El gran negocio de la guerra

La lucha por erradicar en México y el mundo la siembra, el cultivo, comercialización y consumo de mariguana, provocó una serie de fenómenos, mafias, delincuentes, episodios nacionales con la finalidad de que no se exportara a los Estados Unidos

Jaime Darío Oseguera Méndez

Uno de los principios básicos en la investigación de un delito o conducta criminal, es saber quién se beneficia del crimen. Sencillo, regularmente se comete una conducta antijurídica para obtener una utilidad, de la naturaleza que éste sea.

PUBLICIDAD

En esta reflexión deberíamos detenernos hoy que el secuestro de Nicolás Maduro pone en el centro del debate la naturaleza y el futuro de la llamada guerra contra las drogas.

Trump es un tirano y Maduro un dictador. Nadie en su sano juicio puede aprobar lo que pasó. Ni el secuestro y menos el robo de la elección en Venezuela. Estados Unidos secuestra a Maduro acusándolo de ser narcotraficante y terrorista.

Se ha definido como guerra contra las drogas a las políticas y acciones que s implementan los países de América Latina para disminuir la producción y venta de estupefacientes de los mercados locales hacia los Estados Unidos.

PUBLICIDAD

Se trata de políticas con una serie muy variada de acciones, altamente influidas por el gobierno de los Estados Unidos en el afán de mitigar y aminorar los altísimos niveles de consumo de drogas con las consecuencias devastadoras para la sociedad norteamericana: violencia, homicidios, aumento en la mortalidad y morbilidad con un alto costo en materia de cohesión para su sociedad altamente degradada.

El problema inicia desde la definición de sustancias o drogas prohibidas que se ha ido transformando. Lo que antes era mal visto y absolutamente prohibido, hoy es permitido y viceversa. Lo que actualmente es un delito, muy probablemente mañana no lo será.

La lucha por erradicar en México y el mundo la siembra, el cultivo, comercialización y consumo de mariguana, provocó una serie de fenómenos, mafias, delincuentes, episodios nacionales con la finalidad de que no se exportara a los Estados Unidos y hoy, en una buena cantidad de entidades de aquel país, el consumo es legal.

En general la guerra contra las drogas fue el acto político para encargar a fuerzas militares el control de la lucha contra la delincuencia del narcotráfico que creció hasta cuestionar la fuerza del estado, principalmente en México y en Colombia.

La implementación de campañas de búsqueda y persecución de delincuentes, a través de grupos de élite encargados de operaciones encubiertas, no públicas y a veces hasta abiertamente ilegales tuvo una implicación inmediata: el aumento en la compra de armas desde nuestros países.

Armamento de todo tipo: pistolas, fusiles, vehículos blindados, helicópteros artillados y hasta aviones de combate.

La lucha contra las drogas, aún con los acertados análisis que puedan hacer sus seguidores y detractores tuvo desde su inicio un claro ganador: la industria de las armas. Tal vez valga decir que pudo haber sido impulsada o hasta diseñada desde la propia maquinaria armamentista, para su beneficio.

En todo el mundo se beneficia la industria bélica. Para algunos analistas, la continuidad de la guerra de Rusia con Ucrania, el interminable y oprobioso conflicto de Israel contra Palestina y esta última incursión de Estados Unidos en Venezuela con el pretexto del narcoterrorismo, justifican la decisión de Estados Unidos de incrementar el gasto en consumibles de guerra para reactivar cierto sector de la economía estadunidense y la mundial.

El incremento en el gasto para la guerra siempre es un paliativo para la economía de los países productores.

Bien lo dicen varios analistas: el mundo no está formalmente en guerra pero hoy se gasta más en armas que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad. Ni siquiera al término de la guerra fría había tanta producción y consumo de armas en el mundo y de hecho, algunos países que tradicionalmente no habían participado de este pastel, hoy lo están haciendo tratando de producir armamento de manera local para no depender del mercado mundial que se encuentra acaparado por unas cien empresas, la mayoría concentradas en Estados Unidos como primer productor, Inglaterra, China, Rusia, Alemania, Francia, Italia, Corea, Japón, Israel, India y Canadá.

Los estudios dicen que Estados unidos destina el 3,5 por ciento de su PIB a la producción de armas y que la cifra podría ascender a más de 800 mil millones de dólares. Es el gran negocio de la guerra. Guerras nacionales o regionales; contra el terrorismo o contra las drogas, da lo mismo: matar genera riqueza en todo el mundo para algunos países y sus empresas. La guerra como el gran negocio de la humanidad.

Antes eran los comunistas y hoy son los terroristas. Se acabó la disputa con el bloque soviético y la guerra contra las drogas se ha convertido en un sustituto perfecto para la distribución bélica.

Resulta altamente redituable que haya dos bandos, el Estados y sus “contras” a los cuales indistinta e indiscriminadamente se les venden armas.

En la guerra contra el narcotráfico subyace una de las tragedias más notorias del Siglo XXI: la muerte de millones de jóvenes empujados a una disputa en la que todos tienen armas. Legales e ilegales pero armados hasta los dientes.

En México ¿Quién las produce y las ingresa al país? Es claro que en su mayoría vienen de los Estados Unidos y se distribuyen de manera fácil incluso en mercados públicos o a través de redes sociales.

Es común revisar las noticias de los enfrentamientos entre las fuerzas del orden con delincuentes y encontrar cantidades impresionantes de armas en manos de todo mundo. Las refriegas entre grupos delictivos por el control de zonas diversas están marcadas por la ostentación de armas y equipo táctico de los cuales ni siquiera las corporaciones de seguridad cuentan con ellas.

Por la cantidad de muertos y desaparecidos, el incremento en la violencia y la marginación; los desplazamientos y la disminución en las capacidades productivas de muchas regiones; en vista del aumento significativo en el consumo y las adicciones, la famosa guerra contra las drogas debe leerse como un fracaso para todos. Todos perdemos, menos los productores de armas.