Día Mundial de la Salud Mental: 1 de cada 10 padece un problema; miles viven encadenados [literal]

Según Human Rights Watch, en todo el mundo hay miles de personas con depresión, esquizofrenia u otros problemas que viven en jaulas o encadenados en condiciones inhumanas.

Foto: WFTV.

Jorge Ávila / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Según un informe de Human Rights Watch, alrededor del mundo hay cientos de miles de personas que padecen problemas mentales y son encadenados o encerrados. Se trata de hombres, mujeres y niños (muchos de ellos menores de 10 años) que viven su vida en condiciones infrahumanas en 60 países de Asia, África, Europa, Medio Oriente y el continente americano. 

En un informe de 56 páginas titulado “Living in chains: Shackling of people with psychosocial disabilities worldwide” (“Viviendo encadenados: El uso de cadenas en personas con discapacidades psicosociales en todo el mundo”), el organismo internacional detalla cómo las personas con problemas de salud mental son sometidas a esas condiciones ya sea en sus hogares, con familiares que no saben cómo tratar a una personas con esos problemas psiquiátricos, o en instituciones de salud mental que operan con sobrecupo, en la insalubridad y realmente sin atención a los pacientes, sino más bien como una cárcel.

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En el estudio se informa que estas personas no sólo viven encadenadas o recluidas, sino que además deben comer (si les dan), dormir y hacer sus necesidades fisiológicas en el mismo espacio diminuto donde están confinadas. Pero no sólo eso, sino que en muchas instituciones además sufren abuso sexual y golpes.

El estudio comprende trabajo de campo y de investigación en Afganistán, Burkina Faso, Camboya, China, Ghana, Indonesia, Kenia, Liberia, México, Mozambique, Nigeria, Sierra Leona, Palestina, el estado autoproclamado independiente de Somalilandia, Sudán del Sur y Yemen. A este respecto, Kriti Sharma, investigadora sénior de derechos de las personas con discapacidad de Human Rights Watch y autora del informe, señaló: “Encadenar a las personas con problemas de salud mental es una práctica brutal generalizada que es un secreto a voces en muchas comunidades”, y agregó que “las personas pueden pasar años encadenadas a un árbol, encerradas en una jaula o en un cobertizo de ovejas porque las familias pasan apuros para afrontar el problema y los gobiernos no brindan los servicios de salud mental adecuados”.

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Para abatir este problema, Human Rights Watch trabaja con defensores de la salud mental y organizaciones de derechos humanos y contra la tortura en todo el mundo para lanzar una campaña global #BreakTheChains, para acabar con el encadenamiento de personas con problemas de salud mental, en vísperas del Día Mundial de la Salud Mental el 10 de octubre.

Así, en el estudio, para el que se trabajó en 110 países, HRW encontró evidencia de encadenamiento de personas en todos los grupos de edad, etnias, religiones, estratos socioeconómicos y áreas urbanas y rurales. A nivel mundial, 792 millones de personas, o 1 de cada 10, incluido 1 de cada 5 niños, padecen una enfermedad mental. Pero los gobiernos gastan menos del 2 por ciento de sus presupuestos de salud en salud mental. Más de dos tercios de los países no reembolsan a las personas los servicios de salud mental en los sistemas nacionales de seguro de salud. Incluso cuando los servicios de salud mental son gratuitos o están subvencionados, la distancia y los costos del transporte son una barrera importante.

Ante la falta de servicios de salud mental adecuados y la falta de conciencia, muchas familias sienten que no tienen otra opción que encadenar a sus familiares. A menudo les preocupa que la persona se escape o se lastime a sí misma o a otras personas, además de que el encadenamiento lo practican típicamente familias que creen que las condiciones de salud mental son el resultado de espíritus malignos o de haber pecado. Las personas a menudo consultan primero a sanadores religiosos o tradicionales y solo recurren a los servicios de salud mental como último recurso.

Foto: Demilked. En Indonesia, como en otros países, encadenar a las personas con problemas de salud mental es una práctica brutal generalizada.

Pero además de los problemas mentales que ya padecen, las personas confinadas o encadenadas son propensas a sufrir estrés postraumático, desnutrición, infecciones, daño nervioso, atrofia muscular y problemas cardiovasculares. Los grilletes también obligan a las personas a vivir en condiciones muy restrictivas que reducen su capacidad para mantenerse de pie o moverse. Algunas personas incluso son encadenadas a otra persona, lo que las obliga a ir al baño y dormir juntas. “En muchas de estas instituciones, el nivel de higiene personal es inhumano porque a las personas no se les permite bañarse o cambiarse de ropa y viven en un radio de dos metros”, explicó Sharma. “Se niega la dignidad”.

Así, sin higiene o incluso atención médica básica, las personas que están encadenadas corren un mayor riesgo de contraer COVID-19, y en los países donde la pandemia ha interrumpido el acceso a los servicios de salud mental, las personas con estos problemas pueden correr un mayor riesgo de ser encadenadas.

Foto: Demilked. Las condiciones en las que mantienen a los pacientes con algún problema mental los deja más expuestos a contraer padecimientos como el COVID-19.

Ante ello, los gobiernos nacionales deben actuar con urgencia para prohibir el encadenamiento, reducir el estigma y desarrollar servicios comunitarios de salud mental que sean asequibles, accesibles y de calidad. Los gobiernos deben ordenar de inmediato inspecciones y un monitoreo continuo de las residencias estatales y privadas y tomar las medidas adecuadas contra los centros abusivos, dijo Human Rights Watch. “Es terrible que cientos de miles de personas en todo el mundo vivan encadenadas, aisladas, maltratadas y solas”, dijo Sharma. “Los gobiernos deberían dejar de esconder este problema bajo la alfombra y tomar medidas reales ahora”.

La problemática no es menor, dado que en todo el mundo hay aproximadamente mil millones de personas con algún trastorno mental, y derivado de ello, en promedio una persona se suicida cada 40 segundos, lo que es equivalente a más de 800 mil suicidios al año producto de una enfermedad mental no atendida con eficiencia. El problema no es menor, puesto que el 75 por ciento de los enfermos en el mundo no reciben tratamiento adecuado para sus padecimientos mentales, neurológicos o por el consumo de drogas.

Entre los principales problemas de salud mental está la depresión, que aunque se minimiza en el entorno social, es el trastorno más frecuente y causa de discapacidad en el mundo, ya que afecta a más de 300 millones de personas, y no sólo eso, sino que suele conducir a quien la padece a hacerse daño a sí mismo o incluso quitarse la vida.

En México, 15 de cada 20 personas sufren depresión, y lo peor de todo es que se estima en 6 millones el número de niños y jóvenes de los 12 a los 22 años que la padecen.

En segundo lugar, la ansiedad, problema que sufren alrededor de 264 millones de apersonas en el mundo, por lo que se estima que la sufre más del 14 por ciento de la población. Aunque este trastorno es una respuesta que permite a la persona prepararse ante situaciones de peligro, su se sobrepasa ese estímulo se genera tensión en el cuerpo, inquietud, preocupación excesiva, sudoración o cambios en la respiración y el ritmo cardiaco. Puede darse debido al estrés, la incertidumbre o cuestiones neurológicas.

Quitarse la vida

En el planeta mueren más personas por suicidio que en guerras o por homicidios, lo que representa alrededor del 57 por ciento de las muertes por alguna de esas tres causas, según dato de la Organización Mundial de la Salud.

En promedio, diariamente fallecen 18 personas por suicidio en México, y por ejemplo, en 2018 se registraron seis mil 808 casos, lo que representa un aumento frente a los número de 2009, en que ocurrieron 14 suicidios al día, es decir, cinco mil 190 personas que se quitaron la vida en ese año.

En México, después de las agresiones, el suicidio fue la segunda causa de muerte de las personas de 15 a 29 años de edad en 2017, es decir, los jóvenes mexicanos, lo que lleva a concluir que si en el pasado era imperante mejorar la atención en salud mental y destinar mayor presupuesto, ahora, con la pandemia de COVID-19 es urgente, puesto que el aislamiento, sobre todo en niños y jóvenes, genera mayor incertidumbre y un ambiente propicio para los trastornos mentales.