PUNTO NEURÁLGICO | El próximo domingo

Pareciera que estamos viviendo una gran pesadilla de la que quisiéramos despertar y no podemos. Esto que estamos padeciendo es muy grave…

Luis Sigfrido Gómez Campos

El próximo domingo hay elecciones. Vivimos en una sociedad dividida ideológicamente y fragmentada por el odio. Chairos contra fifís y fifís contra chairos, parejo, sin medias tintas. Fuera máscaras: antipejistas intolerantes contra lopezobradoristas fanáticos. Buscar el insulto más venenoso para herir al que piensa distinto se ha convertido en deporte nacional por excelencia en las redes sociales de nuestro país.

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Lamentablemente también se ha derramado sangre. Innumerables candidatas y candidatos que aspiraban a obtener algún puesto de elección popular han perdido la vida. Esto es algo que, en la proporción que está sucediendo, jamás habíamos vivido en México. Detrás de estos homicidios, además, los políticos sufren una serie de amenazas para que dejen sus aspiraciones políticas.

Pareciera que estamos viviendo una gran pesadilla de la que quisiéramos despertar y no podemos. Esto que estamos padeciendo es muy grave. No debemos hacer como si no pasara nada. No podemos normalizar estos hechos y tratar de seguir viviendo nuestras vidas sin exigir a quien corresponda que corrija esto porque no estamos dispuestos a vivir en medio del terror. No se vale, el juego político de la democracia supone un clima de paz social donde se debe discutir y disentir sin miedo.

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Existe una gran responsabilidad por parte de las autoridades para garantizar a los ciudadanos el derecho a una vida sin violencia. Dejemos de lado, por el momento, otras exigencias a las que el pueblo tiene derecho y démosle importancia a la seguridad y la paz publica en el estado democrático de derecho en que vivimos. La razón fundamental por la que los ciudadanos decidimos consagrar nuestra libertad a una voluntad superior, la del Estado, es para que éste nos garantice la seguridad de una vida en paz. Sin esta premisa esencial, se rompe el pacto social y se transita hacia la anarquía.

El próximo domingo se realizan las elecciones federales intermedias más importantes de los últimos años. También en quince estados se elegirá gobernador. En medio de este caos de antagonismo electorero, donde, así como en la guerra y en el amor, todo se vale, partidos y candidatos hicieron hasta lo inimaginable por “jalar” el voto del respetable.

Bailar en un mitin o prometer puentes donde no hay ríos, es cosa del pasado, ahora hay quien promete bubis o que salga cerveza al abrir la llave del agua; participar en un debate enmascarado porque se es luchador o declarar que no sabe nada de nada porque la impusieron de candidata para ver qué pasaba es parte del gran sainete electoral nacional.

Nos hemos extraviado en un mundo de vulgaridad electiva donde tanto el pinto como el colorado son pésimos candidatos. Y si por alguna causa resulta que invalidan mi ambición, no importa, al cabo podemos improvisar a un pariente que nos haga las veces de Juanito para despachar a trasmano. Como decía Enrique Santos Discépolo en su siempre vigente Cambalache: “Que falta de respeto, que atropellaba la razón… ¡No pienses más, sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao! Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros, que el que mata o el que cura o está fuera de la ley”.

Sí, el próximo domingo tendremos elecciones en un clima de tensión donde todos mienten. Desde los candidatos y las casas encuestadoras, hasta los profesionales de la información que más que informar intentan persuadirnos respecto a la intensión de nuestro voto. Las decisiones del árbitro son puestas en tela de juicio por las más altas autoridades y los partidos políticos cuando no están de acuerdo con sus determinaciones.

Si no creemos en la imparcialidad del árbitro en un proceso electoral no podemos tener certeza de nada. Si le damos más credibilidad a los militares que a los jueces, es que algo anda mal. Si los grupos criminales deciden quién debe gobernar, debemos preocuparnos.

Debemos, durante estos siete días que faltan para la jornada electoral, reflexionar sobre el país que queremos heredar a las nuevas generaciones. La única forma civilizada de transformar la realidad es a través del voto libre y razonado. Es hablándonos y no matándonos como debemos entendernos. Es la vía democrática el único camino para hacer la vida más digna.

Miles de ciudadanos estarán participando en las mesas electorales para cuidar tu voto. No le creas a quien te diga que se está fraguando un gran fraude. Tenemos instituciones electorales muy sólidas. La democracia es un sistema que se perfecciona con la participación del pueblo, démosle un voto de confianza a las instituciones que tienen la gran responsabilidad de coordinar esta gran tarea democrática.

Nada que valga la pena se hace fácilmente, eslogan comercial que contiene, a pesar de todo, una gran verdad. Los mexicanos hemos construido un sistema democrático del que debemos partir para mejorar nuestras instituciones y acceder a un sistema de vida más justo, conservémoslo. Salgamos a votar y a participar cada cual con la responsabilidad cívica que le corresponde para heredar a nuestros hijos una mejor patria.

luissigfrido@hotmail.com