sin Celso Piña, El Rebelde del Acordeón

Hace un año, el músico regiomontano falleció a causa de un paro cardiaco a los 66 años de edad; amigos, fans y colegas aún lloran su muerte

Jorge Ávila / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. El 21 de agosto de 2019, el mundo de la música despidió a uno de los más grandes exponentes de la cumbia vallenata en México y América Latina: Celso Piña, quien murió a causa de un paro cardiaco a los 66 años de edad.

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Este primer aniversario luctuoso se celebrará de manera virtual con el lanzamiento de una versión de “Cumbia maravillosa”, en la que Celso trabajaba poco antes de su partida.

También se lanzará un pequeño documental con anécdotas de gente que trabajó con él, como su chofer durante varios años.

También Leiden decidió rendirle homenaje al Rebelde del Acordeón con el tema “Cumbia de luna roja”, que nació del corazón de Leiden al enterarse de la muerte del músico regiomontano, pues sólo unas semanas antes había colaborado con él en el tema “Tu boca”, una canción compuesta por ella.

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“La sorpresiva y lamentable muerte del maestro Celso Piña me hizo un nudo en el corazón. No sólo fue precipitado, sino que nos dejó una galaxia de cosas por decir a todos los que tuvimos la oportunidad de convivir o colaborar musicalmente con él. Esa noche no pude dormir, y a la mañana siguiente amaneció conmigo una melodía que tuve sin más remedio que transcribir; era una carta póstuma donde le agradezco toda la generosidad que tuvo conmigo, y el apoyo a mi trabajo como parte de la nueva escena musical. Así surgió ‘Cumbia de luna roja’, con todo mi cariño, porque cumbiando es la mejor manera de honrar su nombre. ¡Hasta siempre rebelde!” escribió Leiden.

Y es que la muerte del Rebelde del Acordeón dejó un gran vacío en la música, dado que el regiomontano le dio una proyección distinta y mucho más amplia a un espectro musical.

Antes de Celso Piña, lo que de vallenato se conocía fuera de Monterrey era muy limitado, y los sonidos de la cumbia nacional eran más bien tropicales al estar circunscritos básicamente a lo que se venía haciendo tanto en la Ciudad de México como en algunos estados del sur, además de lo que como eco nos llegaba de Sudamérica.

No haremos en este momento la historia de la cumbia callera o rebajada, que eso es tema para otra nota, pero baste decir que en los 80, cuando el movimiento estaba fuerte por influencia de los cholos radicados en Estados Unidos que llegaban con sus discos a Monterrey, y luego con envíos de la Ciudad de México o importaciones directas de Colombia a la capital de Nuevo León, Celso Piña fue el primero que, al decidir cambiar la guitarra y Los Beatles por el acordeón y Andrés Landero, comenzó a tocar en vivo lo que hasta ese momento sólo los sonideros hacían. De esta manera la cumbia colombiana tuvo un exponente en la ciudad mexicana que más le ha rendido tributo al género.

De esta manera Celso Piña sentó las bases de un sonido muy diferente, se volvió pionero y precursor de un movimiento que gracias a él fue visto más allá de las colonias marginales de Nuevo León, y así la cumbia colombiana se democratizó en México, ya no siendo exclusiva de los llamados “cholombianos”.

Por ello puede considerarse que Celso Piña comenzó a meter el barreno desde 1983, con su primer disco, “Si mañana”, para al final detonar la dinamita, a lo que le ayudó El Gran Silencio en 1998 con el mítico “Libres y locos”, como preámbulo de “Barrio Bravo”, el disco de Celso Piña que en 2001 definiría su carrera.

Pero si logró proyectar hacia todo México un sonido que antes de eso sólo se encontraba en Monterrey, fue porque Celso Piña llegó a mercados que antes hubieran parecido imposibles. Así, antes de que Los Ángeles Azules inundaran el mercado con sus duetos con cantantes de música pop, Celso ya había abierto el camino para la cumbia al hacer duetos que antes hubieran parecido inauditos: Pato Machete, Blanquito Man (King Changó), Lupe Esparza (Bronco), Rubén Albarrán (Café Tacuba), Gabriel Bronsman (Resorte) o Poncho Figueroa (Santa Sabina). Es por ello que si la cumbia en México está en deuda con Los Ángeles Azules por su proyección comercial ad nauseam, los de Iztapalapa deben agradecer al regiomontano por ser el más grande embajador que la cumbia y el vallenato han tenido fuera de Colombia.

Así, con el legado de Andrés Landero, Aniceto Molina, Los Corraleros de Majagual, Alfredo Gutiérrez o Aníbal Velázquez, a quienes conoció gracias a los sonideros que suben sus equipos a los más intrincados cerros de Monterrey para amenizar fiestas; con el espíritu de esos barrios, donde bastan un acordeón y alguna percusión (formal o improvisada) para hacer el baile, con todo el espíritu de los chúntaros o cholombianos que viven esta música como parte de su identidad, con toda esa carga, Celso Piña bajó del cerro y lo mismo puso a bailar a García Márquez que viajó por todo el mundo, acordeón al hombro, llevando su ritmo, su legado, su carga cultural y, lo más importante, su mensaje de paz y hermandad por medio de la música.

Es por eso que tenemos tanto que agradecerle a Celso Piña, porque llegó a romper estereotipos, a ponernos a cantar y bailar sin que nada importara, porque si algo nos dejó bien claro el Rebelde del Acordeón es que la música es un lenguaje universal, sólo que en diferentes idiomas, porque a final de cuentas, como bien decía: música es música.