Gobernabilidad y educación

La educación de las próximas generaciones es demasiado importante como para dejarse en manos de unos cuantos, de políticos, de ambiciosos o de fanáticos.

Erik Avilés Martínez

La gobernabilidad es un factor por tomarse muy en cuenta para analizar los asuntos públicos, particularmente en aquellos en los cuales el Estado interviene. Así, podemos comprender mejor la realidad que nos envuelve e involucra, posibilitándonos tomar posturas y actuar desde nuestros respectivos ámbitos de competencia, en beneficio del ejercicio de nuestros derechos y libertades, así como de los de nuestros hijos.

La gobernabilidad puede ser abordada desde diversos enfoques; uno de ellos es la serie de condiciones existentes para gobernar desde algún cargo público, es decir, qué tanto las circunstancias imperantes permiten a un funcionario ejercer sus atribuciones. También puede ser vista como la dinámica existente entre las necesidades y demandas de la sociedad y las acciones de respuesta gubernamentales. Fue un concepto muy en boga durante la segunda mitad del siglo pasado y, hoy en día, en democracias en desarrollo como la nuestra, los integrantes de la clase política suelen emplear mucho aún el término mencionado en sus discursos.

PUBLICIDAD

La gobernabilidad posee diversas dimensiones o factores que la acrecientan o la limitan, de acuerdo con el contexto específico en que se encuentren y con el comportamiento de sus variables respectivas.

Uno de ellos es la denominada razón de estado, la forma de auto afianzarse mediante la efectividad del gobierno; es decir, la mejora continua de indicadores de desempeño gubernamental, en el ejercicio de sus atribuciones. Idealmente, si el gobierno brinda resultados, la sociedad le premia brindándole confianza para seguir adelante.

Otro factor es la legitimidad o aceptación social del gobierno, como una medida de la percepción de cercanía y de que el gobierno está haciendo bien las cosas. Si un gobernante resulta bien evaluado en las encuestas, podrá tomar decisiones de mayor calado.

PUBLICIDAD

Finalmente, está la estabilidad política o ausencia de manifestaciones de inconformidad, tanto en las calles como en la agenda pública, lo cual abona intrínsecamente a que existan condiciones para gobernar, al no tener que recular, detenerse ni explicar minuciosamente cada paso que brinde el gobernante.

En esa disputa que sobreviene en año preelectoral, tanto a escala nacional como estatal se instrumentan medidas a favor y en contra del régimen en el poder, que van a tener poco o muy poco que ver con la expansión de los derechos humanos de la ciudadanía.  Particularmente, aunque esas circunstancias aparentemente no tengan que ver con el ámbito educativo, debemos comprenderlas para entender mejor la realidad que impera en el sector y los escenarios que sobrevienen.

Si bien, en la actualidad de nuestra nación, la efectividad gubernamental como categoría ha sido cubierta con la cortina de humo del imperio de los “otros datos” y la estabilidad política se ha conformado controlando a la gran mayoría de los movimientos sociales, particularmente, en el ámbito de la legitimidad es importante enfocar las medidas de carácter trotskistas que se emprenden desde el poder o contra suyo.

Así como André Bretón, padre del surrealismo declaró en su momento que México fue el único país surrealista, así también sería bueno cuestionarse si León Trotsky hubiese estado de acuerdo en que nuestra nación sea una en la cual hayan florecido ampliamente sus ideas. En sus obras y manuales Trotksy consideró la importancia de visibilizar y magnificar los errores y contradicciones gubernamentales para generar una amplia movilización de bases, la cual permitirá después obtener el poder y, desde él, generar, mediante la autoridad de las masas, un gobierno movilizado que fuese tocando cada asunto público para generar un nuevo orden o una transformación.

Visto así, es claro que las medidas legitimadoras más fuertes y recursivas que se han empleado en los últimos años desde el poder son las marchas y grandes aglomeraciones de personas, mientras que las medidas oposicionistas que más han gravitado han sido precisamente las que han aglutinado a muchas personas protestando contra el régimen actual.

Comprender lo que acontece en el México contemporáneo implica releer -entre muchos otros ideólogos- a Trotsky, para entender los principios que rigen las acciones que emprende el régimen en el poder. Es menester analizar cada estilo de gobernar de acuerdo con las ideas que sus pensadores más influyentes han enunciado. Intentar explicar fenómenos sociales con conceptos ajenos a la teoría que los sustenta resulta una tarea compleja y a veces imposible, incluso para las mejores mentes del país, más aún, si se empeñan en emplear sus modelos ya aprendidos o preconcebidos en lugar de empatizar con lo que se está realizando.

Dicho lo anterior, regresamos al vórtice de la disputa por el poder, tanto presente como de cara al 2024. Vienen tiempos en los cuales el más mínimo pretexto o área de oportunidad se usará de ariete, todo vacío será campo de disputa, se emprenderán disputas intensas en todos los territorios públicos de la nación mexicana.

Ya de por sí, en el ámbito educativo, los factores de la gobernabilidad se han instrumentalizado ampliamente durante los años recientes: el factor de legitimidad se ha explotado trotskistamente hasta el cansancio en cuanto a marchas de protesta y de respaldo, muy maridado con el factor de estabilidad política, generando mesas de negociaciones, acuerdos  o desaires y hasta detenciones de manifestantes; aunado a lo anterior, también se ha amordazado la medición de la efectividad gubernamental, negándose la autoridad a realizar un diagnóstico en materia de aprendizajes perdidos, de situaciones socioemocionales y socioeconómicas de cada uno de los estudiantes del país, así como a elaborar medidas de política pública para recuperar a los estudiantes que se vieron forzados a abandonar las aulas.

Preocupa particularmente que esta conflagración llegue a afectar aún más el sector educativo, por estar al centro las niñas, niños y jóvenes, quienes pueden ser presa de francas omisiones y violaciones a sus derechos a estar, a participar y a aprender en las escuelas mexicanas.  Es decir, nuestras generaciones en formación quedan al centro del fuego político cruzado.  La situación no les es favorable, pero de no intervenir la ciudadanía, podría empeorar.

La ignorancia, la ambición y el fanatismo amenazan con tomar por asalto la escuela pública y la disputa por el poder puede generar efectos colaterales de aún más alto impacto en el desarrollo educativo de nuestra nación y de nuestra entidad federativa en particular.

Como ejemplos de posibles escenarios de disputa adulto-céntrica, pensemos en factores como la implementación de la Nueva Escuela Mexicana, el arribo de los nuevos libros de texto, la dignificación de la infraestructura y equipamiento de las escuelas en comunidades marginadas, la entrega de apoyos económicos, el ingreso al servicio profesional docente, la promoción vertical y horizontal de los trabajadores de la educación y muchos más.

Todos ellos son susceptibles de ser politizados y empleados como campos de batalla sin reparar en las consecuencias que pueden tener los afanes de poder e interés en la formación de los estudiantes. Los actos de manipuleo realizados al seno del sector educativo, tales como las movilizaciones de bases, las protestas con fines políticos, los actos de respaldo al poder, el clientelismo y la direccionalidad electorera son fenómenos que deberían ser visibilizados y desterrados desde ahora, por ser ajenos al interés superior de las generaciones en formación. 

El gran tamiz deben ser los derechos de la niñez y de la juventud en nuestro país. Los tomadores de decisiones, los políticos, funcionarios, padres de familia, estudiantes y ciudadanía en general deberíamos preguntarnos en todo momento: ¿En qué beneficia o perjudica determinada medida a la formación integral de las infancias y juventudes en México? ¿Cómo mejora lo que está sucediendo o sucederá la vivencia plena de derechos a estar, a aprender y a participar en las escuelas de la nación de las niñas, niños y jóvenes?  En caso de que no exista una respuesta convincente al respecto y que puedan trazarse los intereses de quienes aspiran a impulsar alguna acción en el sector educativo en lugar de existir evidencias de un posible beneficio que recibirían las generaciones en formación será momento de levantar la voz y exigir por los medios a nuestro alcance que se suspendan esa clase de acciones.

Así, la gobernabilidad en la educación comenzará a florecer, en el momento en el cual las acciones gubernamentales sean respuesta a la demanda de derechos en el sector, que los actores clave exclamen, existiendo ahora sí consistencia entre la agenda pública y las medidas de política pública, instaurándose mecanismos de evaluación, seguimiento y mejora continua. En caso de que guardemos silencio, la colonización y eventual conversión de las comunidades escolares en arenas políticas será inminente, con consecuencias desastrosas en el aprendizaje, permanencia, matriculación y rezago educativo para los estudiantes.

En suma, esperemos que esta toma de consciencia la desarrollemos todos antes de que se politice más la educación y volvamos a caer en un paréntesis que puede durar años, para una vez más caer en el eterno retorno que implica el transformismo sexenal que a nada ha llevado durante las últimas décadas en la educación nacional.

La educación de las próximas generaciones es demasiado importante como para dejarse en manos de unos cuantos, de políticos, de ambiciosos o de fanáticos. Los grupos organizados, movilizados y radicalizados ideológicamente son una muy escasa minoría, respecto a la inmensa mayoría de la sociedad, en quienes debería de recaer la toma de decisiones, como en cualquier democracia consolidada.

Sin embargo, la historia nos exhibe que los derechos humanos se conquistan ejerciéndolos, defendiéndolos y exigiéndolos. Es momento de estar alertas por las circunstancias que sobrevendrán más temprano que tarde. Debemos estar mucho más informados, expectantes y participativos porque los movimientos que se darán en los próximos meses pueden afectar a toda una generación. Estemos atentos y defendamos la educación de intereses ajenos a la vivencia plena de derechos de la niñez y la juventud en México y en Michoacán en particular. 

Digámosles a los ambiciosos y manipuladores políticos instrumentalistas, prestidigitadores de la gobernabilidad, sin ética ni en sus medios ni en sus fines, al unísono: ¡Con la educación no!

Sus comentarios son bienvenidos en eaviles@mexicanosprimero.org y en Twitter en @Erik_Aviles

* Erik Avilés es doctor en Ciencias del Desarrollo Regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán.