El deterioro de la memoria asociado con la edad no comienza necesariamente después de los 60 años. Algunos de los cambios que pueden desembocar años más tarde en problemas cognitivos empiezan a desarrollarse con anticipación, por lo que mantener bajo control enfermedades como hipertensión y diabetes, realizar actividad física, evitar el tabaquismo y conservar una vida mental y social activa forman parte del cuidado del cerebro desde jóvenes. En el marco del Día Mundial del Cerebro, conmemorado cada 22 de julio bajo el lema “Salud cerebral: acceso para todos”, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Michoacán llamó a la población a prestar atención a los factores que pueden afectar la función cerebral y acudir a los servicios médicos cuando aparezcan síntomas que interfieran con las actividades cotidianas. María Esther Olvera Cortés, investigadora titular B del Centro de Investigación Biomédica del IMSS en Michoacán, explicó que durante el envejecimiento pueden presentarse modificaciones leves en capacidades como la memoria, comprensión, reconocimiento, juicio y orientación, sin que esto necesariamente impida a una persona desenvolverse de manera independiente. Requiere atención cuando esas dificultades comienzan a afectar actividades habituales. Olvidar constantemente información necesaria para la vida diaria, perderse en lugares conocidos, presentar problemas cada vez mayores para realizar tareas acostumbradas o experimentar alteraciones importantes en la capacidad de juicio pueden estar relacionados con un deterioro cognitivo que debe ser valorado por personal médico. Olvera Cortés explicó que con el paso de los años también ocurren modificaciones fisiológicas en el cerebro, entre ellas una reducción del número de neuronas y de algunos de sus contactos, además de cambios relacionados con el flujo sanguíneo cerebral y con el estado general de salud. Existen factores genéticos que no pueden modificarse, pero una parte de los riesgos está relacionada con condiciones sobre las cuales sí es posible intervenir. Entre ellas mencionó el sedentarismo, tabaquismo, consumo de alcohol, dietas altas en grasas y carbohidratos y exposición a contaminantes del aire, además de enfermedades como diabetes, hipertensión y depresión. El cuidado de la presión arterial también es importante en la prevención. La hipertensión puede permanecer durante años sin producir síntomas y, cuando no está controlada, incrementa el riesgo de daño en los vasos sanguíneos y de sufrir un evento vascular cerebral. Por ello, conocer periódicamente los niveles de presión y mantener el tratamiento indicado resulta relevante hasta para quienes aseguran sentirse bien. Algo similar ocurre con la diabetes. Los niveles elevados de glucosa sostenidos durante periodos prolongados pueden dañar vasos sanguíneos y contribuir a problemas que repercuten en distintos órganos, incluido el cerebro. La investigadora del IMSS recomendó mantener ambas condiciones bajo control con médico, medicamentos cuando estén indicados, alimentación y ejercicio. “Si padecemos diabetes o hipertensión es muy importante mantener la glucosa y la presión lo más controladas posible, no solamente con el medicamento sino también con la dieta y el ejercicio”. La prevención también incluye mantenerse físicamente activo. Caminar, realizar ejercicio de acuerdo con la edad y condición de salud y evitar largos periodos de inactividad contribuyen al control del peso, presión arterial y glucosa. A esto se suma una alimentación equilibrada, con reducción del exceso de grasas y azúcares, además de evitar el tabaquismo y limitar hábitos que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El cerebro también necesita actividad. Aprender un idioma, tocar un instrumento, bailar, leer, resolver ejercicios que representen un reto intelectual o adquirir nuevas habilidades obliga a mantener en funcionamiento distintos procesos de memoria y aprendizaje. Olvera Cortés recalcó que estos cambios de hábitos no deben dejarse para la vejez. Las modificaciones cerebrales relacionadas con algunos casos de deterioro cognitivo pueden comenzar al menos una década antes de que los problemas sean suficientemente notorios para afectar la vida diaria. No sólo es la memoria La salud cerebral tampoco se limita al deterioro cognitivo. Uno de los padecimientos que requiere mayor rapidez de respuesta es el evento vascular cerebral, que ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una zona del cerebro o cuando se presenta una hemorragia. En estos casos, el tiempo que transcurre antes de recibir atención médica influye en las posibilidades de tratamiento y en las secuelas que puede enfrentar el paciente. El IMSS cuenta con el Protocolo de Atención Integral Código Cerebro, diseñado para estandarizar la prevención, diagnóstico y tratamiento de pacientes adultos con evento vascular cerebral y agilizar la respuesta médica. Los golpes en la cabeza representan otro riesgo que puede prevenirse mediante el uso de casco en motocicletas y bicicletas, cinturón de seguridad en vehículos y medidas para evitar caídas, principalmente entre adultos mayores. Una lesión aparentemente menor puede requerir valoración médica si después aparecen pérdida del conocimiento, vómitos repetidos, confusión, somnolencia inusual, convulsiones o problemas para hablar. Arved Alcántara / La Voz de Michoacán