IMÁGENES NUESTRAS | La Soterraña, el último pulmón verde del Centro Histórico de Morelia

Localizado a una cuadra del Templo de Cristo Rey, que data de finales del siglo XVIII, fue construido por los feligreses para venerar en un principio a la Virgen de la Soterraña o Nuestra Señora de Nieve.

Foto: Sam Herrera Jr.

Redacción / La Voz de Michoacán

Es considerado como el último pulmón verde del Centro Histórico de Morelia. Ubicada en uno de los rincones más remotos del primer cuadro, el Jardín de la Soterraña revela la apariencia de las plazuelas de la antigua Valladolid.

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En pleno 2023, la Soterraña se ha convertido en uno de los nuevos puntos preferidos para compartir un café, una crepa y hasta una cerveza, no obstante, no siempre fue así.

Hace apenas una década, la Soterraña era una de las plazuelas más abandonadas del primer cuadro. Consumo indiscriminado de bebidas alcohólicas en plena calle e incluso prostitución se registraban a plena luz del día a pesar del valor arquitectónico y cultural del sitio.

Localizado a una cuadra del Templo de Cristo Rey, que data de finales del siglo XVIII, fue construido por los feligreses para venerar en un principio a la Virgen de la Soterraña o Nuestra Señora de Nieve. El Jardín de la Soterraña, como es conocido hoy día este espacio, se edificó hasta finales del siglo XIX, en lo que fue de 1885 a 1895. Destaca de otras plazas de la Ciudad de la Cantera Rosa por la imagen derivada del conjunto de materiales originales con que fueron cubiertos sus pisos, bancas y estanterías que evocan incluso a los más bellos jardines europeos.

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Es considerado como un pulmón verde de la ciudad por su gran cantidad de vegetación y arbolado. El nombre oficial de este espacio es Jardín Ignacio López Rayón, pero es más popularmente conocido como la Soterraña y está situado en las calles Quintana Roo, Guerrero y Rayón a unas pocas calles de plaza Carrillo, al Sur del Centro Histórico

Cuenta la historia reciente que este jardín fue nombrado Soterraña debido a que en el templo aledaño se rindió culto a una imagen de la virgen que, de acuerdo a una de las versiones populares y relatos históricos contados de generación en generación, fue encontrada bajo tierra; otras voces recompiladas relatan que recibió ese nombre porque se trató de una escultura de la virgen enterrada para ocultarla y protegerla de los enfrentamientos durante los periodos de guerra que hubo durante el siglo XIX.

La fuente de lugar convirtió al jardín en sus primeros años en un lugar de reunión, puesto que de ahí se obtenía el agua que los habitantes necesitaban para realizar distintas actividades en lo que va de lo comercial, las necesidades básicas e incluso para bastecer a las bestias de carga que tanto facilitaron la vida durante siglos pasados a los habitantes de la Morelia antigua.

Al centro de la fuente se presenta ciertas similitudes con una copa, desde donde fluye el agua, buscando salpicare invitar a las aves que atraídas por la vegetación y el agua acuden día con día al espacio.

Los jardines internos y las múltiples variedades de plantas que allí fueron colocadas se encuentran dispuestos en forma de triángulo, aportando al lugar una gracia única.

Además, se colocaron algunos bancos de piedra, con la idea de integrar este espacio a la vida de la gente, e invitarlos a descansar y a visitar el lugar.

El Jardín de la Soterraña sirvió también como espacio donde se reunían algunos vendedores que llegaban con sus carretas cargadas de vigas, tablones, entre otros elementos destinados a la construcción, y que deseaban volver a sus casas con la carreta vacía y el bolsillo lleno. A decir de los propios historiadores y cronistas de la época, este sitio del siglo XIX era un espacio de encuentro, de integración y socialización.

No obstante, luego de haber sido abandonado en lo que refiere a la vigilancia y saber sido ocupado por trabajadoras sexuales y jóvenes que patinan por las bancas y espacios del jardín, la vida social regresó.

Mesas con amigos que comparten el café, el tabaco y el té se fijan como parte del nuevo panorama de la plaza más olvidada de Morelia.