Crónica | Viernes Santo 2019, revive los fervorosos ritos que Tzintzuntzan realiza cada año… y que hoy suspendió

Como cada año el Viacrusis se desarrolla escenificando uno de los momentos más significativos del catolicismo, los hombres y mujeres de esta comunidad se preparan para honrar una de las tradiciones que, como muchas aquí, no desaparece pese al paso de los años y la urbanización.

Foto: Omar Cuiriz.

Omar Cuiriz / La Voz de Michoacám

Tzintzuntzan, Michoacán. Viernes Santo, la pasión de Cristo. Este día y desde cientos de años, pobladores conmemoran la muerte de Jesús; el escenario es el impresionante atrio de los Olivos de Tzintzuntzan, un Pueblo Mágico que se levantó a las orillas del lago de Pátzcuaro.

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Como cada año el Viacrusis se desarrolla escenificando uno de los momentos más significativos del catolicismo, los hombres y mujeres de esta comunidad se preparan para honrar una de las tradiciones que, como muchas aquí, no desaparece pese al paso de los años y la urbanización.

Foto: Omar Cuiriz.

Tres caídas, latigazos, lamentos, La Verónica limpiando el rostro de Jesús, la crucifixión, siete últimas palabras y la muerte; esta es parte de la recreación que cada año cumplen fervorosamente, que este 2020, no pudieron hacercelo cavalmente.

Apenas entrando al enorme atrio se suspendía un ambiente de luto, se escuchaba sólo murmullos de los visitantes y un peculiar sonido de la trompeta, ese instrumento que lanzaba constatemente un sonido que sólo se escucha el Viernes Santo y que se expandía por cada rincón del lugar; son ondas que vibran y dan un ambiente aún más mistico.

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Había cientos de miradas extranjeras que ven con cierta cautela a los alrededores y observan los antiquísimos olivos, mantas moradas, comuneros con túnicas representando algún personaje, pesadas cruces de al menos 5 metros de largo esparcidas por el atrio.

Foto: Omar Cuiriz.

También estaban los penitentes, con un sonido metálico arrastrarán los pasos, son varios hombres originarios de esta tierra que amarran sus pies con grilletes de metal, colocan una capucha en sus rostros y semidesnudos recorren las calles y la iglesia. Con cortos pasos y sangrando de las llagas en los tobillos, piden limosna para el Santo Entierro, a quien honran en el Templo Viejo. Ellos agradecen los favores recibidos y piden nuevos, una costumbre aprendida desde el siglo XVI.

El fervor de los pobladores, hasta 2019, seguía casi intacto después de cientos de años. Viven y sienten la tradición de Semana Santa de tal manera que su cultura, la de un imperio purépecha, aún se constata por todo el pueblo.

Foto: Omar Cuiriz.

Tras una representación casi real del viacrucis, la gente se reune a escuchar las últimas palabras que dijo Jesús desde la cruz.

Jesús ha muerto, y antes de que oscurezca, con profundo pesar los pobladores acompañaron a la Virgen María en una procesión que recorre casi todas la calles de esta comunidad enclavada en la meseta purépecha.

Una alta figura de María llamada La Dolorosa transita detrás de un enorme Cristo lamentando su muerte, ambos son cargados en los hombros de pobladores, mientras el mar de gente los rodea y acompaña. Dejan ver que están de luto porque Jesús fue traicionado.

Foto: Omar Cuiriz.

Llegó la noche y fue la hora en que una segunda ronda de penitentes saliera, eran los conocidos penitentes de cruz, quienes ya no usaron grilletes, sino cargar una pesada y larga cruz de madera y recorriendo a prisa las calles simbolizaron el padecimiento de Jesucristo.

Cada ciertas cuadras, marcadas con una cruz de flores, se detienían, un cirineo lo ayuda a sostener la cruz, otro lo toma del hombro para que no caiga del cansancio.

El penitente se hinca en pleno asfalto, ora con fervor, se levanta y moviendo sus pies golpea sus espalda con un látigo con espinas mientras ofrece su sacrificio por los suyos, por sus padres, hermanos, esposas e hijos quienes seguramente repetirán esta tradición, una vez que pase la emergencia sanitaria que tienen al mundo en hito…

Foto: Omar Cuiriz.

Su espalda quedó en carne viva pero continuaron con el recorrido que suele durar varias vueltas o toda la noche, depende de su manda.

Los turistas que decidieron quedarse hasta esa hora, ven alejarse al penitente con el sonido de la cruz a rastras, luego escuchaban al silencio que inundaba las calles oscuras, pero solo por unos minutos, porque luego a lo lejos se escuchaba un roce de una nueva cruz. Se acercaba un nuevo sacrificio.

Estos pobladores guardan en su memoria y sus manos, las tradiciones más valiosas de su pueblo. Su recuerdo los impulsa a conservar la esencia de una religión que marcó su cultura.

Este año, 2020, todo cambió. Una pandemia inundo al mundo entero y obligó a este y varios países a suspender todas las actividades que implica la aglomeración de personas.

Las autoridades del pueblo mágico, que siempre recibe a turistas y deja ver su bellaza, anunciaron que no evitaran la entrada de personas al municipio este días de Semana Santa, aclarando que “no es una grosería”, sino una medida preventiva para que el COVID-19, no se propague. Cabe resaltar que el municipio ya tiene su primera defunción a causa de este virus.