El Museo Regional Michoacano cumple 140 años; inició con piezas prehispánicas de Tzintzuntzan, Huetamo y Tuxpan

La fundación del museo impulsó de manera decisiva el desarrollo de la investigación arqueológica e histórica en Michoacán.

Antigua fotografía que muestra la museografía del Museo Michoacano durante la década de los cuarenta. Fotografía: Román Piña Chan. Acervo Román Piña Chan. Universidad de Campeche.

Columna: Mechoacan Tarascorum
Dante B. Martínez Vázquez

Este 30 de enero, se cumplen 140 años del evento que marcó un punto de inflexión en la historia cultural de Michoacán. En el año de 1886 y por órdenes del entonces gobernador Mariano Jiménez, se fundó el Museo Michoacano, una institución que a lo largo de 140 años se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales en la preservación, investigación y difusión del pasado histórico y arqueológico del estado.

PUBLICIDAD

Desde su origen, el museo nació con una clara vocación científica y educativa. Su primer director fue el médico e investigador Nicolás León Calderón, una de las figuras intelectuales más relevantes del Michoacán de finales del siglo XIX. Bajo su dirección, el museo funcionó con la tutela del Colegio de San Nicolás, espacio que fungió como su primera sede y que simbolizaba el vínculo entre el conocimiento académico y la conservación del patrimonio histórico.

PUBLICIDAD

Entre las piezas más emblemáticas de aquella colección inicial destacaba una figurilla de cerámica que representa a una deidad asociada al agua. Durante años, esta pieza fue interpretada erróneamente por la obra historiográfica México a través de los siglos como una representación del dios Curicaueri, principal deidad tarasca.

En el ámbito colonial, una de las joyas más sobresalientes fue una pintura del siglo XVIII que retrata al noble indígena Don Antonio Huitzimengari, hijo del último gobernante tarasco de Michoacán, así como una pintura del primer obispo de Michoacán Vasco de Quiroga. Obras como estas no solo representan un testimonio artístico, sino también documentos visuales que dan cuenta de la compleja transición del mundo indígena tras la conquista española.

El crecimiento de las colecciones hizo evidente la necesidad de un espacio más amplio, por lo que en 1889 el museo fue trasladado al Palacio de Gobierno. Un año antes, en 1888, León había fundado los Anales del Museo Michoacano, una publicación pionera donde se difundieron investigaciones sobre la historia y la arqueología del estado. En su primer volumen destacan los estudios del propio León sobre la Relación de Michoacán, documento elaborado entre 1539 y 1541 y considerado la fuente más importante para el conocimiento de la cultura tarasca prehispánica.

Sin embargo, los conflictos políticos no tardaron en hacerse presentes. En 1892, Nicolás León fue destituido de su cargo tras desacuerdos con el gobernador Aristeo Mercado, cerrando así una de las etapas más fecundas en la historia temprana del museo.

En 1896 asumió la dirección el Dr. Manuel Martínez Solórzano, quien emprendió una profunda reestructuración del museo. Bajo su gestión se organizaron las colecciones y se impulsaron nuevas investigaciones históricas y arqueológicas. Entre los logros más destacados de este periodo se encuentra la recuperación del lienzo de Púcuaro y el hallazgo de las imponentes esculturas tipo “Chac Mool” en la antigua ciudad de Ihuatzio, descubiertas en 1908 por Julián de Bonavit.

Tras varios cambios de sede y debido a las limitaciones del espacio, el museo encontró finalmente su hogar definitivo en 1915, al trasladarse a la casa que perteneció al empresario vallisoletano Isidro Huarte, ubicada en la esquina de las calles Allende y Abasolo. Este edificio histórico, construido a finales del siglo XVIII, se convirtió en el recinto que hasta hoy alberga la memoria material de Michoacán.

El estallido de la Revolución Mexicana provocó una reducción significativa en las actividades del museo, aunque logró mantenerse gracias al apoyo de figuras como Pascual Ortiz Rubio. En la década de 1930, el museo volvió a cobrar relevancia con las investigaciones arqueológicas encabezadas por el célebre arqueólogo Alfonso Caso, quien descubrió una nueva escultura tipo “Chac Mool” en Ihuatzio, hoy parte del acervo del museo.

Con la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en 1939, impulsada por el presidente Lázaro Cárdenas, marcó una nueva etapa para el museo. Bajo la dirección de Antonio Arriaga Ochoa, se estableció una estrecha colaboración entre la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo con el INAH, que derivó en importantes descubrimientos en zonas como Tzintzuntzan, Chupícuaro, la Tierra Caliente y otras regiones, enriqueciendo notablemente las colecciones arqueológicas.

En 1959, como homenaje a su fundador, el recinto adoptó oficialmente el nombre de Museo Regional Michoacano “Dr. Nicolás León Calderón”.

Durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa, el museo volvió a experimentar un notable crecimiento gracias a proyectos arqueológicos en sitios como San Felipe de los Alzati (de donde proviene una monumental escultura de felino con rasgos de deidad del agua), así como en Loma de Santa María, Tres Cerritos y La Nopalera.

A 140 años de su fundación, el Museo Regional Michoacano no es solo un edificio histórico ni una colección de objetos antiguos. Es un espacio vivo que resguarda la memoria de los pueblos que dieron forma a Michoacán y que, generación tras generación, ha contribuido a comprender el pasado para dialogar con el presente. Su historia es, en muchos sentidos, la historia misma de la investigación arqueológica e histórica en el occidente de México.

Dante Bernardo Martínez Vázquez, licenciado en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Licenciado en Historia por el Instituto de Estudios Universitarios y Maestro en Historia por la Facultad de Historia de la UMSNH. Ha formado parte de diversos proyectos de  investigacion nacionales e internacionales. Su obra incluye el estudio de los pueblos originarios de Michoacán en las épocas prehispánica y virreinal.