La importancia del ‘No’

La capacidad de afirmar ´No´ ahí donde los partidarios del ´Sí´ son masa o rebaño, es lo que da un sentido de nobleza y honor a los disidentes y críticos.

Leopoldo González

La importancia de saber y poder decir ‘No’ es, frecuentemente, la medida de la dignidad, de la libertad y la responsabilidad de cada uno.

Ser capaz de decir ´No´ a una estructura, a un grupo o a una figura de poder, cuando sus decisiones son claramente erradas y su proceder equivocado, implica no sólo un sentido ético de la existencia sino una conciencia del valor y del valer personal que van más allá de oportunismos y conveniencias individuales.

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La capacidad de afirmar ´No´ ahí donde los partidarios del ´Sí´ son masa o rebaño, es lo que da un sentido de nobleza y honor a los disidentes y críticos de nuestro tiempo. Por algo escribió André Gide: “El escritor debe saber nadar contra la corriente”. Pero el monosílabo ´No´ no es privativo del intelectual y el escritor, sino de todo aquel ciudadano que, por el sólo hecho de serlo, tiene una relación directa o indirecta con el poder.

En nuestro país ha aparecido, en tiempos de la 4T, un comportamiento lacayo y servilmente homogéneo por parte de funcionarios y legisladores del partido Morena, que consiste en dos cosas: en inclinar la cabeza frente al presidente de la República (ahí vimos a Ebrard, a Graciela Márquez y Alfonso Romo) y en decir ´Sí´ a cada una de las determinaciones e iniciativas enviadas por la oficina presidencial al Congreso de la Unión.

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Este comportamiento ovejuno y cerril, que no corresponde a la casta ni a la verdadera tradición de izquierda en nuestro país, es ofensivo para el sentido republicano del Estado y una vergüenza para todos los ciudadanos que, siendo eso, se niegan a ser súbditos.

Un gesto de reverencia hacia el poder, en sociedades avanzadas, no es sólo un canon de cortesía y buenas maneras, sino de cordialidad y decencia que distingue la categoría política de quien lo hace.

Pero un gesto de servilismo vil hacia el poderoso, en sociedades como la nuestra, es otra cosa: además de una renuncia a la propia dignidad y expresión de “lealtad ciega” hacia el que se las pidió, es no haber caído en la desproporción del ridículo que significan la abyección, la ignominia y el vasallaje.

Los legisladores del partido Morena, generalmente limitados y sin formación, no parecen saber que representan y encarnan la voz de la “soberanía popular” y la adhesión constitucional de sus entidades al Pacto Federal. Y no parecen saberlo, entre otras razones, porque su actuación en las cámaras no recoge el sentir plural y diverso de la sociedad, sino el sentir único y vertical del que los sacó del anonimato y los “palomeó”.

Decir ´No´ al fuerte y al poderoso requiere agallas, autoridad moral, un sentido elemental de congruencia y solvencia intelectual, porque decir ´No´ al que tiene el poder mas no el saber, es poner límites al abuso, al exceso, a la arbitrariedad. Y no cualquiera.

Estos legisladores, del partido Morena, han aprobado sin chistar toda clase de ocurrencias y burlas del titular del Ejecutivo, aunque ello implicara descobijar a los estados, lesionar el Pacto Federal, abandonar a su suerte a los contagiados de Covid-19 y otros enfermos y dañar al “pueblo” que dicen defender.

Ocurrió con los sensibles recortes al presupuesto de salud para 2019, 2020 y 2021, porque se los pidió el presidente de la República.

Sucedió también con la eliminación de los fideicomisos que fondeaban tareas de seguridad pública, de desastres naturales, de fomento al arte y la cultura y de investigación científica en el país, porque se los impuso la oficina en que despacha López Obrador.

Más acá, aconteció también con el proyecto de presupuesto global para 2021, que va a afectar áreas estratégicas, vitales y prioritarias para la vida pública del país, pero en el cual el Tren Maya tiene un alza de 303, Santa Lucía un incremento de 121 y los programas sociales prioritarios (programas sociales “cachavotos”) un aumento real del 27.6 por ciento.

Hace días, y todavía ayer, antes de que fuese sacada del orden del día de la última sesión del año, los diputados de Morena se disponían a aprobar sin chistar una reforma a la Ley del Banco de México absolutamente peligrosa, en la que se vulnera la autonomía constitucional de Banxico y se legitima una especie de mercado negro para la compra-venta de dólares. Y lo iban a hacer así, sin chistar, sólo porque la iniciativa de reforma llegó de la Presidencia de la República. Afortunadamente, la crítica y la presión de diversos expertos detuvieron el despropósito.

Pero así se las gastan, porque además de que cuidan sus intereses e ignoran los temas de fondo de la vida pública, su debilidad principal en la función pública es el “siseñorismo”.

Pisapapeles

El escritor Rubén Salazar Mallén, que no era particularmente devoto del parlamentarismo a la mexicana, escribió: “La diputación dura tres años, pero la vergüenza toda la vida”.

leglezquin@yahoo.com