Grandeza del pueblo mexicano

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ   En el siglo XVII, Bernardo de Balbuena escribió un libro intitulado Grandeza Mexicana. Siguiendo esa misma idea, el cronista de la ciudad, poeta y escritor Salvador Novo escribió otro similar: Nueva Grandeza Mexicana. Ahora sería conveniente que algún escritor o periodista se diera a la tarea de consignar en una …

MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ RUIZ

 

En el siglo XVII, Bernardo de Balbuena escribió un libro intitulado Grandeza Mexicana. Siguiendo esa misma idea, el cronista de la ciudad, poeta y escritor Salvador Novo escribió otro similar: Nueva Grandeza Mexicana. Ahora sería conveniente que algún escritor o periodista se diera a la tarea de consignar en una obra la Grandeza del pueblo de México, demostrada durante estos días trágicos.

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Son muchas las personas, sobre todo extranjeros, que han expresado su gran admiración por la respuesta inmediata que se dio el pasado 19 del actual, día fatídico del sismo en la ciudad de México, cuando aparecieron miles de personas por todos los rumbos de la capital mexicana, dispuestos a servir al margen de su condición social, pues el tipo de trabajo que había de realizarse era pesado, las diferencias entre los mexicanos, por cuestiones económicas, raciales, políticas, religiosas o  de  nivel educativo, desaparecieron, y todos, como un solo hombre, llegaron a los edificios colapsados para laborar hasta altas horas de la noche, y al día siguiente y todo el tiempo que fuera necesario. No les importaban las inclemencias del tiempo atmosférico, sus compromisos personales, su quehacer cotidiano, solamente tenían una motivación muy encomiable: ayudar, cooperar, con todas sus fuerzas a rescatar vidas, a curar a los heridos, a sacar a los muertos que yacían bajo los escombros. Esta demostración es más que un simple deseo de ser solidario, en el espíritu de estos seres humanos hay grandes valores éticos: compasión, respeto a la vida humana, buena voluntad, ganas de tender la mano a sus semejantes, amor a su ciudad, a la patria, etc. No alcanzaría este espacio para mencionarlos. Llama la atención que la mayoría eran jóvenes, muchos de ellos estudiantes universitarios o del Politécnico, muchachos de las preparatorias, incluso jovencitos, casi niños, alumnos de escuelas secundarias, varones y señoritas, señoras, amas de casa, empleados, profesionistas, profesores, obreros, campesinos, lustradores de calzado, agentes de tránsito, vendedores de revistas, médicos, enfermeras, abogados, ingenieros, arquitectos, en fin, mexicanas y mexicanos de bien que saben anteponer los intereses de México por encima de todo. Muchas otras personas que no podían estar en los lugares siniestrados enviaban tortas y refrescos, agua, alimentos preparados en casa, platos y vasos desechables, etc. Pero también hubo quienes estuvieron pendientes de llevar lo que se necesitara como guantes, tapabocas, mascarillas, overoles, cascos, lámparas portátiles, baterías, tanques de oxígeno, materiales de curación, prendas de vestir, calzado propio para escalar, vigas, polines, botiquines de primeros auxilios, teléfonos celulares especiales, más potentes, (porque muchos no servían por los desperfectos sufridos en torres de comunicación), muchísimas cosas. Las autoridades, por su parte, desde el presidente de la República hasta los más modestos empleados de oficina, encargados del aseo, los miembros del Ejército Nacional, de la Marina Armada de México, cadetes de los colegios e instituciones militares, cuerpos de rescate, las policías federales y de la ciudad, los Heroicos Cuerpos de Bomberos, el Jefe de Gobierno o Gobernador de la Ciudad de México, los trabajadores encargados de monitorear la vida de la gran urbe, propietarios de camiones, choferes, periodistas de los medios impresos, televisivos y de radio, muchos de ellos no durmieron en toda la noche. También la ayuda consistió en casas de campaña, cobijas, impermeables, sillas, los empresarios abrieron cuentas ofreciendo cooperar con el doble del dinero que se recabara o dos pesos por cada uno, incluso cinco por cada uno. Algunos mexicanos por naturalización externaron su orgullo de haber optado por la ciudadanía mexicana, pues no existe otro pueblo como este, tan solidario, comprensivo y humano, según dijeron. La ayuda internacional no se hizo esperar, pues, como dice el refrán: “Lo que se siembra se recoge”. Los mexicanos hemos sido sensibles a las tragedias de otros pueblos del continente o de diferentes ciudades del mundo. Por eso, ahora ha llegado la ayuda de muchísimos países, con expertos portadores de aparatos de alta tecnología, especializados en salvar vidas en casos análogos, ingenieros para supervisar el trabajo de reconstrucción, ya que el problema no se reduce a los edificios que cayeron al suelo, sino a muchas viviendas que resultaron con cuarteaduras que las ha vuelto inhabitables por el inminente riego de que se caigan. A propósito de adelantos científicos en este campo, los enviados del extranjero traían aparatos que ya se conocían en México, cuya utilidad es detectar si hay personas con vida a través de una sonda que envía datos sobre el calor del cuerpo, movimientos y sonidos. Como son instrumentos sumamente sensibles era necesario que a una señal nadie hablara ni produjera ningún ruido. Mediante esfuerzos extraordinarios lograron rescatar con vida a muchas personas y ahí muy cerca de estos escenarios había puestos de socorro equipados con todo lo necesario para prestarles inmediatamente los primeros auxilios a fin de estabilizarlos y poderlos transportar a los hospitales. Cuando se concluía la labor en algún sitio siniestrado los presentes entonaban el Himno Nacional Mexicano, como demostración de unión o la popular canción de Cielito Lindo. En medio de la lluvia se veía a los voluntarios con un gran ánimo, deseosos de servir, “en este país sobran manos dispuestas a trabajar”, afirmó un corresponsal de la prensa internacional. Pero la realidad que estamos viviendo es mucho más difícil, pues fueron varias las entidades afectadas por los sismos. Primero, los estados de Oaxaca y Chiapas, Veracruz y Baja California; después, los de México, Puebla, Morelos. En todos ha habido muertos y muchos heridos, las carencias se han vuelto mayores y la ayuda no puede llegar por la lejanía o a causa de fracturas y derrumbes en las carreteras. Les llegan las despensas después de varias horas de viaje no solo en vehículos automotores, sino con el uso de helicópteros, mediante el uso de caballos y burros, o a pie, cargando costales sobre la espalda. Así somos los mexicanos. Debe mencionarse la ayuda de los emigrados que se han puesto a recolectar productos en diferentes ciudades de los Estados Unidos para enviarlos por vía aérea a los estados más pobres. Los futbolistas han cooperado con sus donaciones o promoviendo la ayuda entre sus seguidores, también los actores y cantantes han contribuido con lo que pueden para la misma causa. Hay un solo propósito: salir airosos de esta dura prueba. Seguramente así será, pero todavía no es tiempo de cantar victoria, habrán de transcurrir varios meses, incluso años para resolver tantos problemas, cuyo origen fue a consecuencia de la inestabilidad de la tierra y de los fenómenos atmosféricos.

Se presentó un caso que es atribuible a la falta de comunicación adecuada o tal vez un error de percepción, pues se habló de una niña de nombre Frida Sofía, que estaba viva bajo los escombros de un colegio particular que lleva por nombre el del pedagogo Enrique C. Rébsamen. Esto mantuvo la atención de todo el pueblo, profundamente preocupado por que se auxiliara de inmediato a la menor, pues cada minuto era muy importante. Personal especializado de la Marina y el Ejército Mexicano se abocaron a coordinar las labores de rescate. Finalmente, se enteraron mediante una revisión minuciosa de los nombres de los niños que asistían a ese plantel educativo y se descubrió que ninguna de las alumnas respondía a ese nombre. Una vez confirmado lo anterior y después de revisar toda el área, el subsecretario de la Marina dio una disculpa al pueblo de México por ese lamentable error, pero se demostró una vez más el gran cariño que siente la gente por sus niños. No obstante, se continuaron las labores de rescate en ese lugar.

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Otros países han sufrido ataques de individuos suicidas, sin escrúpulos que, en nombre de sus ideas religiosas, llegan con bombas y se hacen estallar ellos mismos sin importarles que mueran muchos niños, mujeres, hombres de bien, etc. Ellos tienen su ideología y sirven a grupos extremistas. Nuestros desastres han sido de carácter natural, no causados por individuos trastornados.

Decía un historiador que, después de los temblores y alteraciones de carácter meteorológico, solían surgir problemas sociales muy graves o muy importantes, según el punto de vista con el que se analicen. Por ejemplo, antes de iniciarse la Guerra de Independencia en México, hubo temblores y poca lluvia, lo que provocó insatisfacción de las necesidades básicas y, por consiguiente, un estado emocional de inconformidad contra el orden establecido por los españoles durante la Colonia.

Lo mismo sucedió antes de la Revolución Mexicana, y en fechas más recientes, el año de 1985, nos marcó con varios sismos en la ciudad de México. Poco después, en 1988, surgieron grupos inconformes que encabezaron los grupos de izquierda en contra del orden establecido, se formaron nuevos partidos y México sufrió una transformación en lo político. ¿Qué sucederá en los años por venir?

A propósito de políticos, estos han brillado por su ausencia, ningún partido político ha participado en campañas para obtener donaciones o promover la ayuda entre sus militantes. Ninguno de los dirigentes ha hecho declaración alguna, el único que ha asumido su papel, claro que es su obligación, ha sido el presidente Peña, cuyo sentido de responsabilidad le ayudará a mejorar su imagen de gobernante, pues se ha visto caramente su gran interés al encabezar personalmente y sin importarle las horas destinadas al descanso diario, ha estado presente en los lugares más afectados no solo en la ciudad de México, sino en todos los estados dañados. Él dirigió un mensaje a toda la nación, expresando sus condolencias a quienes perdieron algún o algunos familiares o amigos, manifestó el agradecimiento de México a los países que han tenido la generosidad de solidarizarse con nosotros y expuso brevemente la estrategia a seguir: 1. Salvar todas las vidas que sea posible, y, por ende, atender en las instituciones hospitalarias a los heridos; 2. Resolver las necesidades de abastecimiento de la población, no solo en la ciudad de México, sino en todos los estados donde se registraron siniestros; 3. Revisar cuidadosamente todos los sitios afectados con la finalidad de realizar un censo que permita cuantificar los daños y proceder a hacer las reparaciones necesarias en los casos que así lo permitan; y 4. Proceder a la demolición de aquellos edificios o casas que representen un riesgo para la vida de los habitantes, además de iniciar la reconstrucción nacional. Hizo mención de la necesidad de seguir unidos en esta empresa que requiere la participación de todos los sectores. Agradeció también la participación de los miles de voluntarios que con su trabajo han facilitado la remoción de escombro y otras tareas indispensables.

El amor a México se  demuestra, no se alardea solamente en reuniones cuando se trata de obtener el voto ciudadano. Es necesario trabajar por el bien de la gente que sufre las consecuencias de estos fenómenos telúricos y atmosféricos. ¿Por qué ninguno de los líderes de los partidos ha salido a dar la cara para decir con cuánto van a cooperar? ¿Por qué no han abierto un centro de acopio? No tendrán el temor de que nadie confíe en ellos y que se exhiba su falta de credibilidad.

Todos tenemos la obligación de ayudar, aunque la cooperación sea una simple lata de sardinas o una botella de agua, lo que vale es la actitud, la acción, el hecho, la voluntad, pues solamente con este comportamiento se puede superar cualquier desastre. Es hora de la unidad, el desprendimiento, la dádiva desinteresada, el apoyo moral. Solo así refrendaremos nuestra fe en México. Lo demás es puro cuento o demagogia barata.