Confirman muerte de 3 estadounidenses que habían desaparecido en Matamoros

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MATAMOROS, México — Los tres jóvenes estadounidenses reportados como desaparecidos hace más de dos semanas fueron encontrados sin vida cerca de la ciudad de Matamoros, confirmaron el jueves el gobernador y el procurador de justicia del estado de Tamaulipas en el norte de México.

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El padre de los tres, Pedro Alvarado, los identificó por fotografías de los cadáveres que tenían tatuajes, dijo Ismael Quintanilla Acosta, procurador de Justicia de Tamaulipas, en declaraciones a Radio Fórmula. La ropa encontrada con los cuerpos también correspondía a la de los tres hermanos residentes de Progreso, Texas, quienes desaparecieron con un amigo mexicano.

Los padres de los jóvenes desaparecidos han dicho que testigos reportaron que fueron secuestrados el 13 de octubre por hombres vestidos de policías.

En un país sacudido por el caso de 43 estudiantes desaparecidos hace más de un mes a manos de la policía en el sur de México, el gobernador de Tamaulipas prometió una acción rápida en este asunto.

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"Se aplicara todo el peso de la ley y cero tolerancia", dijo el gobernador Egidio Torre Cantú, al tiempo que lamentó la muerte de los tres estadounidenses y un mexicano, a pesar de que sus identidades no han sido confirmadas oficialmente por prueba de ADN.

Las autoridades dijeron el miércoles que podría tomar de 24 a 48 horas para que los exámenes de ADN determinen si se trata de los cadáveres de Erica Alvarado Rivera, de 26 años, y los hermanos Alex, de 22, y José Ángel, de 21, quienes fueron vistos por última vez en El Control, un poblado pequeño cerca de la frontera con Texas al oeste de Matamoros.

Ellos estaban visitando a su padre en México y desaparecieron junto con José Guadalupe Castañeda Benítez, de 32 años, novio de Erica Alvarado.

"Eran buenos chicos", dijo una tía, Nohemí González, mientras la familia aguardaba una confirmación oficial. "No sé por qué les hicieron eso".

Los tres hermanos Alvarado compartían con su madre una modesta casa de ladrillos en una calle tranquila de Progreso, ciudad ubicada a menos de cinco kilómetros (tres millas) de la frontera entre Texas y México. Erica, quien deja cuatro hijos de entre 3 y 9 años, iba a comenzar a estudiar el mes próximo para convertirse en auxiliar de enfermería.

Los hermanos José Ángel y Alex deberían estar ahora en Missouri. Hace más de una semana debieron haber comenzado su peregrinaje anual como trabajadores agrícolas migrantes, dijo González. Cuando no estaban trabajando, dividían su tiempo entre la casa de su madre en Texas y la de su padre en México. Ellos se quedaban con él dos o tres semanas en cada ocasión, ayudándolo en su taller mecánico.

José Ángel, el más joven, tenía tatuajes que reflejaban la división en la familia: el apellido familiar en su hombro, el nombre de su papá en la mano derecha y el de su mamá en la izquierda.

Ningún funcionario ha comentado sobre los acontecimientos que llevaron a sus desapariciones, pero investigaciones informales de familiares produjeron esta versión:

El domingo 12 de octubre, Erica cruzó la frontera en su camioneta Jeep Cherokee negra hacia El Control. Dejó el vehículo en la casa de su padre y fue a visitar a su novio.

Su madre, Raquel Alvarado, le había dicho que estuviera de regreso en Progreso el lunes temprano porque Raquel tenía que ir a trabajar y los hijos de Erica debían ir a la escuela.

Raquel envió a dormir a los niños la noche del domingo, despertó a las 4 a.m. y vio que Erica no estaba en casa. Llamó al teléfono celular de su hija, pero no obtuvo respuesta. Al parecer en ese momento Erica estaba bien.

Siguió llamándola durante toda la mañana del 13 de octubre. Aproximadamente a la 1 p.m., Raquel pudo hablar con su ex esposo. Él le dijo que Erica había llamado a sus hermanos y solicitado que llevaran su camioneta a un restaurante ubicado al lado del camino bajo un puente cerca de El Control, donde ella estaba comiendo con su novio. Un hermano condujo el Jeep y el otro manejó una camioneta Chevrolet Tahoe porque todos planeaban regresar a Progreso desde ahí.

Según Raquel Alvarado, testigos dijeron a familiares de las víctimas que los hermanos llegaron alrededor de las 12:30 p.m. y vieron a varios policías de la unidad Hércules empujando a su hermana y a Castañeda y golpeando a Erica. Cuando los hermanos intervinieron, los policías se llevaron a los cuatro, junto con sus vehículos.

Los testigos señalaron que los hombres armados se identificaron como miembros de la unidad Hércules y les advirtieron que no intervinieran.