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Ahmed, músico en Mali apagado por la yihad

18 de abril, 2015

admin/La Voz de Michoacán

ahmed

La guerra en Malí*, que estalló en 2012 y aún persiste en el norte del país, ha dejado a la sociedad civil devastada. Los yihadistas fueron expulsados por las tropas francesas que intervinieron en la región.

Durante la ocupación de las principales ciudades del norte por parte de los extremistas, la población fue sometida a una estricta interpretación de la Sharia, la ley islámica, cosa que ha afectado especialmente a los artistas. Ahmed, músico y líder de un famoso grupo local, tuvo que huir de su ciudad natal, Kidal, para poder seguir llevando a cabo su trabajo. Esta es su historia.

Ahmed al-Kaidi es el líder del grupo musical Amanar (faro en árabe), de Kidal, una de las principales ciudades del norte de Malí. Es tuareg (de los pueblos nómadas en el desierto del Sahara), y como todos los tuaregs tiene un porte noble y maneras amables y directas.

Con poco más de 40 años, casado y con dos hijos, ha tenido que dejar a su familia en el norte y desplazarse a la capital, Bamako, mucho más segura. Por el momento está en casa de un familiar en el polvoriento barrio de Sirakoro, cerca del aeropuerto.

Después de unos 10 meses de ocupación, las ciudades de Gao, Tombuctú y Kidal, todas en el norte, fueron liberadas gracias a la intervención francesa a principios de 2013. Sin embargo, mucha gente ha preferido no volver ahí porque las condiciones de seguridad siguen siendo críticas y encontrar trabajo es todavía un espejismo.

“Poco después del comienzo de la crisis tuve que abandonar Kidal y venir a Bamako. Casi toda mi familia se quedó en Kidal, pero ¿cómo voy a volver ahí? Yo vivo de la música y ahí, aunque ya no estén los yihadistas, ya no hay vida… ¡imagínate si puede haber público en un concierto!”, dice Ahmed.

Desde el primer día de la ocupación de Kidal, los yihadistas impusieron sus estrictas leyes: “Empezaron a confiscar y destruir los equipos de los músicos. Hacer esto significa dejar a los músicos sin nada, matarlos, porque así no pueden trabajar”.

“En Malí la música es diálogo, permite que las diferentes etnias se comuniquen. Los tuaregs no sabemos estar sin música: si nos unimos y no hay instrumentos disponibles, damos palmas para marcar el tiempo. La música es superior a nosotros. Querían prohibir las fiestas mixtas entre hombres y mujeres, pero ¿cómo se puede celebrar una fiesta sin mujeres?”, pregunta Ahmed.

Y continúa: “A un amigo guitarrista lo sorprendieron tocando y lo detuvieron, pero logró escapar y ponerse a salvo. A otro chico, un batería, se lo llevaron en presencia de sus padres y lo ejecutaron. En ese momento muchos de mis compañeros artistas empezaron a huir”.

En la radio en vez de música pasaban la lectura del Corán las 24 horas del día. Detenían a la gente por la calle y les registraban el teléfono de arriba a abajo para comprobar si tenían canciones grabadas.

Ahmed tomó la decisión de dejar Kidal cuando un comando irrumpió en su casa: “Los yihadistas decían que los dedos de un musulmán, especialmente el pulgar y el índice, indispensables para los guitarristas, sirven exclusivamente para rezar. Cuando vinieron a mi casa, un día que por pura suerte no estaba, dejaron dicho que me hiciesen saber que iban a la caza de mis dedos. Para ellos hacer y escuchar música es haram (pecado), es algo satánico”.

En los meses de ocupación yihadista se puso en marcha un sofisticado programa de bienestar social que proporcionaba servicios básicos -agua, electricidad, gas, sanidad y educación- gratuitamente. Los yihadistas habían llegado a Kidal con bolsas llenas de billetes. Pero con el tiempo ese dinero fue acabándose, por lo que aumentó el descontento de la población, que no puso problemas a los franceses cuando intervinieron en la cuidad.

El MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad), que está en conversaciones de paz con el gobierno de Bamako y con el que los franceses siempre han tenido una relación muy ambigua, ha hecho de Kidal su feudo.

Este movimiento, que hizo un doble juego con los yihadistas hasta deshacerse de ellos con la entrada de los franceses, tiene hoy el control completo de esta ciudad estratégica en el Sahel, de poco más de 20 mil habitantes.

El MNLA no tiene el dinero de los yihadistas y no ofrece los mismos servicios que ellos prestaron durante cierto período. La economía en Kidal está estancada, y los jóvenes están abandonando la ciudad en masa en dirección a Bamako.

Pero incluso en la capital el trabajo es escaso. Además, músicos como Ahmed están sufriendo el clima de alarmismo causado por el ataque del pasado 7 de marzo en el local La Terrasse, en el barrio de Ippodrome. Durante un espectáculo musical en el local, un escuadrón de unos 10 hombres armados entró y mató a tres malienses, un belga y un francés. El ataque fue reivindicado por un grupo cercano al Estado Islámico.

“Desde entonces el número de espectáculos de mi grupo, Amanar, ha bajado. La gente tiene miedo a los atentados y ya casi no va a conciertos. Los turistas y los occidentales en general ya eran pocos, y ahora se pueden contar con los dedos de una mano.

“Es difícil ganar dinero para mandar a Kidal. Los miembros de mi banda y yo hemos aprovechado esta situación para sacar nuestro nuevo álbum, un punto de encuentro entre música tradicional tuareg y sonidos rock y reggae. Hemos preferido no hablar de la guerra y hablar en cambio del desierto, el verdadero amor de los tuaregs”, concluye Ahmed con esperanza.

*En 2012 la región septentrional de Azawad, con capital en Gao, declaró unilateralmente la independencia de Malí. Los que llevaron a cabo esta operación fueron grupos tuareg reunidos bajo la sigla MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad), que inicialmente contaban con el apoyo de AQMI (Al Qaeda del Magreb Islámico). Las tropas francesas y malienses intervinieron y todavía están presentes en el norte del país. Han acabado eficazmente con la presencia yihadista de AQMI, pero han dejado la zona con una gran inestabilidad. Hay negociaciones en marcha entre el norte y el sur, y en Bamako se respira una cauta esperanza sobre la inminente firma de un tratado de paz.

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