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Jueves 15 de Noviembre del 2018

Opinión

Alejandro Tagliavini

Mientras Trump se dedica a sus tuit-amenazas que, por suerte, luego no cumple, el gobierno chino, fiel a su milenaria historia, sigue sin prisa pero sin pausa el camino de la seda, la diplomacia sin estridencias que está dando sus buenos frutos, al punto de que su influencia crece mientras que la de EU pareciera decaer. Así, el Dragón Rojo demuestra que los métodos pacíficos —incluso en los casos de defensa propia y urgente— son los más eficientes, los únicos eficientes en rigor. Como cuando Trump se distiende encontrándose con el tirano norcoreano, luego de tantas amenazas inútiles.

Henry Kissinger fue el artífice de la histórica visita de Richard Nixon a Beijing en 1972 —y Premio Nobel de la Paz 1973— que significó el principio del fin del “peligro rojo”, un auténtico trauma occidental que creía imparable el triunfo comunista violento sobre Occidente. En su libro China, examina la estrategia de la diplomacia del país asiático y el cambio de un paisaje rural y atrasado a la actual potencia económica, al punto de que hoy es la segunda economía del mundo, solo después de Estados Unidos y no muy lejos de toda Europa junta.

Como era de esperarse, la derecha —sobre todo en EU— está poniendo el grito en el cielo por este imparable revival de la “amenaza roja”. El sábado 21 de julio, el presidente chino, Xi Jinping, comenzó su cuarto viaje por un continente olvidado por EU y Europa, África. Senegal fue la primera escala de una gira que seguiría también en Ruanda, Sudáfrica y Mauricio. China es el primer socio comercial del continente africano desde hace una década, tras desbancar a EU.

Luego de años de creciente cooperación económica fijada en la obtención de recursos naturales, Beijing centra ahora sus esfuerzos en reforzar los lazos militares y financiar una explosión de proyectos de infraestructura. Además de los miles de millones de dólares invertidos en la obtención de recursos naturales, África se ha convertido en el gran campo de pruebas de la construcción de infraestructuras con tecnología y financiación china en pos del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, una ambiciosa red de infraestructuras que busca unir China no solamente con África, sino también con Europa y el centro y sureste de Asia a través de puertos, carreteras y ferrocarriles. Según datos oficiales, Beijing ha financiado la construcción o renovación de más de 6 mil kilómetros de ferrocarril en países como Angola, Etiopía, Kenia, Nigeria, Sudán o Yibuti.

En todo caso deberían tomar nota de que el crecimiento chino va de la mano de la liberación de su mercado, lo que le ha permitido potenciar extraordinariamente su economía, y deberían ‘contraatacar’ con la misma eficacia: con más libertad y con su correlato la paz.

 

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