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Martes 25 de Septiembre del 2018

Opinión

Rafael Alfaro Izarraraz

La imagen social en un espectacular, una carta oficio pegada en un poste, la fotografía en un medio impreso o electrónico y la filmación de un hecho social. Las nuevas tecnologías han recuperado esas expresiones a través de las redes sociales combinado con los antiguos y modernos medios de comunicación de masas. Lo anterior, obliga a recuperar a Benjamín y sus enseñanzas acerca de la manera en que se deben leer las imágenes.

La imagen,en general, se encuentran por lo general asociada por mucho a la transmisión de los símbolos del poder y muerte.No se trata de un hecho casual. La velocidad con la que se nos presentan nos impone una lectura que niega la imagen como poder, a través de una imponer una tendencia que se dirige a lo superfluo, expresado en la momentaneidad, lo efímero.

Como todos los hechos sociales, quienes nos ocupamos de los medios de comunicación, somos los creadores de una narrativa que se transmite al público. El fortalecimiento de los medios de comunicación de masas va en relación directa de la pérdida de la capacidad narrativa de los sujetos. La relación entre el poder y la sociedad está mediada por la información que producen los medios.

Esta interpretación que hacen los medios, sobre todos los medios de comunicación electrónicos, corre el riesgo de una falsa subjetividad del intérprete. El medio, el periodista o el comentarista de opinión, es parte de una división social del trabajo que tiene asignada una función. El hecho informativo o periodístico es un hecho valorado a priori y por sujetos sociales. Romper con esa lógica es bastante complejo debido a rol que cumplen los medios de comunicación en la sociedad.

Lo anterior no excluye el reconocimiento de los medios de comunicación independientes, de periodistas críticos, así como de las redes sociales que ahora juegan un papel fundamental en la comunicación de masas. Recuperar e interpretar el significado de las imágenes sociales, así como de la fotografía, es parte de su utopía: que al existir reclama la atención para descubrir en ella su deseo de querer seguir viviendo, invitando a su relecturabenjaminiana.

Cuando se nos presenta una imagen o una fotografía, a través de los medios masivos o por intermedio de las redes, generalmente las imágenes y las fotografías nos remiten a fechas y lugares. Para Benjamín, es importante reconstruir la narrativa de las imágenes y las fotografías, hacerlas que nos hablen de sus “contextos” pero interpretados de otra manera. Los cuerpos de tantos muertos, desaparecidos, secuestrados y desplazados, amerita una comprensión diferente.

Son los que ya no pueden hablar por ellos mismos, y de los que solamente tenemos una imagen o una fotografía, muda. Es importante una lectura que recupere la innombrable trama de los desposeídos, reclama Benjamín. La imagen de la muerte que circula en los medios está regulada por una visión que desarticula lo social y lo coloca como parte de una línea de vida accidental, fortuita, desocializada, que individualiza desventuras.

Las víctimas de la trata, mujeres por lo general jóvenes que desaparecen de los barrios marginales y pueblos olvidados de nuestra patria, y de las que solamente conocemos un cartel pegado con su fotografía en algún poste de las avenidas de las periferias urbanas marginales de las grandes urbes mexicanas, acaso ¿no pertenecen a los grupos a los que por miles de años han formado parte del trauma de los desposeídos?

La imagen “muerta” que puede hablar guarda un testimonio de lo que calla, que se debe indagar. Las fosas clandestinas, y sus imágenes, en donde lo mismo se encuentran ejecutados por los grupos que se disputan un territorio que aquellos que son víctimas de esta especie de genocidio, ¿no es acaso un sociocidiocontra los pobres?, pero que sobrevive a través de una narrativa que identificada y real conocida como “Crimen organizado”.

Generalmente, la imagen socia, es la imagen de los sin voz y sin rostro, pero cuya memoria está codificada por una cifra. Desde que se inventó la estadística, los fenómenos sociales y sus actores fueron anulados. Los migrantes centroamericanos cuyos cuerpos fueron lanzados a una fosa clandestina en San Fernando, Tamaulipas, son una cifra “72”.

Una imagen tomada desde las alturas que nos muestra pipas y camionetas formadas en una fila que parece interminable en el “triángulo rojo” poblano, área de extracción clandestina de combustible: en un área sometida a los rigores del recorte presupuestal que afectó al agro, al que se le iba a colocar un segundo piso y lo haría competitivo ante los vecinos del norte.

Las imágenes reclaman una lectura diferente. Capas de la población de los pueblos, los funcionaros de la paraestatal, ingenieros, autoridades municipales y del gobierno estatal, la policía y sus jefes, ejecutando un plan, pero cuya imagen únicamente nos muestra una larga fila de unidades esperando cargar combustible.

Firmas extranjeras adquieren partes del territorio para explorar yacimientos petroleros en la costa del Golfo. Imágenes de nuevas gasolineras: un gerente declara a un matutino, palabras más palabras menos: nosotros podemos operar en el triángulo rojo (zona de extracción ilegal de hidrocarburos), tenemos experiencia en todo el mundo acerca de cómo manejar este tipo de situaciones.

Las imágenes asociadas nos ofrecen una especie de “compló”, como diría López Obrador. Acaso no sugiere una lectura asociada a la trama de los desposeídos por la globalización que, empobrecidos y arrojados a las manos del crimen por la narrativa de la pobreza, que es real, los restos humanos creados por lo global son enganchados a una trama del despojo de los recursos nacionales.

Para Benjamínno hay imagen que no sea la imagen de la destrucción y la supervivencia: a esperar el mesías auténtico.

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