IMÁGENES NUESTRAS | Calzada Fray Antonio de San Miguel, camino a la Virgen

Construida en la tradicional piedra caliza rosada que caracteriza a Morelia, cantera, la calzada es actualmente un punto por donde transitan miles de personas entre estudiantes, comerciantes, turistas y locales.

Foto: Sam Herrera Jr.

Arturo Molina / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán .Con casi 300 años de historia, la Calzada Fray Antonio de San Miguel, popularmente conocida como Calzada de San Diego, se mantiene como uno de los vestigios históricos más antiguos y visitados de la ciudad de Morelia.

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Construida en la tradicional piedra caliza rosada que caracteriza a Morelia, cantera, la calzada es actualmente un punto por donde transitan miles de personas entre estudiantes, comerciantes, turistas y locales.

Durante los últimos meses de noviembre y primeras semanas de diciembre es sede de las fiestas guadalupanas, también conocidas entre la juventud como el Caña Fest, en donde se comercian las tradicionales cañas de azúcar, cacahuates cocidos, pan de nata y todo tipo de antojitos mexicanos que son alusivos a la temporada invernal y las fiestas religiosas.

No obstante, su función original fue pensada para conectar la capilla dedicada a la virgen de Guadalupe en el Santuario Templo de San Diego, mismo que se edificó en el año de 1730 y que representó un auge importante el fenómeno guadalupano del siglo XVIII.

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La planificación y la traza urbana de Morelia estuvo directamente ligada a la edificación de las iglesias y en este caso, la monumental calzada fue pensada para acercar a la población de la entonces Valladolid al nuevo recinto religioso en dónde se colocaron las imágenes alusivas a la Morenita del Tepeyac.

Las fuentes oficiales datan a la calzada por el año de 1732, la cual fue mandada construir por el obispo Juan José Escalona y Calatayud con el firme propósito de conectar los dos puntos geográficos de la creciente ciudad novohispana.

El culto a la guadalupana tomó un auge importante en el siglo XVIII y, con ello, miles de fieles católicos se acercaron a la pequeña capilla que también fue creciendo con el paso de los años.

La misma necesidad de movilidad impulsó el crecimiento de la antigua Valladolid hacia la zona oriente de lo que hoy es Morelia.

Finalmente, para finales del siglo XVIII y ante la creciente afluencia de peregrinos de toda la región, fue restaurada y se colocaron las largas bancas de cantera que delimitan a la calzada y que hoy en día son uno de los sitios más visitados por los morelianos.

En este último cambio, fue fray Antonio de San Miguel quien costeó desde el obispado los insumos de construcción y la mano de obra para hacer realidad el ambicioso proyecto que se mantiene conservado hasta nuestros días.

Gracias a las acciones de construcción del entonces obispo de Valladolid de Michoacán, la calzada hoy lleva su nombre, en muchos casos desconocido para la mayoría de los ciudadanos.