Gustavo OgarrioEl escritor argentino Manuel Puig escribió la novela “La traición de Rita Hayworth”(1965), una escena de cine la transforma Puig en una evocación memorable. En esta novela, la simbiosis entre cine y literatura llega a niveles artísticos sumamente elaborados. Desde el título mismo de la novela de Puig se advierte esa fusión entre literatura y cine, el cual se refiere a la estructura mítica del cine, con sus estrellas y revelaciones, que operan ya en la estructura emocional y trágica de un niño de provincia, Toto, en Argentina en plena emergencia de la cultura de masas: “... y salíamos del cine caminando y papá decía que le gustaba Rita Hayworth más que ninguna artista, y a mí me empieza a gustar más que ninguna también, a papá le gusta cuando le hacía <toro, toro> a Tyrone Power, él arrodillado como un bobo y ella de ropa transparente que se veía el corpiño, y se le acercaba para jugar al toro, pero se reía de él, que al final lo deja. Y a veces pone cara de mala, es una artista linda pero que hace traiciones”. Hay quien dice que en México hay una crisis narrativa en el cine y que éste ha sido derrotado por la ausencia de historias memorables. No estaría nada mal evocar la manera en que la literatura ha traicionado al cine, es decir, el modo en que afirma su autonomía. Sin embargo, la traición de la literatura ha sido productiva, digamos que, de bajo costo, ya que al parecer el cine en nuestros días poco a poco va afirmando también su autonomía artística y es posible ya identificar ciclos, temas, formas de narrar y propuestas artísticas que vienen del lenguaje cinematográfico y que, al igual que Toto, ese niño cinéfilo de la novela de Puig, le han dado refugio a la misma literatura, ese monstruo artístico que todo lo traiciona.