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Foto: Agencias. El presidente estadunidense, Donald Trump, dijo que el bombardeo fue una represalia por un ataque con armas químicas en la provincia de idlib.

Siria: el camino al infierno

22 de abril, 2017

El Universal/La Voz de Michoacán

Homs, Siria.- No hay nada más incómodo para Abdul Statouf, de 13 años, que hablar de su país natal, Siria. “Sólo recuerdo que de un día para otro tuvimos que irnos y dejar todo; la casa, los juguetes, los amigos, todo”, cuenta el joven de pocas palabras y quien llegó a Holanda por la vía del asilo junto con sus papás, su hermano y tres hermanas menores. El evidente esfuerzo de Abdul por tratar de borrar su pasado en Siria es más que comprensible, pues está marcado por el caos, la destrucción y la tragedia.

Tras más de seis años de guerra civil, Siria acumula uno de los historiales más sanguinarios de las últimas décadas. De acuerdo con el Centro Sirio de Investigaciones Políticas y la Red Siria de Derechos Humanos, el conflicto había dejado hasta febrero de 2016 más de 470 mil muertos y 117 mil desaparecidos.

La intensificación y propagación de los combates han provocado a su vez una grave crisis humanitaria. La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados estima el número de desplazados internos en 6.1 millones de personas, mientras que poco más de 5 millones han buscado asilo en Turquía, Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Alemania y Suecia. De aquellos que han optado por quedarse, cuatro de cada cinco viven en la pobreza.

Además del desplazamiento forzado y la marginación, la población civil ha sido víctima de violaciones sistemáticas y generalizadas; desde secuestros, ejecuciones y tortura hasta el empleo forzado de niños como soldados y el uso de personas como escudos humanos de artillería y posiciones estratégicas.

Igualmente ha sido blanco de armas químicas, cuyo uso es prohibido en todos los conflictos por el derecho internacional. Inspectores de la ONU concluyeron que en agosto de 2013 centenares de personas murieron por un ataque con gas sarín en dos suburbios de Damasco, y en 2014 y 2015 por lo menos se registraron tres ataques en el que se utilizó cloro como gas venenoso.

El mes pasado tuvo lugar otro aparente ataque con gas sarín en el norte de Idlib, un enclave rebelde, con saldo de más de 86 muertos, entre ellos 27 niños y 17 mujeres, reportó el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.

“Los crímenes y los abusos contra civiles se han convertido en el sello distintivo de este conflicto, ya que se han perdido cientos de miles de vidas, desplazado a millones de familias y destruido comunidades de todo el país”, declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, en un foro humanitario.

“Los últimos meses han sido algunos de los peores hasta ahora (…) Nadie está ganando esta guerra. Todo el mundo está perdiendo. Representa un peligro para todos nosotros”, continuó.

El conflicto sirio se remonta a 2011 cuando la Primavera Árabe, iniciada un año antes en Túnez, tomó un rumbo inesperado en Damasco. Como ocurrió en Egipto, Libia y Yemen, miles de personas salieron a las calles desesperadas por el desempleo, la marginación, la corrupción y la falta de libertades políticas. Pero lejos de escuchar los reclamos, Assad, quien en 2000 reemplazó a su padre, el dictador Hafez, respondió con mano dura, la cual se fue intensificando a medida que las protestas se extendían.

En respuesta a un Estado represor, la oposición, fragmentada por ideologías y rivalidades personales, comenzó a tomar las armas y a defender posiciones, inició en barrios y posteriormente amplió sus acciones a localidades enteras. El diálogo se vio imposibilitado. Por un lado, la exigencia de dimisión presidencial era innegociable, mientras que por el otro, Al-Assad tachó el movimiento de terrorista.

La confrontación escaló rápidamente en una guerra civil al verse alterada la frágil armonía que existía entre los musulmanes sunitas, chiítas y los kurdos, al tiempo que la economía colapsaba. El crecimiento económico pasó de 7.1% en 2010 a menos 18.8% en 2012; la deuda pública se disparó a 10%, el PIB se contrajo en 17.5 mil millones de dólares, el desempleo se disparó a 34.2% y el número de pobres aumentó en 2.1 millones de personas.

El desplome económico y la confrontación sectaria crearon un terreno fértil para la incursión y expansión de grupos yihadistas. Tahrir al-Sham, una organización creada por la fusión de cuatro movimientos, entre ellos el Frente al-Nusra, afiliado a Al-Qaeda, tomó posiciones en el norte, mientras que el Estado Islámico (EI), luego de consolidarse en Irak, amplió sus operaciones al país vecino imponiendo en los territorios ocupados su propia interpretación de la Sharia (la ley islámica). También la organización islamista Hezbolá aprovechó para extender sus tentáculos fuera de Líbano brindando asistencia militar a las fuerzas estatales.

En septiembre de 2015 la aviación rusa comenzó sus bombardeos sobre objetivos del EI. La implicación bélica marcó el retorno de Rusia a Medio Oriente como potencia global, mientras que para el presidente sirio fue un salvavidas para mantenerse en el poder, avalado por Irán, que tiene su propia agenda en esta guerra sin fin.

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