LA CASA DEL JABONERO | Canserbero: ni más, ni menos

La voz de Canserbero se alzó y dijo lo que los jóvenes latinoamericanos, inmersos en su propio postpunk, estaban callando, o que gritaban sin ser escuchados

No soy monedita de oro, me enseñaron a ser sincero para que me crean cuando salga el lobo.
Canserbero

Jorge A. Amaral

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El rap desde sus inicios siempre se trató de decir y comunicar, por eso, en la década de los 70, mientras todos bailaban con los primeros breaks y beats en las block parties del Bronx, otros tomaron el micrófono y comenzaron a soltar las primeras rimas. Primero, invitando al baile y la fiesta, luego para retar a otros que lo hicieran mejor, después se fue construyendo un discurso que hizo que la voz del gueto se escuchara con más fuerza. De no ser así, canciones como “The message”, de Grandmaster Flash & The Furious Five, no hubieran sido posibles: “Vidrios rotos por todos lados, gente orinando en las escaleras, tú sabes, simplemente no les importa. No puedo aguantar el aroma, no aguanto el ruido. No tengo dinero para moverme hacia afuera, supongo que no tengo elección. Ratas frente a la habitación, cucarachas atrás; drogadictos en el callejón con bates de béisbol. Intenté salir de aquí pero no pude llegar muy lejos porque el hombre de la grúa se llevó mi carro”.

Y ese afán de decir las cosas es lo que ha dado al rap el sustento para mantenerse desde hace décadas, con exponentes que han puesto en alto la consigna por todo el mundo y en diferentes idiomas. En lengua española no son pocos los raperos que han hecho del género un arma de denuncia y una herramienta para despertar conciencias; por ejemplo, Ariana Puello, Frank T, Violadores del Verso, Bocafloja, Nach, la Banda Bastón, Kartel Aztlán y uno de los más grandes MCs que ha visto la lengua española: Canserbero.

El 20 de enero de 2015, en Maracay, Venezuela, el rap perdió a una de sus grandes voces y uno de sus más importantes creadores: Tirone José González, conocido como Canserbero, había caído o sido arrojado desde un décimo piso. En su lápida quedó inscrito un epitafio que describe su música a la perfección: ni más, ni menos.

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Ya en vida gozaba de la popularidad que fue ganando poco a poco desde el underground, y ahora es un referente, un canon para medir al rap latinoamericano, sobre todo el independiente, el que no tiene compromisos corporativos, que es casi todo el rap en esta parte del continente.

Sus letras, con un lenguaje claro, como la poesía intimista de la segunda mitad del siglo XX, están cargadas de emotividad, críticas sociales y políticas, pero también de figuras poéticas e interesantes estructuras. El rap de Canserbero es un collage de emociones humanas, y dependiendo de qué disco escuchemos, de esa manera será abordado el sentimiento, que puede ir de la ira más destructiva al amor más fresco y puro, pasando por las críticas al chavismo, al consumismo, a la violencia, al mercantilismo en la música. Por eso siempre dijo que su música no era para bailar, sino para fruncir el ceño.

En una época en que a las grandes discográficas lo que les interesa es entretener para vender, aunque comercien con artistas embotellados en envases de plástico; en un contexto como el que le tocó vivir: del chavismo que intentó el socialismo pero no lo practicó bien, y el gobierno de Maduro, aún más autoritario y sumiendo a Venezuela en la crisis social, política y económica. En un contexto en que todos los países de América Latina han pasando de gobierno en gobierno sin resultados positivos, en que el egoísmo se erige como la única moneda, en que no importa si estás en México o en Chile, la violencia, la pobreza, la corrupción y el sufrimiento ahí están, la voz de Canserbero se alzó y dijo lo que los jóvenes latinoamericanos, inmersos en su propio postpunk, estaban callando, o que gritaban sin ser escuchados.

Esa postura queda muy clara en el tema “Únetenos”, del disco “Vida”: “Esto va más allá de ser rapero, de protestar o de querer tener dinero. Esto es algo en el pecho, imposible de describir, el rap no debe ser de gánsteres, el rap debe construir”.

Otro detalle interesante en la obra de Canserbero es la evolución, los cambios de un disco a otro. Así, si en 2010 publicó “Vida”, un disco crítico pero positivo, enfocado hacia la necesidad de crear, de mejorar y crecer, para 2012, luego de romper con su novia de aquel entonces, publicó “Muerte”, en que las letras son más oscuras, más caóticas y hasta agresivas y llenas de alusiones a la muerte. Con esos discos, reunidos más tarde en álbum doble, dio vida a uno de los materiales más importantes e influyentes en la historia del rap en español, un disco que sigue siendo canon de lo que un MC hispanohablante debe representar.

En “Muerte” se nota un Canserbero diferente, con variaciones en la voz, de por sí peculiar, con letras más duras y agresivas. Pero, además, su flow no se parece al de nadie en América Latina, o mejor dicho, en Latinoamérica nadie se parece a él. Si acaso yo lo ubicaría en el rango de KRS-One, pero con muchas reservas porque ambos raperos manejan temáticas distintas.

El estilo de Canserbero se diferenciaba por su voz, que cambiaba de tono dando la impresión de que había varias personalidades interactuando: del más calmo al más brutal. El mismo Tirone alimentaba el juego diciendo que de ahí venía su nombre artístico: de Can Cerbero, el mítico perro de tres cabezas que vigilaba el ingreso al inframundo griego.

Ese disco, salido a las calles en 2012, fue la vuelta de tuerca en la carrera de Canserbero, fue la consagración del rapero venezolano como uno de los mejores MCs del continente. Por ejemplo, podemos destacar “Es épico”, canción que constituye una auténtica tragedia ambientada en el Infierno de Dante Alighieri, sobre un joven que cobra venganza por la muerte de su hermano, pero en ello muere y llega al Infierno, donde es desafiado por el Diablo. Esta es una oda a la venganza, rapeada sobre el ritmo cardíaco (el "tucún tucún") de su narrador.

En el Infierno encuentra a gente que en la tierra parecía buena, como el Che Guevara, Juan Pablo II, Mahatma Gandhi y otros importantes personajes de la política. Al final no dice si gana o no el duelo de rimas con Satanás, pero la historia es extraordinaria.

Esa capacidad narrativa también se manifiesta en temas como “Maquiavélico”, que narra una historia de amor y ruptura que atrapa a quien la escucha; o en “Mundo de piedra”, tema en el que cuenta tres historias paralelas y unidas por la muerte. Esa canción es como leer una novela negra en apenas unos minutos. También la encontramos en “Llovía”, que cuenta un hecho rutinario en barrios conflictivos: narcomenudeo, violencia, homicidios, en un contexto de debilidad moral e institucional.

Esa pulsión hacia la muerte empezó a ganar cada vez más terreno en sus letras. “Lamentablemente he muerto, pero no dejaré la música, pues el alma no ha salido de mi cuerpo. Flotando al sitio donde sea su puesto, a recibir el determinado castigo si es que acaso lo merezco”, dice un fragmento de "C’est la mort", también de “Muerte”.

Vida, muerte, violencia, drogas, gente “buena” haciendo cosas “malas” y viceversa. Todo eso también se encontraba en la poesía de Canserbero. “Esta canción no es para nadie que no tenga ganas de matar a alguien por falso y coño'e su madre. Otra mano con puñal en mi dorsal, la mano de un tal carnal, hermano que mi mano solía estrechar”, escribe en “Jeremías 17-5”, también incluida en “Muerte” y que ilustra a la perfección lo que ese pasaje bíblico enuncia: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová”.

Estuve tentado a hablar de su muerte, de si se suicidó o lo asesinaron, pero eso es materia de las notas que se publican cada 11 de marzo (fecha de su nacimiento) o el 20 de enero (fecha de su deceso), así que en la web abundan. Además, lo que siempre me interesa de un artista es su obra, no tanto los datos biográficos, a menos que sean cruciales en lo artístico.

Por eso no hablaré de la muerte de Canserbero, sino de lo que su deceso dejó: el nombre de un rapero que resuena por toda América Latina como un referente, una especie de gurú, porque en los foros de internet es muy común leer comentarios de personas que cuentan que pasaban por fuertes cuadros depresivos y lo que los mantuvo a flote fue la música de Tirone, que funcionaba como un catalizador para hacer catarsis.

Más arriba decía que pondría a Canserbero sólo junto a KRS-One, eso dentro del ámbito del rap, pero si vemos al rapero en su conjunto, con todas sus virtudes líricas y dramáticas, yo lo ubico como un gran narrador de historias, al nivel de artistas como Johnny Cash o Leonard Cohen. Claro, cada uno en su género y con sus sonidos muy particulares, pero con calidad narrativa muy cercana la una de la otra.

Además, el rap de Canserbero no es para mover el trasero, no es para chacalear desde un carro, no es para bailar en una discoteca. No. El rap de Canserbero es para servirse un trago o un café, reclinarse, cerrar los ojos, subir los graves y simplemente estar atento a la letra y a la emotividad, porque nunca sabemos en qué momento estallará para luego retomar la calma hasta el siguiente estertor. Y es que, como en “Es épico” recrea el “uiuiuiu” de las patrullas y el “tucún-tucún-tucún” del corazón, su música es un latir, a veces quedito, a veces con violencia, pero siempre con la ferocidad de quien tiene muchas cosas que decir pero que en el fondo sospechaba que no tendría mucho tiempo para decirlas.

Por todo lo anterior y lo que usted encuentre, ponga el disco “Guía para la acción”, suba los graves, sírvase una copa, reclínese y escuche. Es cuánto.